
Ciencia política, carrera tentadora
Son 22 licenciaturas; desde 1996, la cantidad de inscriptos en la UBA aumentó casi un 175%
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Mientras el descrédito de la política desciende a niveles de abismo y se generaliza el reclamo por "que se vayan todos", hay en el país quienes creen que la salida de la crisis pasa por tener los conocimientos y una formación sólida para administrar el Estado y entender el poder.
Con mirada crítica, pero no desesperanzada, los estudiantes de las carreras de Ciencia política -de ellos se trata- separan a los dirigentes de la política como tal, y descreen de la participación partidaria, pero se suman al trabajo en ONG.
Realistas en sus análisis, conservan, al menos, un rasgo de idealismo: la mayoría es bien consciente, cuando empieza primer año, de las dificultades para la inserción laboral que los esperan cuando se gradúen, pero igual apuestan por el conocimiento.
"Estudio esta carrera, porque tengo vocación de servicio y porque creo que los jóvenes tenemos que usar las herramientas que da el conocimiento para crear soluciones", resumió a LA NACION, Rosario Martiarena, que está en tercer año en la UBA. "No participo en ningún partido político", agregó.
Con ella coincidió su compañera Blanca Fernández, también de 21 años: "Esta carrera te da una formación amplia y herramientas para entender la realidad. Además, incentiva el pensamiento crítico", dijo.
Según las últimas cifras oficiales, en 2000 había en el país 8573 estudiantes de Ciencia política y Relaciones internacionales, una cifra que aumenta; diez años atrás eran 2610. Ese año se anotaron 3055 interesados en comenzar la carrera, y se graduaron 149.
Inquietud por saber
Según la experiencia de los docentes y directivos consultados por LA NACION, en los estudiantes se combinan la inquietud por el conocimiento, las ganas de participar y el atractivo de una carrera que brinda una amplia formación general.
"La mayoría de los estudiantes tiene inquietudes por entender la realidad política, por aplicar la investigación social para tratar de comprender lo público -dijo a LA NACION, María Laura Arrascada, docente de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA-. La carrera tiene un muy bajo nivel de deserción, porque es muy atractiva. Ofrece una formación cultural, política, económica y filosófica muy amplia".
Así piensa Sebastián Nicolino, de 23 años, presidente del centro de estudiantes de la carrera de Ciencia política, de la Universidad Católica Argentina (UCA): "Elegí esta carrera porque es abarcativa en sus contenidos, te abre un espectro para obrar en varios campos y mejorar la sociedad", dijo.
En los primeros años, las relaciones internacionales y el área de opinión pública encabezan los intereses de los estudiantes. Ultimamente, sin embargo, con el avance en la carrera aumenta el interés por la administración pública y la investigación.
Diego Rossello es docente en la UBA, en materias del CBC. "En los primeros años veo a los alumnos con ganas de aprender, de adquirir herramientas para pensar. Tienen interiorizado que vienen a estudiar lo que les gusta, no lo que les va a dar trabajo fácilmente, y quieren hacer algo para cambiar las cosas", describió.
Conservan, además, una visión positiva de la política. "Comparten el escepticismo generalizado, pero separan los políticos de la política, entendida como actividad relacionada con el bien común", dijo Rossello.
Quizá por eso la participación partidaria sea baja entre los estudiantes. "Sólo un 25% de los que se inscriben son militantes. La mayoría busca herramientas para entender qué sucede, ser protagonistas y no meros consumidores", opinó Emilio Saguir, director de la carrera en la Universidad del Salvador.
Además de la participación en agrupaciones estudiantiles, que crece con el paso de los años de carrera, los docentes notan otro fenómeno, particularmente en las universidades públicas. "Ultimamente veo chicos que vienen de la izquierda, más comprometidos políticamente y con el estudio. Tienen una visión académica crítica y, al mismo tiempo, trabajan en barrios carecientes, en contacto con la gente", dijo Arrascada.
Campo profesional
Mientras se discute la "formación excesivamente teórica" de algunas carreras, en otras enfatizan la aparición de nuevos campos profesionales.
"La sociedad empezó a abrir lugares para los politólogos. Hoy hay nuevos espacios de trabajo, como en el diseño de políticas públicas", dijo Oscar Fulía, director de la carrera en la Universidad de Morón.
El marketing político, las asesorías de campaña, el trabajo en municipios y gobiernos provinciales y las consultoras de opinión son otros campos de acción profesional.
"Veo el descrédito en la política como un desafío. Esta es una etapa en la que, los de entre 20 y 30 años, debemos prepararnos para revertir la situación, aprender lo que no hay que hacer, formarnos académica, profesional y éticamente", concluyó Nicolino.
Casi el 175%
- En la Universidad de Buenos Aires, donde estudian Ciencia Política 2712 alumnos, se registró un incremento de la matrícula de casi el 175% desde 1996 y se mantiene en ascenso permanente, con más de 300 ingresantes cada año. Hoy, en el país, la oferta incluye 22 licenciaturas en esta disciplina, que ofrecen una amplia variedad de orientaciones. Algunas de ellas son administración pública, relaciones internacionales y análisis político, con materias como Teoría política, Filosofía, Historia contemporánea, Gobierno municipal, Problemas políticos nacionales y Sistemas políticos comparados.




