
Ciudadanos del cosmos
1 minuto de lectura'
Cosmopolitismo
Por Kwame Anthony Appiah
Katz
$41
Son escasas las veces en que la historia personal, la mirada, el nombre o el acento de un filósofo logran encarnar el contenido de sus tesis y aún ciertos giros de sus argumentos. Kwame Anthony Appiah -hijo de una escritora inglesa blanca y de un abogado ghanés con fuerte compromiso político con su país- nació accidentalmente en el Reino Unido, se crió en Ghana, estudió en la Universidad de Cambridge, y actualmente trabaja en la Universidad de Princeton. Sería difícil, entonces, que en su reflexión filosófica no surja la cuestión del cosmopolitismo, uno de los problemas centrales de la filosofía política actual donde se intenta articular las diferencias con ciertos principios universales de convivencia.
En Cosmopolitismo , Appiah realiza una de las presentaciones más claras -y a la vez más polémicas- sobre el tema. De hecho, el autor de La ética de la identidad transforma los diálogos con su padre, las estrategias para compatibilizar normas de salud pública con la tradición africana, la disputa por los frisos de la Acrópolis o su experiencia con la sociedad ashanti -que es también la suya- en parte central de su argumentación. No falta por cierto el razonamiento filosófico en el sentido más tradicional, siempre lúcido.
Como el mismo Appiah reconoce, la cuestión del cosmopolitismo dista de ser una novedad. De hecho el precepto cínico -más tarde desarrollado por los estoicos-, que en el siglo IV a.C. reclamaba ser "ciudadano del cosmos", implica admitir que tenemos obligaciones que se extienden más allá de aquellos con quienes nos vinculamos por el parentesco o lazos de ciudadanía compartida: el sufrimiento de otra persona no es más relevante por tratarse de un vecino. Claro que, advierte Appiah, hay un momento en que los dos ideales -el interés por lo universal y el respeto por las legítimas diferencias- entran en conflicto. Es allí donde centra sus respuestas.
Cosmopolitismo intenta evitar describir la complejidad del mundo actual en términos de globalización o multiculturalismo. En el primer caso, parece primar el fatalismo de la homogeneidad; en el otro, la distorsión llega de la mano del destino manifiesto de la diversidad radical y la incomunicación entre culturas. Según los argumentos de Appiah es un error resistirse al discurso de los valores objetivos: hay algunos valores que son -y deben ser- universales, otros que son -y deben ser- locales. Si no compartimos un mundo, ¿qué tenemos para debatir? No se trata, sin embargo, de llegar a un consenso. En muchos casos es posible acordar qué hacer sin haber acordado por qué es lo correcto: compartir características es, en definitiva, menos sustancial de lo que tendemos a creer. Uno de los compromisos más fuertes del cosmopolitismo es, entonces, con el pluralismo: hay muchos valores que vale la pena reivindicar en la vida y no es posible reivindicar todos.
El entusiasmo de Appiah por la hibridación lo lleva a atacar cualquier consecuencia que implique pensar en la "autenticidad de las culturas". Aún cuando sea razonable encarar, por ejemplo, ciertas políticas preservacionistas, tenemos la obligación de elogiar la contaminación.
Contrariamente a otros cosmopolitas que reclaman algún tipo de gobernabilidad a nivel mundial -David Held o Jürgen Habermas-, Appiah insiste en recuperar la idea de Estado nación como eje único para la reafirmación del cosmopolitismo. Claro que deja así abiertas algunas cuestiones clave: sin ese marco internacional, ¿cómo introducir algún tipo de deber para el respeto del pluralismo o para la transformación del cosmopolitismo en un deber de justicia distributiva a nivel global? Tal vez en esta pregunta reste la observación inevitable sobre este ensayo: la de una brillante descripción que evade sutilmente su constitución en política.
Cecilia Macón
1- 2
“Vende humo”: Marcelo Birmajer critica a Yuval Noah Harari y a otros intelectuales israelíes por el “silencio” ante la guerra
3Del libro a la pantalla: las adaptaciones que marcarán el cine y el streaming en 2026
- 4
Marta Minujín en Lollapalooza: “Me conecto mejor con los músicos que con los artistas”


