
Cómo preparan el desfile los granaderos
Alistaban ayer más de 400 caballos
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¿De que color era el caballo blanco de San Martín? El capitán Roberto Dello Russo no pudo evitar sonreír mientras preparaba a Arin, un tordillo brioso igualito al que aparece en todos los textos escolares, para encabezar el desfile de hoy.
"Era bayo -un té con leche- en el Ejército del Norte y para cruzar los Andes usó una mula, pero nosotros estamos recreando la imagen popular que quedó de la época", explicó mientras recorría el Regimiento de Granaderos General Don José de San Martín en la víspera de su gran día.
"Aunque todos los demás detalles, como las borlas al costado o la montura bordada con hilos de oro están tal cual aparecen en distintas memorias de entonces", aclaró orgulloso entre el movimiento de la sede de Luis María Campos 554.
Porque espiar las bambalinas del gran desfile ayer era como entrar en un bullicioso hormiguero militar: había que bañar a los cerca de 400 caballos, trenzarlos, pasar grasa para ennegrecer los cascos. Cepillar los uniformes de gala, lustrar condecoraciones, coser los morriones (el sombrero alto que identifica a los granaderos). Practicar las marchas y el Himno Nacional, dejar los instrumentos relucientes. Y, sobre todo, dejar listo el famoso sable corvo del Libertador para su paso por las calles de la ciudad.
"El día antes siempre es una locura", confesó a La Nación la capitana odontóloga María Isidora González, que es la primera mujer oficial en la historia del Regimiento, y que se confiesa tan hábil en el manejo de las armas como del torno.
A pocos metros la fanfarria, compuesta por cerca de 60 músicos, ensayaba sus acordes. "Es el trabajo más difícil, porque tenemos que tocar los instrumentos mientras trotamos", explicó el cabo primero Alegre envuelto en un pesadísimo "flicornio contrabajo Si bemol". Y Dello Russo recordó que en su visita, el príncipe Carlos quedó muy impresionado porque en Inglaterra las bandas militares sólo tocan avanzando al paso.
Caídas y magullones
Claro que esto implica que las anécdotas abundan. Sobre todo, relacionadas con caídas y magullones mientras la banda seguía tocando. El sargento ayudante Abregu, a cargo de la reparación de los bronces, mostró con una sonrisa de oreja a oreja un par de timbales gigantescos profundamente abollados que hoy lucirán resplandecientes.
"El que lo toca tiene que llevar las riendas atadas a los pies, para tener las manos libres. Y si un caballo se asusta..., son 400 kilos arriba del instrumento", comenzó.
Otros lo interrumpieron con la excusa de que peor es el xilofón, porque quien lo toca va ciego, totalmente tapado por el bronce. "Pero los caballos ya están acostumbrados; incluso comienzan a trotar solos cuando escuchan la música", aclararon.
Porque, indudablemente, en el Regimiento de Granaderos las vedettes ayer eran los animales.
"En los demás regimientos se prenden los vehículos, unos minutos para que calienten y listo. Nosotros, a las cuatro de la mañana tenemos que empezar para llegar a tiempo. ¡Además, somos el regimiento del Libertador!", era el comentario más generalizado.
Pero el orgullo también era compartido por el ganado. "En la gala no habrá caballos gordos y cansados. ¡Solitos se ponen erguidos para marchar!", prometieron sus jinetes.




