"Con la pintura busco reconstruir mi infancia"
Antonio Seguí inaugura dos muestras de su obra plástica
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Tres o cuatro veces al año, Antonio Seguí se olvida de París y regresa a su tierra. Pasa invariablemente por Buenos Aires y ve a sus amigos, pero se reserva la estada más larga para instalarse en sus dos hectáreas de verde en Villa Allende, su refugio cordobés, donde visita a la familia y a dos de sus seis hijos.
Pero esta vez Buenos Aires es la razón de su viaje: anoche, en multitudinario estreno, el Centro Cultural Recoleta inauguró la primera de dos muestras simultáneas, que enlazan los últimos quince años de su camaleónica trayectoria artística (desde 1992 hasta el presente), con los orígenes de su producción (de 1952 a 1970), abordados en la exhibición que abrirá mañana en el Centro Cultural Borges.
Ambas muestras son de esos lujos con los que a veces sorprende la cartelera local: reúnen cerca de 250 obras, muchas de ellas inéditas, llegadas desde Francia; museos y colecciones privadas, en casi todos los soportes, incluida su prolífica obra gráfica; libros ilustrados; pasteles; acuarelas; sus lienzos siderales, y sus creaciones "secretas" de los 60.
Asomarse a ese mundo de heterogeneidades de Seguí, de 73 años, es asistir a la epopeya de un pincel infatigable e incisivo que hace casi 60 años eligió hincarse en el desconcierto y el absurdo de la vida cotidiana. Ambas muestras estarán abiertas hasta mediados de junio.
- Si mira su producción como un camino, ¿cómo lo juzga?
-La veo como una pasión que descubrí desde muy chico, ejercida respetando dos cosas: la libertad y la ética de mi trabajo. Y tengo claro que en la pintura se halla la mayor intensidad que experimento en la vida. Es uno de los inconvenientes para los que han convivido conmigo. Por otro lado, ver hoy cuadros aquí me reconforta; no quiero que todo lo bueno quede en Europa.
-¿Cómo explica el sabor a infancia que desprende su obra?
-Quizá porque tengo miedo de ser adulto; prefiero quedarme en lo que soy. Creo que una gran parte de mi pintura busca la reconstrucción histórica de mi infancia. No recuerdo haber visto ni a mi padre ni a mi abuelo sin sombrero. La mujer aparece poco, porque en mi juventud se quedaba en su casa, m hijita. Salían sólo de compras y con chaperón.
-Hay gozo en esa infancia ¿continúa en el presente?
-Seguro. Esa felicidad es parte de mi historia, desde que iba a los campos de mi padre de chico, hasta hoy, cuando me levanto, leo tres diarios argentinos, me tomo un mate, me fumo un joint y me pongo a trabajar por series que culmino cuando siento que llegué al máximo de esa expresión. Ahí empiezo con otra cosa; lo mejor está hacia delante. Pero hoy me apura la idea de final.
-¿Por lo que no ha hecho?
-Claro. Hace 20 días me sacaron un melanoma de piel detrás de la rodilla. Con todo lo que tomé y fumé, tengo las coronarias regias, pero me salió ese lunar cancerígeno Pero tengo la tranquilidad de haber hecho siempre lo que he sentido y lo que se me ha pasado por la cabeza. Ahora estoy haciendo proyectos para tres grandes esculturas en acero policromado. Acabo de dar la maqueta para una frente al Sena, un híbrido mujer-hombre.
-¿Le molesta que la gente identifique su pintura con "los hombrecitos" y la selva urbana?
-Eso es sólo una parte de mi trabajo. Y no es la gente; son los chicos. Es rarísimo y me pasa en todos lados. Lo que odio en verdad es hablar de lo que yo hago. Pienso que es tan fácil de leer que no necesita explicación. Que cada uno se construya una historia frente a mis cuadros; yo sólo pongo elementos plásticos. Porque frente al cuadro uno debe inventar, no contar lo que le pasó.
- ¿Cuáles son las obras con las que se siente más conectado?
-Siempre son las últimas cosas. Claro que uno guarda mayor o menor simpatía por algunos que hizo en momentos difíciles ¿no? Mi tercera mujer, madre de cuatro de mis hijos, estaba bastante enferma y en los 90 se tiró delante de un tren. Me pasé meses sin hacer nada y después hice aquel cuadro [señala uno grande, Previendo el desastre ; se ven aviones estrellándose en edificios, calaveras y gente desorbitada]. Esa imagen se usó como invitación para una gran muestra en París en 2001. Como hay señales inequívocas de muerte, mucha gente lo leyó como una certera premonición del 11 de Septiembre. Yo lo veo sólo como un cuadro.
-¿Hay alguna razón para la escritura en algunos lienzos?
-El cuadro los pide. A veces también uno se acuerda de gente que no quiere y le pasa mensajes. Sabés que no los van a leer, pero al menos te los sacás de adentro. Aunque no todos son sentimientos negativos. En mi obra gráfica, un soporte menospreciado pero que cultivo y defiendo, hay más síntesis; el dibujo es como cualquier palabra o pensamiento. Por lo general es obra que hago y guardo para mí. No me gusta regalar; es yeta. Quizá sea mi excusa para no dar.


