Con una estatua, Praga se reconcilia con Kafka
Es el primer tributo que hace al escritor su ciudad natal
1 minuto de lectura'
La reivindicación del escritor Franz Kafka por parte de la República Checa empezó a tomar forma ayer, con la inauguración de una estatua del célebre escritor en una plazoleta de cinco esquinas, en una de las cuales se encuentra la Sinagoga Española, el mayor templo judío de Praga.
El propósito de rendir homenaje a Kafka -el primer reconocimiento importante hecho en su ciudad natal- para dignificar su memoria, tras haber sido relegado y denostado por la cultura checa, surgió en 1990, al crearse la Sociedad Franz Kafka.
Una vez lograda la aprobación de la iniciativa, se consideró que este año era el más apropiado para concretarla, por haberse cumplido, el 3 de julio último, el 120° aniversario del nacimiento del autor de "La metamorfosis" y "El proceso", muerto en Austria en 1924.
Orden de minimizarlo
Kafka fue reducido a una mínima consideración durante mucho tiempo en la República Checa, lo que se tradujo en la ausencia de editores interesados en publicar sus obras, pese a la creciente difusión en otros países, gracias a que su amigo Max Brod se negó a incinerarlas, como el escritor le había pedido antes de morir.
La actitud de minimizarlo se debió a la preferencia de Kafka por el idioma alemán, en lugar de usar su propia lengua.
La infancia y la adolescencia de Kafka -nacido en el seno de una modesta familia judía- transcurrieron en una época en que la cultura germana tenía una extendida presencia en su país, a tal punto que se consideraba el uso del idioma checo como algo propio de las clases más bajas.
Esa actitud, que le depararía una posición cada vez más nacionalista contra él y que se trasladó de algunos grupos intelectuales al resto de la población, fue infundida en la familia por un padre dominante, cuya fuerte influencia volcó en un libro entre confesional y catártico, "Carta al padre", de 1918.
El monumento en bronce mide 3,75 metros y pesa 700 kilos; es obra del afamado escultor Jaroslav Róna, seleccionado por concurso entre siete artistas plásticos. La estatua luce desde la tarde de ayer an la esquina de las calles Dusni y Vezenska, en Praga 1.
Al acontecimiento concurrieron políticos y representantes del quehacer cultural checo.
Junto con un recital de música, como nota curiosa algunos asistentes hicieron de doble del escritor, asumiendo algunos aspectos que le eran característicos, como su extrema delgadez y su costumbre de vestir ropas oscuras.
Kafka y Borges
También estuvo presente el embajador argentino en Praga, Juan Eduardo Fleming, ya que nuestra representación diplomática tiene protagonismo en el resto de los actos que se tributarán a Kafka, en junio de 2004, con un gran festival denominado Kafka-Borges/Buenos Aires-Praga, que preparan, además, la Sociedad y Centro Kafka, el Museo Judío de Praga y la Facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Carolina.
En una comunicación telefónica con LA NACION, Fleming señaló que para ese emprendimiento la embajada "trabaja codo a codo con la Secretaría de Cultura de la Nación, la Cancillería y la señora María Kodama, quien trató personalmente el tema con el ministro de Cultura checo, Pavel Dostal, cuando estuvo en Buenos Aires, invitado por su par Torcuato Di Tella, a participar del Proyecto Golem. En esa oportunidad -agregó Fleming- ya habíamos hecho las gestiones para que se sumaran a la organización del festival".
La Argentina, después de Francia, ha sido el país en el que más se ha leído y estudiado a Kafka. Una de las únicas dos películas referidas a su vida fue dirigida por el español Beda Docampo Feijoo, con guión y elenco argentinos.
Además de "La metamorfosis" -cuyo personaje, Gregorio Samsa, representa la angustiante situación del hombre contemporáneo-, otros títulos sobresalientes de la literatura kafkiana son "El proceso", "El castillo" y "La construcción de la Muralla China".



