
Crear o morir, ésa es la cuestión
El último libro de Andrés Oppenheimer, que acaba de salir, lleva por título ¡Crear o morir! Así, con signos de admiración. Es como un grito. En la contratapa agrega que innovación y creatividad serán "las claves del éxito en el siglo XXI".
No puedo estar más de acuerdo. El mundo se reinventa a cada instante, y aquella máxima de que no hay nada más viejo que el diario de ayer se ha puesto… vieja. El diario del día envejece antes de salir si no fue hecho bajo la impronta de la sorpresa, de la novedad. Novedad que no está dada por las noticias frescas (si es que se puede hablar de noticias frescas en la era del flujo informativo en tiempo real), sino por la ingeniería de producción creativa con la que fue hecho.
Editar un diario pudo ser –lo fue– un oficio noble y esforzado. Hoy, los diarios que quieren sobrevivir se han convertido en maquinarias infernales de innovación, donde las destrezas de saber contar, reflexionar, entretener, saben a poco. Contamos con ellas, pero para construir a partir de ellas. Al diablo con mucho de lo que sabíamos y de lo que hacíamos. Las Redacciones de estos tiempos –y lo digo pidiendo perdón a la Biblia de los periodistas– casi deben mirar más lo que viene que lo que pasó. Donde había rutina hay que meter ideas nuevas. Donde había conformismo hay que meter desafíos. Donde había oficio hay que meter inteligencia.
Los cambios que hoy presentamos son hijos de esa vocación. Nuestro diario tiene, desde hace años, una Dirección de Innovación, pero ella misma puede ya no ser necesaria porque no se trata de que un equipo se encierre para crear. Tenemos que crear todos, del primero al último. Próximamente aparecerán nuevos cambios, en un movimiento que no se detendrá. Crear o morir. En LA NACION ya elegimos.
1- 2
“Emilie debe venir”: la amante elegida para las horas finales de Gustav Klimt, el pintor de “El beso”
- 3
Tras una década de silencio, una maratón global y otros eventos celebran a Umberto Eco, “un intelectual que hacía opinión”
4Teorías conspirativas y datos falsos: la odisea de encontrar una “verdad oculta” en La Boca



