Cruzar el umbral

Marcelo E. Pacheco
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1 de octubre de 2010  

Desde principios de los años 80, Marta Minujín se convirtió en tema de la vida diaria de mucha gente. Sus obras de participación, realizadas en cualquier punto de la ciudad, resultaron casos sorprendentes de convocatoria masiva y repercusión en los medios de comunicación. Sus presentaciones internacionales, de Nueva York a Dublín, San Pablo y México, fueron la afirmación de alguien que, desde los años 60, se movía en el circuito de galerías, instituciones y grupos culturales de debate europeos y americanos. Los gestos más radicales del arte contemporáneo son ajenos, e incluso molestos, para el público no acostumbrado al contacto con las vanguardias del siglo XX. Hay un umbral difícil de cruzar entre la idea del cuadro pintado y los lenguajes artísticos actuales. Minujín, comprometida con la renovación, hizo informalismo, objetos, arte destructivo, pop, arte de los medios, happenings y muchos etcéteras, que la ubicaron entre los protagonistas del tránsito de la modernidad al arte contemporáneo. Pero sus rupturas buscaron la complicidad de los espectadores. Minujín pudo actuar en el centro de los movimientos del "fin del arte" y reconvertirse en una figura reconocible y esperada por el público. El desafío de Victoria Noorthoorn, curadora de la exposición, ha sido pensar e imaginar la manera de mostrar, a especialistas y público general, las transformaciones constantes de Marta Minujín, decidida a hacer del arte una experiencia vital para todos.

Curador en jefe del Malba

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