
Cuadros de colección
Saráchaga rematará a partir del martes un conjunto excepcional de pinturas, incluida una escena de playa del valenciano Sorolla
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A comienzos del siglo XX, en la cumbre de su fama y prestigio internacional, Joaquín de Sorolla y Bastida llegó a Estados Unidos para consagrarse en la Hispanic Society invitado por su amigo y mecenas Andrew Huntington. En menos de dos días, el valenciano vendió más de 190 pinturas, muchas de ellas inspiradas en escenas de playa, luminosas e inocentes, en las que el placer y la joie de vivre han reemplazado sus viejos temas ligados al trabajo, con bueyes y barcas en primer plano.
De esa época, 1910, data la pintura que desde anoche exhibe la casa Saráchaga en el hotel de ventas de Juncal al 1200. Una ocasión única para medir la temperatura del mercado local en días de cepo cambiario e incertidumbre.
Juan Antonio Saráchaga, segunda generación de rematadores, un apasionado de su trabajo, sabe que las circunstancias no son las mejores, ni en Buenos Aires ni en España donde Sorolla tiene su mercado. "Si no fuera así no tendríamos el lujo de tener estos cuadros colgados en nuestra casa", dice con las más absoluta sinceridad.

En esas mismas paredes se exhibió años atrás Canción de pueblo ,un Pettoruti que integra hoy la colección de Malba, y varios de los más lindos paisajes de Fader subastados en el circuito porteño. Esta vez hay un triplete de grandes cuadros con un chorus line también memorable. Para comenzar Niños jugando en la playa, Valencia , una pintura que por tema, época y paleta está entre las más cotizadas del artista valenciano. El cuadro, cercano en su estilo abocetado a los rematados en Christie's Londres por más de un millón de dólares, fue autenticado por Blanca Pons Sorolla, autora del catálogo razonado, quien lo tuvo en sus manos y selló con un certificado de puño y letra la autenticidad de la pintura.
Sorolla fue para los argentinos de la Belle Époque un referente indiscutido. Un artista que seducía a los grandes coleccionistas, como los hermanos Piñero, que en su legado al Museo Nacional de Bellas Artes incluyeron un paisaje de Sorolla, seguramente pintado en la Malvarrosa, a minutos del centro de Valencia, donde se comen los mejores mariscos y el sol levantino tiene una iridiscencia nacarada.
La luz del Mediterráneo sedujo también a una pareja de coleccionistas exquisitos y exigentes: Marieta Ayerza y el " Petiso" González Garaño, cuyas pinturas de Rusiñol y Anglada Camarasa forman parte del patrimonio de nuestro museo mayor. El Sorolla de los Piñero fue la tapa del catálogo 120 años de pintura española , inolvidable muestra y brillante iniciativa de Chiquita Oliveira Cézar de García Arias, apoyada de manera incondicional por el Banco de Galicia.
Aquella muestra inspiró al experto curador español Juan Cruz Valdovinos la siguiente frase: "No tenemos en el Casón del Buen Retiro las pinturas de fines del siglo XIX y comienzos del XX que tenéis vosotros los argentinos". Lógica pura. Cuando España vivía los años de una guerra fratricida, la Argentina disfrutaba todavía el coletazo de su Belle Époque .

Para medir la estatura de Sorolla entre el público argentino -y vale tanto para comienzos del siglo XX como ahora-, basta recordar que cuando el Banco Nación encargó el retrato de su fundador, el presidente Carlos Pellegrini, consultó entre los expertos quién era el número uno en materia de retratos. La respuesta no se hizo esperar: Joaquín de Sorolla y Bastida, autor de los retratos de Josefina Alvear de Errázuriz y de su hijo Matías,"Mato",vestido de terciopelo verde como un niño elegante del siglo XVII.
Con Boldini, Sargent y el sueco Zörn, Joaquín Sorolla integró la crema de los retratistas de la época. Boldini pintó a la heredera de los Errázuriz con una gatita en los brazos, Zörn a los hijos de Subercaseaux, un diplomático chileno de alto vuelo y Sargent fue el preferido de los millonarios norteamericanos modelo Vanderbilt.
El último Sorolla ofrecido en pública subasta llegó a las tarimas de Posadas Remates procedente de la colección Navarro Viola. Eran dos "Manolas" sonrientes y morenas que cambiaron de manos por 154.000 dólares. Comprado por un marchand que había recalado en Buenos Aires, el cuadro siguió viaje a Nueva York en busca de nueva cotización.

Juan Antonio Saráchaga se reservó el estimado de los cuadros. Es un momento delicado. Rematará en pesos argentinos y al mejor postor, aunque los compradores pueden llegar de cualquier parte del planeta. La escolta de los niños playeros es calidad museo: un paisaje de Fader de la mejor época; un patio romántico pintado con sordina por Le Sidaner y un retrato de Zandomeneghi en el registro intimista de Degas. Last but not least , en la calle Juncal será ofrecido un Valentín Thibon de Libian inspirado en el movimiento portuario con clima de inmigrantes. Distante de su temática usual, el Thibon puede ser una de las sorpresas que nos deparan los días de remate.
Solidaridad sin límite

Eduardo Stupía, Eduardo Hoffmann, Remo Bianchedi, Richard Sturgeon (foto), Miguel Ocampo y Carolina Antoniadis se cuentan entre los artistas cuyas obras se rematarán el martes próximo a las 19 en Malba (Avenida Figueroa Alcorta 3415), a beneficio de la Fundación El Arca.
Una oportunidad única, ya que saldrán a la venta sin base y al mejor postor más de cuarenta pinturas, esculturas y fotografías exhibidas hasta ayer en la galería de Javier Baliña. El galerista destacó que la incertidumbre actual de los mercados es un factor decisivo a la hora de invertir en arte, considerado un "valor refugio". El catálogo puede descargarse en www.elarcaargentina.org . También se pueden hacer consultas al teléfono 4326-6005 o por correo electrónico a arcaargentina@expoam.com.
La Fundación El Arca acoge de por vida a personas con discapacidad intelectual en situación de abandono, y los recibe en pequeños hogares que funcionan como familias.




