Cuando el misterio queda intacto
Aunque incluye gran cantidad de material novedoso, este retrato de una de las narradoras más originales del siglo XX se ve en gran medida resentido por su propia voracidad documental
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Clarice, una vida que se cuenta
Por Nádia Batella Gotlib
$77
"Con perdón de la palabra, soy un misterio para mí", escribía Clarice Lispector. Pero también escribía -y Nádia Battella Gotlib lo utiliza como epígrafe- que "elegir la propia máscara es el primer gesto voluntario humano". ¿Cómo descubrir el verdadero rostro debajo del disfraz que ella parecía estar siempre procurando, si la máscara no es una sino muchas, si hay varias Clarices que se superponen, se confunden, se reemplazan, se contradicen? ¿Cómo hallar indicios para descifrar ese misterio si ella misma se desgarraba en ese empecinado rastreo interior? Sin duda, el camino no era el de la biografía convencional. Battella Gotlib debió ensayar otro procedimiento. Ya que uno de los rasgos más interesantes de la gran escritora brasileña residía en que ella era su propio personaje, hurgó en cada línea de sus obras, en cada crónica periodística, en cada reportaje concedido, en cada palabra pronunciada, en la correspondencia que mantuvo con parientes y amigos durante los largos años del exilio forzado por las obligaciones diplomáticas de su marido, tratando de hallar en lo que esos textos exponen, en lo que sugieren por vía metafórica y aun en lo que ocultan, todo lo que pudiera leerse como testimonio de la propia circunstancia personal. Las pistas, digamos en términos no casualmente policiales, que al entrelazarse con los datos objetivos y documentados conducirían a una suerte de autobiografía involuntaria de la escritora. La "vida que se cuenta" según quiere el título del volumen.
Por cierto, la biografía de la admirable creadora brasileña ofrecía poco de novelesco, más allá del hecho de haber nacido en un pequeño poblado (Tchechelnik) durante el largo viaje a América que sus padres emprendieron desde otra aldea de Ucrania. Llegada a Brasil cuando Clarice tenía poco más de un año, la familia se estableció en Maceió primero y después en Recife, donde la pequeña inmigrante judía empezó a escribir aquellos primeros cuentos que le eran invariablemente rechazados por la sección infantil del diario local porque no contaban hechos reales: "solamente contenían sensaciones y emociones vividas por personajes ficticios". Quizá por la misma razón, varias décadas después, darían por concluida su columna semanal en el Jornal do Brasil , un medio a través del cual su nombre, ya consagrado entre la elite intelectual desde la época en que publicó su primera novela, Cerca del corazón salvaje (1943), se había hecho popular. Entre un suceso y otro, desarrolló una obra que aborda, desde una visión personal casi existencialista y con un lirismo muchas veces perturbador, el dilema humano y trasciende la circunstancia geográfica y temporal, ya a través del cuento o de la novela ( La pasión según G. H. , La hora de la estrella ), ya en el ejercicio de la crónica. Los libros infantiles y las columnas "femeninas" que firmó con seudónimo también son objeto de la mirada vigilante de Battella Gotlib, en cuyo esforzado trabajo se advierte el apasionamiento por el tema y la agudeza de la observación, pero también un desmedido apego por el material acopiado y cierto desorden expositivo, cuando no ligereza en su procesamiento e interpretación.
De la voracidad documental de la autora y de su extremado empeño de no descartar ningún pormenor que tuviera con ver con la historia personal de Lispector, por insignificante que fuese, hay indicios tempranos. Consignará, por ejemplo, los nombres y los destinos de tíos y primos que también emigraron a Brasil y con la mayoría de los cuales Clarice no tuvo relación más allá de algún contacto esporádico durante la infancia; indagará en la página de Navegación del Diario de Pernambuco para poder inferir que la familia Lispector llegó el 24 de marzo de 1922 a Maceió, previa escala en Recife. Poco para saber algo más de la personalidad de la autora de La manzana en la oscuridad y mucho menos para desentrañar parte de ese misterio que Lispector misma -mujer bella, inteligente, ansiosa, sensible, angustiada por el hecho de no saber por qué vivía y capaz de construir una singular obra literaria con esa incertidumbre- contribuyó a erigir en torno de su figura.
Están fuera de dudas la laboriosidad y el detallismo con que Battella Gotlib reunió información y ese es mérito que debe reconocérsele porque hay bastante de novedoso en el material acopiado. Pero un criterio algo más riguroso habría beneficiado a un volumen cuyas 530 páginas, sin contar bibliografía y notas, pueden resultar abrumadoras. Al cabo de la lectura, queda el eco de la voz de Lispector cuando en una crónica de 1968 concluía su evocación del temprano descubrimiento de la unión amorosa confesando: "Lo más sorprendente es que, incluso después de saber todo, el misterio quedó intacto".




