Cuánto cuesta tener un stand en la Feria del libro
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Año a año, crece la oferta editorial en la Feria Internacional del Libro de Buenos Aires. Nuevas editoriales, agrupadas con otras o en soledad, se suman al catálogo vivo que se exhibe en La Rural durante tres semanas. La Fundación El Libro, que organiza la Feria desde hace 44 años, no suele dar números acerca del costo de los stands. "Hay muchas variables", advierten, lo cual es cierto. El costo de un stand depende de la ubicación en tal o cual pabellón del predio, de la "antigüedad" de las editoriales que participan en la Feria y, por supuesto, de la cantidad de metros cuadrados que el expositor reclama.
Salir hechos
Consultados por LA NACION, varios editores dieron cifras. Una editorial independiente, por ejemplo, este año debió pagar al menos entre 60 y 80 mil pesos por un espacio de 16 metros cuadrados mientras que el costo por el alquilar de las salas de La Rural para presentar una charla con un autor o el lanzamiento de un libro fue de entre 10 y 50 mil (según la capacidad de la sala, siendo la más grande la Jorge Luis Borges).
Todos coincidieron en que los costos directos de la Feria aumentaron un 25% respecto de 2017. Ese porcentaje equivale al de la inflación acumulada durante el año pasado. "Es un porcentaje importante del presupuesto de marketing y tratamos de salir hechos o que dé un saldo ligeramente positivo, aunque el rédito económico no es el objetivo primordial", dice Valeria Fernández Naya, gerente de marketing de Penguin Random House. Ese grupo editorial, junto con Planeta, tiene su sede en el Pabellón Verde, suerte de "Puerto Madero" de la Feria por el valor del metro cuadrado. Los stands de PRH y Planeta suman, dada la cantidad de sellos que cada grupo posee, más de trescientos metros cuadrados. La Feria ocupa una superficie aproximada de 45.000 metros cuadrados, aunque no todos están en alquiler. La Fundación El Libro cede espacio a los stands de Nuevo Barrio, que tienen la oportunidad de participar en la Feria por primera vez.
Sebastián Ansaldi, gerente de marketing de Planeta, confirma el porcentaje en el aumento de costos directos: "Se ubicó en un 25% interanual". Sin embargo, los costos indirectos, como el precio de los pasajes de avión de los autores extranjeros invitados, el costo de alquiler de las salas de La Rural y la publicidad, rozaron el 30%. "En la Feria se gastan varios millones de pesos del presupuesto de marketing para salir empatados; no es un negocio para la editorial en términos de ejemplares vendidos. Salimos hechos y ya", revela. En un mercado incierto y de caídas de ventas de libros desde 2015, Ansaldi sugiere que habría que considerar si tres semanas de Feria no es demasiado. "Convendría pensar si bajar unos días no la volvería más racional en el uso de los recursos", señala. La mayoría de las ferias internacionales duran, como mucho, dos semanas. Este año, la Feria Internacional del Libro de Guadalajara, que tendrá como país invitado de honor a Portugal, irá del 24 de noviembre al 2 de diciembre.

Una solución a la crisis
Una alternativa que se impuso desde 2013, con la creación del stand de Los Siete Logos, fue presentar stands colectivos. Actualmente, Los Siete Logos exhibe los ricos catálogos de Eterna Cadencia, Mardulce, Caja Negra, Beatriz Viterbo, Katz, Criatura y Adriana Hidalgo en una esquina del Pabellón Amarillo. "Nuestra experiencia en la Feria habitualmente es buena: recuperamos los costos y tenemos una pequeña ganancia -dice Leonora Djament, editora de Eterna Cadencia-. De todos modos, tenemos claro que los motivos por los que una editorial participa no son solamente económicos sino de diversa índole: acercarnos a los lectores, dar a conocer mejor nuestro catálogo, reunirnos con nuestros distribuidores en otros países, intercambiar experiencias con colegas". Djament fue elegida editora del año en 2015.
El editor Guido Indij, que participa de la Feria desde 1993, confiesa que "como método de subsistencia", siempre apeló a reunir sellos para una exhibición conjunta. Durante los últimos diez años, en un sector del Pabellón Azul, los catálogos de Asunto Impreso, La Marca, interZona, Marea y, más recientemente, Factotum se disponen en amable vecindad. "Tener una antigüedad significativa nos da la posibilidad de escoger un piso bien ubicado", cuenta Indij, que indica que en la Feria porteña "hay que estar sí o sí". ¿Por qué? "Es nuestra posibilidad de exhibir los catálogos de manera conjunta y dialogar de manera directa con muchos de nuestros lectores. Afortunadamente, no hubo ningún año en que hayamos salido perdedores".
Otra agrupación de editoriales jóvenes es La Coop, cooperativa de editoriales independientes con base en el Pabellón Azul. Allí se encuentran libros de Alto Pogo, Añosluz, Audisea, Azul, Conejos, China, Espacio Hudson, Mágicas Naranjas, Paisainta, Qué diría Víctor Hugo?, Santos Locos, Clubcinco, Evaristo Editorial y Clase Turista. Este año, además, cuentan con una editorial invitada, la pujante Nudista.
En el caso de La Coop y el Frente Editorial Latinoamericano, la alternativa para afrontar costos fue reunir varias editoriales en un mismo espacio. Así, el doble stand 625-627 del Pabellón Azul está conformado por nada menos que 39 sellos. "De otra forma sería imposible pensar en una inversión de esas características para editoriales independientes", dicen.

Esa modalidad se va estableciendo como una constante. Este año, La Bestia Equilátera comparte stand con El Hilo de Ariadna y Ampersand. En Todo Libro es Político, ubicado en el Pabellón Amarillo, once editoriales muestran sus libros de narrativa, filosofía, ensayo y poesía. Carbono reúne los catálogos de Entropía, Gourmet Musical, La Parte Maldita y Ediciones Godot. En Libro que te Quiero Libro, un stand con materiales de literatura infantil, los chicos encuentran títulos de Limonero, Kalandraka, Iamiqué, Pequeño Editor y Coco Books. Y en el stand 1508 del Pabellón Amarillo se reúnen catálogos de 46 editoriales universitarias argentinas, que merece conocerse.
Frente al aumento de los costos, en 2018 algunos editores consideraron la posibilidad de mudarse a un sector más económico de La Rural. Sin embargo, decidieron hacer el esfuerzo para mantener el mismo espacio del año anterior. La Sensación, que agrupa a Blatt & Ríos, Iván Rosado, Caballo Negro y Mansalva, ocupa el mismo stand que en 2017. "Usamos el stand del año pasado y gastamos 60.000 pesos", dice Damián Ríos, editor de Blatt & Ríos.
Un sello independiente que arriesgó en 2017 con un stand solista y exquisitamente diseñado fue Modesto Rimba. Este año, repitieron la hazaña en el Pabellón Azul. "Nuestro stand tiene 16 metros cuadrados. Nos costó, en total, 80.000 pesos. Cuando la afluencia de público es buena, vendemos bien, pero hay días de la semana en que poca gente visita la Feria", dice Flavia Pantanelli, coeditora de la editorial con autores como Saúl Sosnowski, Bea Lunazzi y Hugo Correa Luna.
Si bien todos los consultados admiten que la inversión se recupera, el margen de ganancia que aporta la Feria del Libro suele ser escaso. Cada nueva edición obliga a los editores a imaginar nuevas estrategias de difusión de los autores, de ventas y ampliación de la oferta de títulos. Al fin y al cabo, son ellos los que proveen los contenidos más interesantes del encuentro anual con libros que, este año, se extiende hasta el lunes próximo.






