¿Cuántos libros no hemos leído?
Por Umberto Eco Para La Nación - Roma, 1998
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CON motivo de la Exposición del Libro en Turín, se llevó a cabo una encuesta entre varios intelectuales para saber qué libros no habían leído nunca. Como era de prever, las respuestas fueron variadas, pero todos los interrogados parecen haber respondido sin falsa vergüenza. De ese modo, hemos descubierto que algunos no han leído a Proust, otros a Aristóteles, otros ni siquiera a Hugo, a Tolstoi o a Virginia Wolf. Inclusive un ilustre biblista confesó que nunca ha leído completamente, desde el principio hasta el fin, la Summa Teologica de Santo Tomás, lo cual es más que natural, porque obras de ese género las leerá puntillosamente, desde la primera a la última página, sólo el que hace la edición crítica.
Algunos no se lamentan de no haber leído a Joyce, otros se jactan de no haber leído jamás la Biblia, sin darse cuenta de que esa laguna no los distingue sino que los masifica. Giorgio Bocca aseveró haber abandonado, después de unas pocas páginas, tanto mi última novela como el Quijote , y reboso de agradecimiento por este inmerecido acompañamiento. Por otra parte, de leer demasiado, como Don Quijote, ya se sabe lo que pasa: se nubla el cerebro.
Esta encuesta ha sido, a mi juicio, de gran interés para los lectores comunes. Estos, en realidad (si son lectores y no analfabetos) viven siempre en la angustia de no haber leído algo que, según la voz popular, es esencial haber leído; y descubrir que tantos nombres ilustres confiesan carencias abismales no podía menos que confortarlos. Esa es por lo tanto la justificación moral de este juego, que contribuye a reducir injustificados complejos de inferioridad.
Temor y sospecha
Todavía me quedan una sospecha y un temor. Que los lectores comunes atribuyan estas declaraciones a esnobismo (pensando que, de hecho, los interrogados habían leído a escondidas lo que decían no haber leído). Si así fuera, los lectores comunes no sólo no superarían su propio complejo de inferioridad, sino que más bien lo acrecentarían, puesto que se encontrarían excluidos del número de los elegidos que pueden decir sin avergonzarse que no han leído en su vida a D´Annunzio, sin que por ello se los considere trogloditas.
Pues bien, quisiera consolar a los lectores comunes comprobando hasta qué punto es cierto que todos los entrevistados no han leído verdaderamente esos libros (y muchos otros más), y agregando que, si hubiese tenido que contestar por mi parte a esa pregunta, me habría asombrado a mí mismo con la enumeración de las obras inmortales con las cuales jamás he tenido comercio en el sentido amoroso.
Tomemos, por ejemplo, el más rico repertorio de obras literarias, el Dizionario Bompiani delle Opere , sin tener en cuenta los volúmenes dedicados a los autores y a los personajes. En la edición actualmente en venta, las Obras cuentan 5.450 páginas. Calculando grosso modo que haya tres obras por página, tendríamos 16.350 obras. ¿Representan todos los libros que se han escrito? De ninguna manera. Basta de hecho con hojear un catálogo de libros antiguos (o los ficheros de una gran biblioteca) para verse abrumado por títulos de toda clase y sobre los más diversos temas que el Dizionario Bompiani ni siquiera menciona (de lo contrario tendría que tener no cinco mil sino cincuenta mil páginas). Un repertorio de ese tipo registra las obras que constituyen el canon, las que la cultura recuerda y que considera fundamentales para el hombre de buena cultura. Las demás quedan (merecida o inmerecidamente) como coto de caza para estudiosos especializados, eruditos y bibliófilos.
Tiempo de lectura
¿Cuánto tiempo se requiere para leer un libro? Hablando siempre desde el punto de vista del lector común, que dedica a la lectura sólo algunas horas del día, aventuraría para una obra de mediano volumen por lo menos cuatro días. Es cierto que para leer a Proust o a Santo Tomás se necesitan meses, pero hay obras maestras que se leen en un día. Atengámonos entonces a un promedio de cuatro días. Ahora bien, cuatro días por cada obra registrada en el Dizionario Bompiani harían 65.400 días: divídase por 365 y tendremos casi 180 años. El razonamiento no tiene vuelta de hoja. Nadie pudo haber leído, nadie puede leer todas las obras que cuentan, de acuerdo con la opinión común.
Y es inútil decir que, si se debe elegir, al menos habría que leer Cervantes. Pero ¿por qué? ¿Y si para un lector fuera mucho más importante y urgente leer Las mil y una noches (todas) o el Kalevala ? Por otra parte, no se tiene en cuenta que, para lectores mejor dotados, cuando se tiene especial predilección por una obra se la lee más veces a lo largo del tiempo, y los que hayan leído Proust cuatro veces han sustraído infinidad de horas a la lectura de otros libros, acaso tan meritorios pero menos esenciales para ellos.
Tranquilícense, pues, los lectores. Se puede ser culto, ya sea habiendo leído diez libros o diez veces el mismo libro. Deberían preocuparse únicamente los que nunca leen libros. Aunque por esa misma razón, ellos son los únicos que jamás tendrán preocupaciones de este género.
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