
Cuatro décadas de conceptualismo
Desde Greco y Oiticica, América latina contribuyó con problemáticas propias a su desarrollo global
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En el Museo de Arte Moderno de Nueva York (MoMA), el 12 de julio de 1970 se inauguró la histórica exposición Information, curada por Kynaston McShine.
La muestra, dedicada a las diversas corrientes del arte de concepto, abrió sus puertas en medio de la desconfianza de algunos críticos y coleccionistas que no aceptaban esas obras carentes de todo atractivo visual. El nuevo arte había sido anunciado por Sol LeWitt en 1967, en el artículo Parágrafos sobre arte conceptual . Allí proclamó un principio fundamental: la supremacía de la idea sobre la materialización de la obra de arte.
La muestra, que exhibía trabajos de una gran cantidad de jóvenes creadores norteamericanos, europeos, y unos pocos sudamericanos, pretendía mostrar las principales corrientes de un arte "liberado de la forma física y de la materia". Como quería LeWitt, se trataba de propuestas dirigidas más a la mente del espectador que a su mirada. Los artistas invitados eran más de noventa; entre ellos figuraban dos argentinos (Marta Minujín y Alejandro Puente) y dos brasileños (Hélio Oiticica y Cildo Meireles). La exposición no reflejaba, de manera alguna, el importante aporte de Latinoamérica al conceptualismo global. Recién tres décadas más tarde se reconoció su temprano y original desarrollo en la muestra Global Conceptualismo: Point of Origin, 1950s-1980s, curada por Luis Camnitzer, Jane Farver y Rachel Weiss. Allí figuraban, con algunas ausencias notorias, los brasileños Lygia Clark (1920-1988), Hélio Oiticica (1937-1980), Antonio Dias (1944), Artur Barrio (1945), Waltércio Caldas (1946), Antonio Manuel (1947); los argentinos León Ferrari (1920), Alberto Greco (1931-1965), Víctor Grippo (1936), Eduardo Costa (1940), Oscar Bony (1941), Liliana Porter (1941), Ricardo Carreira (1942-1993), Roberto Jacoby (1944), y el colombiano Antonio Caro (1950).
Información
En junio de 1967, en la Dwan Gallery de Nueva York, se presentó una de las primeras exposiciones en las que el arte conceptual internacional adquirió cierta identidad, integrada con obras de Joseph Kosuth, Dan Graham, On Kawara.
Dos años después, fue el January Show, con trabajos de Barry, Huebler, Kosuth y Weiner, que proponía las llamadas "informaciones primarias", concretadas en unas treinta definiciones de "obra de arte". Joseph Kosuth mostró fotocopias de definiciones de palabras como "agua" o "aire" tomadas de un diccionario. Mientras tanto, Alberto Greco, en Buenos Aires, en 1961, había realizado las primeras obras fundadas en la "información", pero con un notorio énfasis irónico. Fueron dos "acciones urbanas", consistentes en fijar afiches en los muros del centro de la ciudad, con textos que informaban, irónicamente, sobre el propio pintor: "Greco: el pintor informalista más grande de América"; o "Greco ¡Qué grande sos!" Hacia la misma época, el platense Edgardo Antonio Vigo (1928- 1997) comenzó a realizar unas acciones que denominó "señalamientos" (otra forma de la "información"). Estos eventos, producidos en la vía pública, tendían a crear un desorden en el orden cotidiano, con el fin de "estetizarlo". Una de las acciones más recordadas de este artista, lamentablemente demasiado poco conocido, fue Manojo de semáforos (25 de octubre de 1968), que consistía en la modificación del funcionamiento de los semáforos reales de las calles 1 y 60 de La Plata, el cruce más complejo de la ciudad. La alteración semáforo, un objeto cotidiano y autoritario, pretendía convertir una "información" rutinaria en una propuesta estética plena de libertad anárquica (política).
Los ejemplos de la temprana participación de Latinoamérica en la configuración del conceptualismo global no dejan dudas de la especificidad de su aporte. Contemporáneos de Greco y Vigo, los brasileños Hélio Oiticica, Lygia Clark, Ana Maria Maiolino y Antonio Días, formularon el concepto de una vanguardia "anti-arte". Oiticica señalaba, entre otras cuestiones, el nuevo interés por la participación del espectador, "sea ésta corporal, táctil, visual o semántica".
Fuera del centro
El conceptualismo de América latina, se incorporó con pleno derecho al desarrollo global de la tendencia. Sin embargo, lejos de sumarse a la supuesta homogenización producida por la idea de Aldea Global, se mantuvo ligado, desde sus orígenes, a situaciones locales o regionales. El brasileño Cildo Meireles (1948), uno de los artistas más prestigiosos de su país, desde que participó en la histórica Information, produjo una obra enfáticamente política y crítica del estatuto de mercancía del arte. En 1969 expuso Arbol de dinero, una obra que consistía en un fajo de billetes de un cruzeiro sujetos con una banda elástica. Un pequeño letrero, a la manera de epígrafe, afirmaba: Título: 100 billetes de un cruzeiro. Precio: dos mil cruzeiros . En todas sus obras transforma objetos mundanos en poderosos comentarios sobre el arte y la vida.
En este sentido, no es diferente la obra de Víctor Grippo, argentino de prestigio internacional. Sus objetos e instalaciones están construidos con elementos sencillos que fueron utilizados por los hombres en las tareas más humildes y populares. En sus trabajos abundan, además de algunas referencias alquímicas, las papas (tubérculos de origen americano), las herramientas de trabajo, las viejas mesas manchadas.
Hacia 1969, Grippo comenzó a producir un ciclo de obras de crítica política y social, con fuertes acentos en lo regional. Analogía IV, pieza fundamental de ese grupo de trabajos, opone las falsas papas de acrílico a las papas naturales. En un sector de la mesa está lo "rico", lo tecnológico y moderno (acrílico), pero incomestible; en el otro están los humildes tubérculos que sirven como alimento.
Tres décadas después de la exposición curada por McShine, una "muestra" virtual, producida por diez críticos "en un libro" de gran volumen ( Fresh Cream, Londres, 2000), permite reconocer la situación del arte de América latina en el contexto internacional. Entre los 100 creadores jóvenes seleccionados de todo el mundo, 16 son latinoamericanos de la generación emergente. Casi todos, más allá de sus notorias diferencias, mantienen alguna deuda con diversas vertientes del conceptualismo desarrollado en América latina: la referencia a cuestiones concretas de la realidad social, política y cultural. Entre los elegidos figuran: Nicola Costantino, Sergio Vega, Dolores Zinny y Juan Maidagan (Argentina); Adriana Varejão y Laura Lima (Brasil); Doris Salcedo (Colombia); Priscilla Monge (Costa Rica); Tania Bruguera (Cuba); Carlos Amorales y Miguel Calderón (México); Arturo Herrera (Venezuela).





