Cuerpo Divino
POR THEODORO STURGEON Plaza & Janés-Trad.: Marcial Souto-192 páginas-($5,90)
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Ante este libro póstumo de Sturgeon, el lector desprevenido puede creer que está ante una novela de ciencia ficción. El autor es uno de los grandes del género y el traductor es Souto, que tanto ha hecho por difundirlo. Pero esas pistas son engañosas: el autor de clásicos como Los cristales soñadores y Más que humano , que ya había incursionado en la fantasía sobrenatural, ha tejido en este libro una fábula religiosa. Su historia gira nada menos que en torno a la figura de Cristo resucitado.
Theodore Sturgeon (1918-1985) alcanzó la fama junto a Ray Bradbury, Isaac Asimov y, entre otros, Philip K. Dick. Como muchos escritores norteamericanos, tuvo una formación azarosa, pero desde sus primeros cuentos se reveló como uno de los mejores narradores de su generación. Luego, desapareció de la escena durante varios años y seis peripecias matrimoniales. En 1970, volvió con un notable relato, Escultura lenta , que trazaba un sugestivo paralelo entre el amor y el cultivo de bonsai. Después, ya no volvió a saberse de él.
Cuerpodivino es la novela que no quiso publicar en vida, pero a la cual debió atribuir gran importancia porque pasó casi dos décadas retocándola. Su anécdota evoca fuertemente a Teorema , de Pasolini, y exuda una religiosidad hippie , obsesionada por la sensualidad al estilo sesentista pero no por eso menos sincera.
Cuerpodivino, el protagonista, es un hombre desnudo y taciturno que aparece en un pueblo rural sin nombre e interviene en la vida de algunos vecinos. Cada uno de ellos narra en primera persona su encuentro con él. Cuerpodivinose manifiesta a un pastor evangélico y a su mujer para enriquecer la vida amorosa de la pareja, le devuelve la dignidad a una mujer violada y redime al violador. Ilumina la vida de un policía corrupto, pero se gana el odio de una venenosa puritana. Enseña a amar de un modo nuevo y más profundo, recuperando la desnudez y la inocencia adánica. Y, por si quedaran dudas sobre su identidad, es asesinado un viernes y resucita el domingo.
El libro tiene más sexo que erotismo, pero difícilmente haya un texto más alejado de la obscenidad. Su gran tema es el amor, entendido más como agape y caritas que como eros , a pesar de la forma y el lenguaje elegidos.
No se trata de un descenso a los infiernos, como propone Manuel Vicent en el prólogo, sino de una incursión en las miserias humanas del mundo real. Y, sin duda, es la obra en la cual Sturgeon parece haber puesto sus creencias más íntimas. Por momentos, parece elevarse muy alto, aunque no logra sostenerse. El final, con un explícito sermón, frustra algunas de las expectativas que ha alentado.
A pesar de estos reparos, vale la pena leerlo: es el testamento espiritual de un autor entrañable.
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