
De esposa a personaje de Pirandello
La desdichada historia de Antonietta Portolano, casada con el dramaturgo de Seis personajes en busca de autor , ha sido rescatada por una obra de Marina Argenziano, que se representa en Roma. La mujer del escritor, loca de celos, permaneció cuarenta años internada en una clínica para enfermos mentales y su vida inspiró algunas de las piezas de su célebre esposo
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Es una historia de emociones fuertes y sentimientos implacables, que logra representar, tal vez mejor que un estudio o un ensayo, un tipo de tortuosa naturaleza siciliana. Es también un cuadro pintado con colores estridentes, que ilustra crudamente cómo surge, crece y prolifera la locura, muy a sus anchas en el fértil sustrato de la educación "tradicional" de esa región italiana. Y es, sobre todo, un drama nacido del desencuentro de sus protagonistas, desgarrados por la contradicción entre una vida pública signada por el éxito literario y social y una realidad doméstica donde impera esa amarga "sangre negra" siciliana, que parece destilarse de una mezcla arcaica de religión, represión, superstición, celos y machismo.
Estamos hablando de la vida de Antonietta Portolano, mujer de Luigi Pirandello, relatada por Marina Argenziano, ensayista italiana especializada en la obra del gran dramaturgo nacido en Sicilia. En su último libro, Antonietta Pirandello, nata Portolano. (Dialogo mancato con Luigi) , publicado recientemente por la editorial romana Irradiazioni, la autora adopta la fórmula de un diálogo imposible para describir, con gran eficacia, la demencia progresiva de la protagonista y la tierna consternación del marido que, comprendiendo la enfermedad de su esposa, intentó conciliar durante muchos años su vida romana y su vocación artística con la presencia cotidiana del demonio de la locura. El resultado es un relato que contiene todos los elementos clásicos de la obra pirandelliana: incomunicación, ficción y locura.
Antonietta Portolano había nacido en Girgenti (Sicilia), a fines del siglo pasado, en el seno de una familia relativamente adinerada. En su padre, un comerciante de azufre llamado Gennaro, los proverbiales celos de los sicilianos llegaban al extremo de obligar a su esposa a vivir reclusa en su casa, con las ventanas cerradas salvo por los breves lapsos en que una de ellas se entreabría para hacer entrar un poco de luz. Como la prohibición de establecer todo contacto con los demás incluía al médico de familia, que ni siquiera pudo visitarla cuando estaba embarazada, la mujer murió de parto. Antonietta, única mujer de la casa, se convirtió así en el único blanco de los celos de su padre y sus hermanos. Entre ellos y el colegio de monjas al que se la mandó a "estudiar", se las arreglaron para inculcarle algunos de los rasgos básicos de la educación de una mujer decente siciliana, como caminar mirando el suelo y no levantar nunca la mirada hacia nadie, para evitar posibles corrupciones. Sicilia es una tierra de emociones fáciles, lo hemos dicho; bien escondidas, pero no por esto menos ardientes.
El casamiento de Antonietta y Luigi no fue fruto de la casualidad; antes de un viaje, don Gennaro le entregó a su amigo, el padre de Pirandello, un sobre con setenta mil liras y tan sólo dos palabras de explicación: "dote Antonietta". El mensaje era claro. Ni corto ni perezoso, Pirandello padre transmitió la propuesta a su hijo, que por entonces vivía en Roma y acababa de interrumpir una relación con su prima, convencido de que "no debe, no quiere casarse". No obstante, Luigi no debía de estar tan seguro de esa decisión pues, al recibir la carta con la propuesta, viajó a Sicilia para conocer a su prometida, que le agradó, tanto en lo físico como en lo espiritual. Atraído por su timidez y su encierro, Luigi se prometía hacer de ella "una mujer de verdad".
Ciego de celos al comprender que con el casamiento su hija dejaría de pertenecerle, Gennaro intentó cancelar el proyecto matrimonial e incluso llegó a proponerle a su hija un nuevo candidato, pero ella, fiel a la palabra dada, se negó a romper el compromiso. Finalmente, los jóvenes se casaron y se fueron a vivir a Roma, donde Luigi empezó a brillar cada vez más en los salones literarios y a ser elogiado por la crítica teatral, mientras su mujer daba a luz hijo tras hijo, tres en cuatro años, para ser precisos. La maternidad no aplacó el intenso desequilibrio emocional de Antonietta, que pronto empezó a estar celosa tanto del éxito mundano de su marido como de sus alumnas. La situación se agravó a tal punto que Pirandello se vio obligado a escribir a la familia Portolano para explicarles que la alteración mental de su esposa volvía cada vez más difícil la convivencia.
A todo esto, una única certidumbre le quedaba a Antonietta, solamente una cosa lograba mantenerla en sus cabales: la renta mensual que devengaba una mina en la que se había invertido el dinero de su dote. La carta en que su familia le anunció que la mina se había hundido y que su inversión se había perdido para siempre fue la gota que hizo rebasar la copa. Antonietta sufrió una profunda y lacerante crisis, que desembocó en una parálisis que por seis meses le impidió caminar.
La recuperación física fue lenta, pero aún más lenta era la recuperación mental. Los celos abrasadores que la mujer había desarrollado para con su marido lentamente se fueron convirtiendo en odio y también empezaron a dirigirse hacia su propia hija. El regreso de Stefano, uno de sus hijos, prisionero por largos meses durante la Primera Guerra Mundial, era lo único que se esperaba para internarla. Vuelto Stefano, la familia logró convencerla de que tenía que internarse y hacerse curar. Así, en 1919, Antonietta entró voluntariamente en una clínica psiquiátrica; con la lúcida inteligencia de los locos, pensaba que lograría convencer a los médicos y a su familia de que estaba sana. No volvería a salir de la clínica hasta el día de su muerte, cuarenta años más tarde.
El Dialogo... está basado, entre otras fuentes, en cartas de Pirandello. Es conmovedor constatar con cuánto amor y ternura éste intentó hasta el final mantener alguna comunicación con su esposa. Tras leerlo, es difícil no poner en relación su vida personal con sus obras y con personajes como Enrique IV que, al recobrar la razón tras un período de locura, prefiere instaurar una ficción y condenarse concientemente a una locura aparente.
Puesto en escena en un teatro de Roma, el Dialogo... está en cartelera desde hace varias semanas y una segunda edición del libro ha sido encargada por el gobierno de la región de Sicilia.
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