De otro planeta
Hay quien dice que los gatos son de otro planeta, y cómo refutarlo. A ver quién evita el hechizo de su gracia, distancia, apego discreto, belleza. Hasta del más callejero o maltratado por la vida emerge ese aura. Tigres pequeños, salvajes solapados, portadores de la conciencia del felino: saberse regio y actuar en consecuencia. Por caso, ignorar un alambre de púas que a cualquier otro ser le hubiera impuesto reparos. El gato que aquí vemos avanza por entre el alambrado de la cárcel Colonia Sarita, en la ciudad de Callao, Perú, como si nada se interpusiera entre su cuerpo y el aire. Quizás no sean de otro planeta; tal vez –como señalan algunos de sus admiradores– su secreto es que poseen los atributos del agua. Cada tanto habría que imitarlos y afrontar el peso del mundo con atención y sin miedo. Ser felinos, ser agua: dúctiles, suaves, sagaces, certeros.
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