
Descubren un novelista frustrado tras la figura de Napoleón Bonaparte
El especialista británico Andy Martin trabajó inspirado en una idea de Jorge Luis Borges
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CAMBRIDGE, Gran Bretaña.- Napoleón, el anticristo, el que se coronó a sí mismo, el tirano que marchó a Egipto y que tiene el sitial de honor entre los genios militares en el Mausoleo de los Inválidos, fue, ante todo, un novelista frustrado. "Y todo el imperio no fue más que un sustituto para el best seller que nunca logró terminar."
Quien afirma esto es Andy Martin, enfant terrible del Departamento de Estudios Francófonos de la Universidad de Cambridge y autor del libro que está sacudiendo las aguas en el mundo académico y la opinión pública a ambos lados del Canal de la Mancha: "Napoleón el novelista".
Allí, Martin rescata la olvidada carrera literaria del hombre que cambió la historia de Europa. Aunque nadie hubiese dicho que la pluma tuvo tanto que ver: "De Víctor Hugo a Balzac, todos los personajes del siglo XIX en algún momento se sintieron Napoleón. Todos, salvo Napoleón. Napoleón se consideraba un exitosísimo escritor de ficción. Ni la Revolución Francesa, Austerlitz, Waterloo; nada se comparaba con cualquiera de los 50 tomos que escribió. Aunque generaciones de historiadores se hayan empeñado en ignorarlo", aseguró Martin, en diálogo con LA NACION.
Y explicó que la tesis original del libro -concebida después de una charla con Borges en Cambridge- se resume en que "la vida de Napoleón es una versión extendida de la Historia universal de la infamia ".
-¿Por qué considera a Napoleón un escritor frustrado?
-Porque es tan violentamente obvio... a no ser que uno elija ignorarlo, como la mayoría de los historiadores ha hecho. Hay más de 50 volúmenes escritos por él que lo prueban y que fueron virtualmente olvidados, porque los investigadores modernos rechazan de plano lo que una figura dice de sí misma y en cambio sólo se basan en sus conclusiones "científicas". Napoleón es el ejemplo perfecto de la manera en que los historiadores siguen dejando afuera las ideas, los pensamientos, la imaginación y los sueños -el discurso, en una palabra- y lo reemplazan por hechos y cantidad de muertos. Que es sólo una parte de la historia.
-¿Es la primera vez que se aborda a Napoleón como un novelista?
-Lo más irónico de la situación es que si uno mira lo que fue escrito sobre Napoleón en su tiempo, o inmediatamente después, por escritores como Chateaubriand y Stendhal, queda claro que lo consideraban uno de ellos. Que quizá tenía algo más (Stendhal, que sirvió en el ejército napoleónico, dijo que se lo encontró tres veces y sólo una juntó coraje para responderle), pero claramente originado en el mismo ambiente intelectual. Sin embargo, mientras ellos ven una juventud literaria y una muerte literaria en Santa Helena, se olvidan de que, aun en plena batalla, jamás dejó de escribir. Y que se puede ver todo su imperio bajo el espíritu de esa ambición literaria, como un sustituto del best seller que nunca escribió. El toque foucaultiano -o borgiano, como prefiero llamarlo- está en reconocer que todas las estructuras de poder son básicamente extensiones de la Biblioteca de Babel .
-¿Por ejemplo?
-El más claro es la expedición a Egipto, en la que arrastró consigo una biblioteca de mil volúmenes y se hizo acompañar por 167 científicos, más poetas, artistas y arquitectos. La visión cínica que heredamos del positivismo y del marxismo dice que eso sólo era un símbolo. La mía es una perspectiva más na•f, en la cual se toma en cuenta lo que los participantes decían de sí mismos. Y la gran ironía de la "misión civilizadora" francesa es que sus impulsores creían en ella. Por supuesto que estaba la dimensión del poder. Pero es un error sobreenfatizarla sobre un genuino -si bien ambiguo- imperativo intelectual y académico.
-¿Por qué es tan difícil imaginar a Napoleón escritor?
-Porque la historia de Napoleón fue reescrita precisamente en términos de un no-intelectual, una persona que se distingue en la historia francesa por ser un duro. Los franceses colaboraron con la confabulación británica de negarle a Napoleón sus credenciales literarias, convirtiéndolo en la única figura de características anglosajonas de la Francia del siglo XVIII, lejos del modelo del philosphe que les es propio.
-¿Pero cuánto escribió Napoleón?
-En 1860 Napoleón III compiló 32 volúmenes sólo de correspondencia oficial. Además, hay diálogos socráticos, ensayos rousseaunianos, cartas de amor apasionadas, poesía juvenil, proclamaciones de batalla, textos sobre la felicidad y el suicidio (que apoyaba hasta que empezó a quedarse sin tropas por la cantidad de soldados trágicamente enamorados a los que impulsó a quitarse la vida). Y, por supuesto, un proyecto de novela, que quiere retomar en Santa Helena y que nunca llega a completar. En total, cerca de 50 volúmenes, todos publicados en Francia y casi desconocidos.
-Salvo por Borges...
-Exactamente. Conocí a Borges cuando vino a Cambridge, y le pregunté por la extraña semejanza entre su cuento "El tintorero enmascarado Hakim de Merv" y "La máscara profeta", de Napoleón, que también trata sobre la rebelión fallida del profeta Hakim, y él me confirmó que era de los pocos que habían leído a Napoleón. Así que naturalmente comencé a preguntarme qué parecería Napoleón desde el punto de vista de un escritor. "Napoleón el novelista" es el resultado. Napoleón como otra manifestación del espíritu de la literatura.
"El suicidio", 1786
- "Siempre solo entre los hombres, me alejo para soñar conmigo mismo y liberarme en la privacidad de mi melancolía. ¿De qué costado girará ella hoy? Del costado de la muerte. En la aurora de mis días todavía puedo esperar vivir largos años. ¿Qué furia me lleva a desear mi propia destrucción? ¿Qué hacer en este mundo? Dado que debo morir, ¿por qué no matarme? (...) Nada es placentero para mí, ¿por qué soportar los días donde nada me sale bien? (...) ¡Los hombres se han alejado de la naturaleza! Son cobardes, viles, egoístas. ¡Mis compatriotas, cargados de cadenas, besan la mano que los oprime! (...) Cuando la patria no está mas, un buen patriota debe morir."


