Detectar, prevenir, erradicar

CORRUPCION JUDICIAL Por Emilio Cárdenas y Héctor Chayer-(La Ley y Fores)-164 páginas-($ 28)
Adrián Ventura
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4 de diciembre de 2005  

El Foro de Estudios para la Administración de Justicia (Fores), institución fundada en 1976, advirtió, cuando en 1989 hizo un recordado balance sobre la Justicia de los años ochenta, sobre la existencia de claras señales de corrupción. Entonces, pocos quisieron darse por enterados, quizá tan pocos como ahora.

La percepción muchas veces se corresponde con la realidad. Efectivamente, en la Justicia hay corrupción, un vicio de variados grados que va desde la negligente desatención a la función pública hasta las presiones y el nepotismo y alcanza, en ocasiones, extremos de deshonestidad, con hechos que ganan las primeras páginas de los diarios.

En el prólogo a Corrupción judicial. Mecanismos para prevenirla y erradicarla, Horacio M. Lynch, que fue titular de Fores y es uno de los hombres más experimentados en los temas judiciales, asegura que "la corrupción está enquistada en algunos sectores de la Justicia argentina", sectores que exceden en mucho a la justicia criminal y manchan a casi todos los fueros nacionales y provinciales. Sin embargo, señala, el tema nunca fue acabadamente estudiado.

Aunque Corrupción judicial es un libro breve, desborda de observaciones agudas y muy actuales, datos, informes, análisis y estadísticas que corroboran cada una de las afirmaciones de los autores, cuya trayectoria es garantía del interés que puede despertar el trabajo. Cárdenas desarrolló una descollante carrera como abogado, que coronó como presidente, durante el período 2003-2004, de la International Bar Association, la más prestigiosa organización mundial de la abogacía. También se destacó en los campos de la enseñanza universitaria y de la diplomacia (fue embajador de la Argentina ante Naciones Unidas). Chayer, por su parte, es un joven abogado que dirige Fores -entidad en la que había comenzado como colaborador- y que trabaja muy activamente en temas vinculados con la organización judicial.

Cárdenas concentra su atención en los avances que se lograron en la Justicia de los Estados Unidos, muchos de los cuales se consiguieron a pesar de la oposición de vastos sectores judiciales. Pero la decidida labor tanto de algunos tribunales -cuya jurisprudencia se analiza- como también del Congreso norteamericano supo poner las cosas en su lugar: los jueces deben aceptar que su trabajo tiene que ser transparente y que deben rendir cuenta de él, incluso publicando sus declaraciones juradas y aceptando que los riesgos que, para ellos, se desprenderían de esa transparencia son inherentes a la función que desempeñan.

Con acierto, el autor recuerda una frase acuñada por aquel destacado juez de la Corte Suprema de los Estados Unidos, Louis Brandeis: "La luz del sol es el mejor desinfectante". Por eso, Cárdenas afirma que "el control del público es el mejor instrumento de prevención contra la corrupción que existe", a la vez que destaca el rol insustituible que al respecto desarrollan los medios de prensa.

Chayer, por su lado, hace hincapié en el medio judicial argentino y reclama que exista una auditoría permanente y sistemática de la labor judicial, a través de estándares simples y comprensibles para la sociedad. Y, con rigor, concluye: "Resulta como mínimo contradictorio que una institución encargada de procesar casos de corrupción opere sin rendir cuentas sobre su gestión, con excesiva discrecionalidad, sin ofrecer suficiente información pública sobre su labor y sin permitir la vigilancia de aquella labor y la evaluación de sus resultados".

Por cierto, es contradictorio tolerar que el Poder Judicial dé la espalda a la sociedad cuando es justamente ese poder el encargado de darles transparencia a todas las instituciones del país. Por suerte, Lynch afirma, desde las primeras páginas de este libro, que ve ciertas señales de aliento en algunas decisiones que últimamente adoptó la Corte Suprema. No todo está perdido, cree esperanzado.

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