Detrás del telón
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Pocas experiencias se comparan con la intensa expectativa que provoca estar ante un telón cerrado, a la espera de su apertura, de la develación de lo que hay del otro lado. El telón marca el límite entre el espacio artístico y los espectadores, entre público y actores. Remite a la creación teatral y a la música en vivo. Es indicación del comienzo de un espectáculo y de su conclusión, y de la separación entre sus partes. Fuera del ámbito estricto de la representación, la figura del telón funciona como una metáfora sobre el principio de una etapa y su finalización. En definitiva, estar ante un telón cerrado implica participar de la inminente develación de un misterio, conocer una línea que separa la realidad de la ficción, la fantasía de la “verdad”. La diferencia entre lo que se espera de algo y el resultado real de esa experiencia. E incluso la revelación del misterio final.
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