Diana Bellessi: “En la Argentina hay grandes poetas viejitas y grandes poetas pobres”
Tres lanzamientos impulsan una conversación sobre la trayectoria, “la dolce vita y el dolce far niente” de la reconocida autora, que acaba de cumplir 80 años
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Con ochenta años recién cumplidos el pasado 11, la reconocida poeta Diana Bellessi (Zavalla, 1946) celebra con sus lectores el lanzamiento de tres novedades en librerías: la edición aumentada del segundo volumen de Tener lo que se tiene (A.hache, $ 75.000), su obra reunida; el poemario La curva del tiempo (Fondo de Cultura Económica, $ 21.000) y la tercera edición bilingüe (inglés-español) de Las gemelas, el sueño (Rara Avis, $ 37.000), que publicó con su amiga, la escritora estadounidense Ursula K. Le Guin (a quien apodó “Osita”), que incluye dos poemarios de Bellessi, uno de Le Guin, una entrevista de la argentina a la autora de Los desposeídos y una despedida escrita para la reedición.

Actualmente, vive en la localidad de Zavalla, cerca de Rosario, donde también reside su hermana. Viaja a Buenos Aires en ocasiones, como hizo para la presentación del segundo volumen de Tener lo que se tiene, en noviembre de 2025, aunque extraña la vida en su “ranchito” en la primera sección de las islas de Tigre, que tanto material proveyó a su obra poética. “Ahora estoy un poco acá y otro poco en mi pueblo, que es muy lindo también”, dice en diálogo con LA NACION. Bellessi recibió el Konex de Platino en 2024 por su producción en el quinquenio 2014-2018, el Premio Nacional de Poesía en 2011 y el Premio Trayectoria del Fondo Nacional de las Artes en 2007.

La reconocida poeta, traductora y ensayista está contenta con el segundo volumen de su obra reunida, que agrupa seis libros publicados entre 2002 y 2018, tiene un prólogo de la escritora Sonia Scarabelli y la fotografía de un paisaje fluvial, de Nacho Iasparra, en la portada. “Muy lindo lo que hizo el fotógrafo y muy bueno el texto de Sonia -comenta-. Estoy muy de acuerdo con todo lo que dice, la adoro, es mi poeta preferida. Y también a mi ensayista preferido, Jorge Monteleone, que prologó el primer volumen. Ambos han sido muy buenos compañeros”.
-¿Qué significado tiene el lanzamiento de la obra reunida?
-Que el tiempo pasa. Es más significativa siempre la salida de un libro nuevo; es lo que yo siento, aunque sí es importante también la obra reunida. Para Las gemelas, el sueño alguna cosa me pidieron y alguna cosa escribí; un nuevo prólogo, una cosita así, de un libro que salió en 1996, hace treinta años.

-¿Estás trabajando en un nuevo libro de poemas?
-No, estoy trabajando en la dolce vita y en el dolce far niente. Ahora estoy bastante bien, después de haber estado un poquito enferma. Ahora, más que nada, planto tomates, planto pimientos muy bonitos. Y muchas florcitas, muchas, muchas. Y después tengo caquis, que son también maravillosos; jacarandáes, un enorme álamo plateado y paltitas de unos cincuenta metros. ¿Sabés que tengo chimangos? Que son aterradores. Hasta ahora yo les tenía miedo. Hasta que un día apareció un polluelo, un polluelo de chimango, que se cayó del nido. Y creíamos que se había muerto. Se hizo el muerto. Y después salió caminando. Un polluelo así, maravilloso, de chimango. Y ahora lo quiero. Estoy viendo qué hermosa es la vida, simplemente. ¿No te parece hermosa?
-Por lo menos la que vos llevás, sí. ¿Te llegan los efectos del contexto sociopolítico?
-Es posible que me lleguen los efectos, sí, me imagino. Mejor no hablemos del contexto sociopolítico, mejor hablemos del contexto sociopoético. Me siento muy querida por la gente que me rodea, que me ha rodeado estos años. Los quiero mucho a todos.

-¿Dirías que tuviste maestros en la poesía?
-Todos hemos tenido maestros en la poesía. Yo el primero lo tuve a los trece añitos, y era Aldo Oliva, el poeta rosarino, que fue mi profesor en la escuela secundaria. Y después todos los libros que se han leído, ¿no?, que son tus maestros también. Oliva iba a dar clases a esa ciudad un poquito horripilante que era Casilda, con toda esa gente horrible. En fin, que no eran tampoco mis favoritos, digamos, pero no lo pasé tan mal dentro de todo. Y conocí a uno de los grandes amigos de mi vida, el pintor Oscar Gabriel Martínez Dalmasso.
-¿Escribías poesía en la secundaria?
-Yo me llamaba poeta cuando tenía trece años. Ridículo. O sea, escribía poemas a los trece, sí. Hay unos temas que vienen de mi infancia rural, seguramente: los animalitos, las plantas, los yuyos del monte. Porque pasé hasta los siete años en el campo. Hasta esa edad es divertido, después se vuelve un poco más esforzado.
-¿Por qué Casilda te parecía horrible?
-Si al menos me hubieran mandado a Rosario, hubiera estado mejor. Pero tenían miedo los padres, entonces te mandaban a una ciudad pequeña y rígida como era Casilda en esa época.
-Los viajes son muy importantes en tu poesía.
-Sí, los los viajes fueron muy importantes. Sobre todo, los viajes por América Latina. Después seguí viajando, y seguí viajando, y seguí viajando, pero nunca fue lo mismo, porque no había final para los viajes. Eso era maravilloso.
-¿Y con quién viajabas?
-Ah, con el mundo viajaba. Salía con un amigo que después se volvía, y me iba juntando con gente siempre muy querida. El viaje a África también, ver a los animales salvajes, no a Tarzán. A mí siempre me gustaban más los negritos, hermosos, sobre todo los etíopes, que son tan preciosos, tan preciosos. Primero fui con una amiga a la India. Nos quedamos bastante tiempo. Después fuimos a África. Y por último me invitaron a China, así que fui a China.
-¿A los tres lugares fuiste como escritora?
-Sí. O sea, quienes me invitaban, me invitaban como escritora. En China tradujeron un librito muy lindo que está por ahí, una antología. Fue muy hermoso ese viaje, me trataron muy bien e hice grandes cosas con los estudiantes. Lo pasé súper bien y comí muy rico. Nunca vi librerías gigantescas en China, pero sí a lectores gigantescos, lectores preciosos.
-¿Tu poesía influyó en la de otros poetas?
-Creo que sí. Imagino que, cuando vivís tantos años, obviamente que influís a mucha gente. Yo creo que soy bastante querida, pero influir, viste... Solo cuando sos querida e influís no es una porquería.
-¿Qué recordás de tu paso por Diario de Poesía?
-Fue importante, sin duda, porque salíamos de la dictadura, salíamos del principio del alfonsinismo y se abrió mucho el mundo, se abrió mucho el mundo de la poesía. Fue importante lo que pasó; los quería a los muchachos, sobre todo a los muchachos, porque Diario de Poesía era un asunto de muchachos.
-¿Tenés agente literario?
-Se llama Ingrid Proietto, es escritora ella también e hizo periodismo en lugares escandalosamente horrendos. Antes tener agente era algo exclusivo de los narradores, inclusivamente los narradores, te diría. A nosotros siempre nos han dejado afuera. Pero ahora hay alguien que se ocupa de mí, que se ocupa de gestionar. Es muy agradable que se ocupen de vos.
-¿En los últimos años creció interés de los editores y los lectores en la poesía?
-Por lo menos en lo personal, sí, lo sentí así. He tenido muchos editores, mucha gente ocupada. No lo sé, pero creo que ha sido así. Yo creo que la poesía ha crecido. Hay más lectores y más autores también. Después de los años ochenta hizo un salto tremendo como género en la Argentina, donde hay grandes poetas viejitas y hay grandes poetas pobres.
-¿Cómo empieza un poema?
-Por una frase. Una frase que crece y crece y crece; a veces el poema es cortito, a veces el poema es larguito. Sobre todo en los años de la isla, ese salir a caminar al atardecer te traía tantas cosas, tantos libros.
-¿Hace mucho que no vas a la isla?
-Ese ranchito quedó allá. Todos los ranchitos van quedando, van quedando, qué bueno. Hasta que me muera. Mi ranchito son dos habitaciones, con plantas y con todo eso alrededor y una escalerita para bajar al río.
-¿Tenés un archivo con tus papeles?
-No. Lo que tengo son muchos cuadernos, que se los regalé a Sonia Scarabelli. Son como diarios, con muchos nombres propios; le dije que cuando yo esté muerta que ella haga lo que quiera.
-¿Y no te propusieron publicar tus memorias o tu autobiografía literaria?
-Sí, pero les dije gentilmente que no. Que descubran esas cosas cuando estás muerta debe ser divino.
-¿Te preocupa la situación del país?
-¿A vos no te asusta? A mí también. Pero mucha gente los vota. Creo que el kirchnerismo les dio muy buenas cosas a la gente, de verdad. Yo me quedo con el peronismo toda la vida, antes que con esto. Para ellos, los gays y las lesbianas son una mierda, las feministas son una mierda, los peronchos son una mierda, los zurdos son una mierda. Entonces estamos todos reunidos en el mismo corral y parece que podríamos, ¿no?, hacer algo juntos. Lo que no sé es qué son ellos. Me preocupa que puedan destruir el país por completo.
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