Diarios y revistas de los últimos 110 años agonizan en la Legislatura
Su hemeroteca es -por ahora- una de las más importantes del país, con 52.900 ejemplares
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Por definición, la función de una hemeroteca es conservar la memoria histórica y facilitar a quien lo solicite el contacto con ese patrimonio. Exactamente lo contrario de lo que ocurre en la José Hernández, de la Legislatura de la Ciudad de Buenos Aires, una de las tres hemerotecas más importantes del país, junto con la de la Biblioteca Nacional y la del Congreso de la Nación.
Un acervo de unos 52.900 ejemplares, entre diarios y revistas publicados a lo largo de 110 años, agonizan desordenados en estanterías y cajas, repartidas en ambientes húmedos, deterioriados y sucios. El patrimonio se encuentra, literalmente, "a la deriva".
No hay presupuesto asignado, ni organigrama propio, ni lugar único de almacenamiento y consulta, ni medidas de seguridad y conservación adecuadas. El material está sin inventariar ni catalogar,
Dispersos en recintos con filtraciones, polvillo e instalaciones eléctricas a la vista, "reposan" en estanterías improvisadas e inseguras, o amontonados dentro de cajas en el piso, los 1705 tomos de La Razón -la colección más completa que existe en el país de ese diario-; 250 de La Argentina, donados en 1978 por el presidente de la Fundación Lucio Cherny, Luis Federico Leloir; 28 tomos de Libertad, órgano oficial del Partido Socialista Independiente, fundado por el diputado Roberto Noble; 11 de Democracia y 104 de La Opinión (1971 a 1979), entre las "joyas" que destaca el personal consultado.
La distribución del espacio destinado al material no es un tema menor. Los periódicos y las revistas publicados hasta 1995 están depositados en el subsuelo. La colección de La Razón, en un espacio junto a la antesala del Salón Montevideo, en la planta baja. Y los ejemplares de 1995 a la fecha, en el primer piso. Sólo el acopio diario de La Prensa -1100 ejemplares desde 1892-, LA NACION, Clarín, Página 12, El Cronista Comercial y Ambito Financiero demandan diez metros lineales más de espacio por año, un crecimiento problemático en el corto plazo, en especial porque no se encuadernan desde 1990.
Triste icono
El icono del desinterés de las autoridades es, sin duda, un montacargas construido en el subsuelo para transportar los tomos y que, a simple vista, es más pequeño que el material que debe cargar. Su construcción fue aprobada en el diseño que los arquitectos de la remodelación del actual edificio del palacio legislativo presentaron en 1997 al entonces vicepresidente primero de la Legislatura, Aníbal Ibarra.
No es menos engorroso el tema de sobre quién recae la responsabilidad de la hemeroteca. Teóricamente, está a cargo de la Dirección de Cultura de la Legislatura, que depende del vicepresidente segundo, el legislador Julio Vitobello (PJ).
Vitobello designó a Roberto Ivancich al frente de la dirección. Pero cualquier reclamo edilicio o presupuestario de la hemeroteca debe elevarse al responsable administrativo de la Legislatura, el diputado porteño Cristian Caram (UCR), "salteando" a los responsables naturales.
En 2003, Vitobello aspira a microfilmar el material y habilitar una sala de lectura en la planta baja. "En 3300 millones de pesos de presupuesto porteño, este gasto sería ínfimo -afirmó a LA NACION-. El tema requiere presión y pelea para lograr el consenso de los bloques."
Mientras tanto, los usuarios sólo obtienen una respuesta lacónica -"no te podemos dar el material porque no está en condiciones"- y la invitación a iniciar un largo derrotero para leer los anhelados ejemplares.
Y eso que el artículo 32 de la Constitución de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires garantiza "la preservación, recuperación y difusión del patrimonio cultural, la memoria y la historia de la ciudad y sus barrios".
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