
Dibujos y bichos
Los refinados grafismos de Jorge Tapia, los animales de Mariano Cornejo y las pinturas de Jorge Vidal.
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Jorge Tapia (1940) reafirma sus facultades de dibujante. Trabaja con los negros y grises del grafito y el blanco de los papeles que sirven de soportes. Suele usar una escala de valores intermedia, que alterna los difuminados con apretadas acumulaciones de líneas. Su prolija yuxtaposición le permite crear una gama de grises que tiene la calidad de los esfumados en los pases. Llega de ese modo al preciosismo de un modo atildado, pero nada frívolo. La pulcritud de la factura es ideal en su caso para manifestar adecuadamente el tenor metafísico de los temas. La naturaleza compleja de los grafismos no proviene de gestos puramente caprichosos o puramente volitivos.
Son refinados y están parejamente resueltos todos los dibujos. En ese sentido, cada uno ayuda a mantener el nivel de la exposición, que se caracteriza por la alta calidad de las imágenes, que exige fuerte estabilidad emocional, concentración y capacidad de definición. Como en las novelas de suspenso o de misterio, el título que agrupa la serie es El enigma de las esferas , aunque no son tales elementos geométricos los que más abundan. De todos modos contrastan sus formas redondeadas con el corte recto de esa especie de cajones, a veces vacíos, a veces llenos de objetos mecánicos o de grandes letras de imprenta sin otra función aparente que la de crear la atmósfera rarefacta en la que se acumulan.
Entre las numerosas distinciones de Tapia se destacan el premio de honor Ver y Estimar (1964), el premio Marcelo de Ridder (1974), el gran premio de honor de dibujo del Salón Nacional (1983), el primer premio de la misma especialidad en el Salón Municipal Manuel Belgrano (1994) y el premio Alberto Trabucco (1997).
Una fauna de madera
Hace tiempo que Mariano Cornejo trabaja con pinturas, maderas y metales. Recordamos la muestra en Van Riel, donde representó con alambres una hilera de hormigas negras que trepaban por las paredes de la galería transportando cargas celestes y blancas en una alusión simbólica de fuerte carácter crítico. Ahora, por un camino coherente, pero con una intención distinta, trabaja en la construcción de animales vertebrados de tres dimensiones, a veces en tamaño natural. Puro bicho llamó el artista salteño a esta muestra que no tiene ni intenciones ecológicas ni el deseo de destacar especies regionales. Aclara también que ninguna de las piezas copia una imagen concreta. Y así es. En caso contrario no se explicaría que sus ñandúes, faisanes o cocodrilos tuviesen, como ciertos "mecanos", coyunturas u otras partes atornilladas bien a la vista. Precisamente, todo tiende a indicar que su obra se opone a los disimulos. Así parece ser, en la medida en que refleja una actitud independiente, aunque no ignore los aspectos controvertidos de su labor. En todo caso, son imitaciones realizadas con gracia y con un ingenio que resulta tan llamativo como simpático. No es sencillo caracterizar animales con maderas policromadas y metales; menos aún, lograr que se impongan por su sola presencia, como ciertos juguetes, que parecen tener vida aunque sepamos que son juguetes. Hay algo más en esas piezas, que proviene de las convicciones profundas del autor: su lejanía del ilusionismo documental de los animalistas convencionales.
( Hasta el 18 del actual. En Principium, Esmeralda 1357. )
Pinturas y grabados
Jorge Vidal tiene dos maneras básicas de plasmar las formas, según los procedimientos que usa. Los grabados en relieve provienen del corte de planchas de metal que siguen el contorno de un dibujo previo y se combinan de distintas maneras. Por lo demás, en las copias, emplea contrastes absolutos y formas netas, que en este caso recortan las superficies negras sobre fondos blancos. En los acrílicos, trabaja en una escala mayor con modulaciones y matices que se resuelven en una superficie cromática aterciopelada. En ambos casos, los resultados derivan de experiencias con formas trabajadas en serie.
( Hasta el 9 de este mes. En la galería de Cecilia Caballero, Suipacha 1151. )
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