Divide y reinarás
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Vivimos en una realidad hecha de palabras, así que alcanza con empezar a tachar a una persona o a un grupo de personas con un adjetivo de forma reiterada para que esa idea vaya decantando en el imaginario colectivo. Grupos enteros de seres humanos fueron convertidos en enemigos públicos mediante este discurso canalla. Y luego perseguidos, encarcelados y exterminados.
Ojalá sirva de aviso. Toda simplificación, en política, trae desgracia. Todo reduccionismo se traduce en odio. Si ejercemos nuestra soberanía por medio de representantes, hay que exigirles a esos representantes un conocimiento minucioso de la historia, la filosofía, las religiones y las ciencias. Los humanos no somos simples. Denostar mediante la palabra colectivismo (por sus resonancias ideológicas) cuando hemos tenido logros colectivos extraordinarios es tan burdo y peligroso como tachar al individualismo (por las mismas razones) de egoísta, como si miles individuos no hubieran sido benefactores de la humanidad; Jonas Salk, por citar uno. Somos ambas cosas; complejos, paradójicos e incompletos buceadores incansables de nuestra propia naturaleza. En mi opinión, primero está el individuo, porque nada colectivo se hace sin individualidades; pero lo podemos debatir. Ahora bien, usar colectivismo o individualismo como insultos es buscar enfrentar, dividir y agrietar. Nada nuevo, pero sigue siendo muy malo para todos.







