
Dualidad en la historia
GENESIS DE LA SOCIEDAD POSESIVA DEL MERCADO Por Carlos S. Fayt (La Ley)-252 páginas-($ 75)
1 minuto de lectura'
NUNCA como hoy la humanidad, en su conjunto, ha acumulado una cantidad tan importante de datos sobre su propia historia. Sin embargo, la mayoría desconfía del valor y utilidad de este conocimiento. Si en el pasado aceptaba una sola crónica como parte de su herencia, hoy se destacan las pluralidades.
Carlos Fayt es, como jurista y académico, un protagonista destacado de casi medio siglo de nuestra historia. Ha llegado a ser Ministro de la Corte Suprema de Justicia como consecuencia -que en otras latitudes podríamos denominar lógica- de una extensa carrera profesional y universitaria.
Para entender el desafío de nuestra época, Fayt revisa minuciosamente las grandes líneas del pasado, comenzando por la aparición del cristianismo. El propósito de su estudio, según confiesa, es señalar el "entrecruzamiento de situaciones" como rasgo constante del pasado y advertencia del porvenir. Parecería que para Fayt, conocedor avezado de las distintas teorías acerca de la historia, el "entrecruzamiento" es consecuencia de la misma naturaleza del ser humano. La dualidad aparece como rasgo dominante del devenir.
En lo que podemos denominar baja Edad Media, esa dualidad se refleja en la acentuación de la preocupación religiosa, en detrimento de la especulación política, y en un sistema económico signado por la desigualdad, el temor y el hambre. Esto lleva a que cada hombre esté dispuesto a aceptar la tutela de quien pueda actuar como su defensor, enhebrando así la cadena feudal.
El género humano sale de esa coyuntura con el humanismo renacentista "laico y revolucionario". No obstante, Fayt advierte que, bajo la soberbia del arte y de la cultura del Renacimiento, la gran mayoría de la población permaneció sumida en la ignorancia. A fines del siglo XVesa dualidad se resolvió con el ascenso de la burguesía de la mano de la Reforma, que se convirtió en la ideología revolucionaria del grupo social. De la Reforma -en esto, Fayt sigue y vivifica el pensamiento de Max Weber- resultó la fundación de toda la moral burguesa, "la primer moral sin tradición concreta y sin normas aristocráticas del héroe o del santo".
A partir de ese momento nace, como producto de múltiples contradicciones, el absolutismo monárquico, que fue tan sólo una variante de la doctrina religiosa del origen divino del poder. A su vez, la esencia del absolutismo, que implica el proceso unificador entre soberano y Estado, superó el doble dualismo que imperó en la Edad Media entre el rey y el pueblo, el poder espiritual y el temporal.
La Era de las Revoluciones, que comienza en 1688, señala, para Fayt, la primera aparición de la opinión pública de la mano de la prensa y de un nuevo tipo de derechos: los derechos políticos. Con ellos renació la doctrina del consentimiento, mediante la elección de representantes, y del gobierno como protección de los derechos individuales. A partir de entonces, la historia del capitalismo entró, de la mano del liberalismo, en su etapa de acumulación financiera y de expansión colonialista e imperialista, la que sufre su primer embate con la crisis de 1930.
En 1939, superada la crisis, aparece un sistema de actividades económicas que sobrepasa las fronteras. Entonces, apunta Fayt, se modificó el núcleo de la contradicción. El conflicto en el seno de cada Estado particular tuvo carácter secundario frente a "la guerra marginal entre las sociedades industrializadas y las subdesarrolladas".
En un intento de unificar estas contradicciones, el autor indica que la revolución científica y técnica del siglo XX cambió la concepción que los hombres tenían del mundo y la materia. El prodigioso avance de los conocimientos conduce, por una parte, a un proceso de secularización y, por la otra, a uno de espiritualización, dado que las relaciones entre ciencia y religión aún no han acertado en dar respuesta a los interrogantes básicos del ser humano.
En este punto aparece otra vez el interrogante, que es una de las líneas conductoras del pensamiento de Fayt como historiador. ¿El impulsor de la evolución humana es el bien de la especie o sólo el bien del individuo? ¿Existe una moralidad en la evolución?
Más allá del reconocimiento de la especie humana como unidad, el siglo XX está signado por los prejuicios raciales, las salvajes luchas tribales, los desastres ecológicos y el auge del terrorismo sagrado. Y también, por la intolerancia implícita en la globalización de la economía que abruma a todos los países.
Pero esta realidad debe confrontarse con el hecho de que la humanidad ha generado riquezas en el ámbito material y espiritual que dan luz a un horizonte. Con esta visión Fayt finaliza sus reflexiones a través de la historia: "Las tendencias históricas no descartan la posibilidad de que el próximo siglo sea mejor que el siglo XX [...] a menos que una guerra nuclear generalizada asesine a la especie humana".
Fayt ha dedicado su vida a surcar las aguas tornadizas de las aventuras del espíritu. Creo, por eso, que para aquellos que todavía las navegan, este libro generará el placer de un recorrido a través de calmas y tempestades y, por qué no, un seminario de esperanza.
1
2A 75 años de “La Colmena”: censurado por inmoral y pornográfico, se filtró “gota a gota” y consagró al polémico Nobel Camilo José Cela
3Construir con telas, hablar con color: Olga de Amaral transforma el Malba en un laberinto universal
- 4
Las cenizas de Juan José Sebreli se esparcirán en Plaza Constitución el próximo viernes



