
Dubourg vistió la ciudad con edificios emblemáticos
Diseñó hoteles, torres y construcciones identificadas con Buenos Aires
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Es muy posible que el fallecimiento del arquitecto Arturo J. Dubourg, que se produjo en la madrugada del viernes ultimo, a los 91 años, no dé origen a clases evocativas en nuestras facultades y escuelas de arquitectura. Y es más factible aún porque ese tema nunca lo inquietó ni produjo en él complejo alguno.
Arturo J. Dubourg fue un arquitecto de su tiempo, optimista, estudioso, obstinado y laborioso, culto y creativo, que salvo a través de un libro que publicó al cumplir 50 años con la profesión, no se dedicó a la enseñanza ni a cultivar una imagen de arquitecto académico. Por el contrario, siempre adoptó una actitud pragmática en cuanto a la realización de proyectos que fueran materializados para cumplir acabadamente con sus objetivos y para permanecer lozanos a lo largo de muchos años.
"Nací en 25 de Mayo, provincia de Buenos Aires -contaba don Arturo- el 28 de mayo de 1912. Allí mi padre se dedicaba a las actividades agropecuarias desde 1905, y había establecido con mi madre, recién casados, su hogar en 1911."
A pesar de vivir en una familia sin problemas económicos, Dubourg se empeñó desde joven por lograr ser autosuficiente en cuanto a sus recursos. A los 16 años, al advertir que en su casa las finanzas no pasaban por un buen momento, decidió pasar de su condición de pupilo en el Colegio San José a terminar el secundario en el Colegio Nacional Mariano Moreno.
Mientras tanto se consagraba a su otra pasión vocacional: los deportes. Fue campeón argentino de menores en ciclismo en 1929, se destacó en el Buenos Aires Lawn Tenis Club, donde integró un equipo formado por Enrique Luis Drago Mitre, Adolfo Bioy Casares, su hermano Manuel María y los hermanos Julio y Charlie Menditeguy. Con el paso de los años, esa pasión se inclinaría decididamente por las carreras de autos, disciplina en la que se hizo célebre con el apodo de "Grey Rock", en los años 60 y parte de los 70, como se informó ayer en LA NACION Deportiva.
Variedad temática
Para solventar sus estudios universitarios -en ese entonces se consideraba "pobre de solemnidad"-, ingresó en 1932 en la Dirección General de Ferrocarriles y pasó al año siguiente a la Dirección General de Vialidad, donde trabajó hasta 1940, los últimos cinco años ya como arquitecto.
Su trayectoria como profesional comprende las más diversas áreas temáticas: hizo una gran cantidad de residencias -fue un precursor en materia de clubes de campo- y edificios de renta y de propiedad horizontal. Tres torres de 15 pisos en el 1700 de Virrey del Pino son de su autoría (construidos en 1965), así como el rascacielos de Posadas y Cerrito (1956). Otros de sus hitos porteños son el hotel Claridge, de Tucumán y Florida (1946), y el Bristol Hotel (1950), de Cerrito y Sarmiento, así como el edificio de la esquina de Pellegrini y Rivadavia (conocido como Ferretería Francesa).
Con líneas más modernas, el que fue sede del Ministerio de Trabajo, en Julio A. Roca y Alsina (1956) y la fachada de courtain-wall del Edificio Berlingieri, en Hipólito Yrigoyen y Cevallos (1958), salieron de su tablero.
Su estilo normando, con techos de pronunciado declive, ideal para el escurrimiento de la nieve, caracterizaron muchas de sus obras en zonas apropiadas para la práctica del esquí, como el Mountain Club Village, en el Cerro Catedral, en Bariloche, y el Portezuelo de los Penitentes, en Mendoza, ambos en 1952.
Cuando celebraba sus bodas de oro con la profesión registraba no menos de 200 obras en el Uruguay y más del doble en su país. Una trayectoria que bastaría -por su calidad y cantidad- para colocarlo en un lugar destacado en la disciplina que abrazó con fervor y vocación para cumplir, como el decía, con "el cumplimiento del juramento profesional".
Quienes lo conocieron lo evocarán siempre con su fino bigote recortado y su pañuelo al cuello, gallardo y sonriente incluso cuando ya tenía más de noventa años de vida intensa y fecunda.




