Banksy reaparece de madrugada en el centro de Londres con la escultura de un hombre que avanza sin ver
La pieza, instalada en una zona de monumentos históricos, llega en medio de nuevas versiones sobre su identidad
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Una nueva intervención de Banksy en la vía pública irrumpió en el centro de Londres y, una vez más, lo hizo sin aviso. Esta vez no se trata de un mural sino de una escultura de gran escala, instalada durante la noche en Waterloo Place, una zona rodeada de monumentos oficiales, entre ellos estatuas de figuras históricas británicas, como el rey Eduardo VII; la enfermera Florence Nightingale o a los Caídos en la Guerra de Crimea.
La obra representa a un hombre vestido de traje que avanza sobre un pedestal, pero con un detalle llamativo: una bandera le cubre el rostro y le impide ver, mientras uno de sus pies parece quedar suspendido en el vacío, como si estuviera a punto de caer.
Como es usual en su accionar, el enigmático artista confirmó la autoría a través de un video publicado en sus redes sociales, donde se ve el operativo de instalación y se la vincula visualmente con algunos de los símbolos más reconocibles de la capital británica, desde el Big Ben hasta estatuas tradicionales.

A diferencia de sus intervenciones más conocidas, que suelen ser realizadas con stencils, esta pieza marca la diferencia porque es de las pocas esculturas que realizó el artista.
Pero no es la primera vez que Banksy incursiona en la escultura, ya que en 2004 instaló The Drinker en Londres, una parodia de El pensador de Auguste Rodin, pero estas intervenciones siguen siendo excepcionales dentro de una obra en la que predomina el grafiti y la intervención del espacio público.
La figura, totalmente negra, cegada por una bandera que flamea sobre su rostro, fue leída rápidamente como una alegoría del nacionalismo o del “patriotismo ciego”, una interpretación coherente con la tradición del artista de trabajar sobre símbolos políticos y sociales con humor oscuro y economía visual.
La ubicación, cercana a Buckingham Palace, también llamó la atención por su nivel de seguridad, lo que reavivó una pregunta recurrente: cómo logra intervenir espacios tan vigilados sin ser detectado.
El enigma de la identidad
El regreso de Banksy se produce además en un contexto particular: hace apenas unas semanas, una investigación periodística de Reuters volvió a poner en el centro su verdadera identidad al revelar su nombre.
Un informe difundido por Reuters sostiene que el artista sería Robin Gunningham, un británico nacido en Bristol en 1973, ciudad donde también se sitúan los comienzos de su actividad en la escena del grafiti.
Según esa investigación, Gunningham habría incluso adoptado el nombre de David Jones para reforzar su anonimato y evitar ser rastreado.
Sin embargo, como ocurrió con teorías anteriores, la identificación no fue confirmada oficialmente. Desde el entorno del artista se rechazaron algunos aspectos del informe y se insistió en la importancia de preservar el anonimato, una condición que forma parte central de su práctica desde sus inicios en los años 90.
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