Catalejo: gestos humanos
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Cada vez hay más robot humanoides. Ya pueden bailar y hasta con más cadencia que muchos humanos que improvisan ritmos en fiestas y boliches, sin ensayos ni actualización de pasos. Algunos juegan al ping pong y desafían a humanos con éxito. Hace años que la tecnología nos desafía con novedades. Pasamos de la vieja cuenta en un trozo de papel a que el mozo de un bar o un bodegón se acerque a la mesa con un posnet y pregunte si se paga con tarjeta, transferencia o QR. Parece de muchos siglos atrás, los más jóvenes no lo comprenderían, aquel mecanismo de pagar con tarjeta de crédito que consistía en un cupón con papel carbónico y una libreta de números que se consultaban antes de aceptar la transacción. Si el número aparecía inhabilitado, la vergüenza era más alta que el valor del producto que se quería adquirir. Entre estos avances tecnológicos aún hay un gesto humano, que traspasa idiomas: la mano alzada del cliente haciendo un firulete en el aire. Sí, la universal manera de pedir la cuenta. No hay que calcular qué lector láser va a “leerla”, porque el mozo capta el mensaje al instante. ¿El futuro mozo robot nos entenderá o perderemos el último gesto de complicidad humana?
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