El Alberdi que Milei tiene en la cabeza: un nuevo libro saca a la luz parecidos y diferencias
En su reciente libro “Un presidente que sea como un rey”, la periodista Patricia Kolesnicov analiza las ideas del pensador liberal y del primer mandatario anarcocapitalista de la historia; qué opinan historiadores, juristas y economistas
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En Un presidente que sea como un rey. El Alberdi que Milei tiene en la cabeza (Planeta, $29.900), la escritora y periodista Patricia Kolesnicov (Buenos Aires, 1965) muestra que entre Juan Bautista Alberdi (1810-1884), el pensador liberal del siglo XIX, “padre” de la Constitución de 1853, y Javier Milei, el primer presidente anarcocapitalista de la historia, hay más parecidos que diferencias en cuestiones económicas, políticas y sociales. Inspirado en el tratado alberdiano Bases y puntos de partida para la organización política de la República Argentina, el Presidente bautizó su ley ómnibus “Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”.
Para Kolesnicov, con la reivindicación del legado liberal, apoyado en la defensa de las libertades individuales y la propiedad privada, y en la limitación del poder estatal en aras de la prosperidad económica, Milei justificaría su proyecto de país. “A la hora de adoptar un linaje que le diera legitimidad al gobierno de la motosierra, Milei no tenía tanto para elegir, y Alberdi era el precursor que necesitaba”, dice en diálogo con LA NACION. El 19 se conmemoró el 142° aniversario de la muerte de Alberdi.

“En su discurso de la noche cuando ganó el balotaje, Milei dijo ‘Hoy volvemos a abrazar las ideas de la libertad, las ideas de Juan Bautista Alberdi’ -recuerda Kolesnicov-. Se ve que algo me quedó picando porque un mes y medio después, tirada en una playa en Brasil, me pregunté ‘¿Y qué decía Alberdi?’. No sabía mucho, más allá de ‘gobernar es poblar’ y la noción de que su libro Bases había sido una especie de borrador de la Constitución. Me puse a leer y me fui sorprendiendo. A partir de ahí pasé a otro libro y a otro y luego, cada vez que se planteaba una polémica con una acción del gobierno, encontraba la posición de Alberdi al respecto. Poderes especiales, educación, relación con las provincias…”.

Su libro incluye frases textuales de Alberdi (algunas, como las referidas a la instrucción primaria, los pueblos originarios y ciertos inmigrantes, causarían rechazo si fueran dichas en la actualidad), entrevistas a historiadores, juristas y economistas como Fernando Devoto, Julio Djenderedjian, Darío Roldán, Félix Lonigro y Eduardo Zimmermann, y paralelismos entre Alberdi y Milei.
-¿Cuál es entonces el Alberdi que tiene Milei en la cabeza?
-Como dice en el libro el historiador Fernando Devoto, hay muchos Alberdi y cada uno elige el que quiere. Otro especialista, Darío Roldán, dice que el Alberdi de Milei es simplemente la idea de una Constitución liberal que lleva a la riqueza. Se hizo la Constitución con esas ideas y el país pasó un período de riqueza, ergo la Constitución liberal lleva a la riqueza. Según Roldán, Alberdi le sirve a Milei “para decir que el Estado no tiene que intervenir de ninguna manera y para decir que la Argentina tiene que insertarse en el mundo”. Creo que, también, Milei piensa en el Alberdi que en 1880 titula una conferencia “La omnipotencia del Estado es la negación de la libertad individual”. El que dice que el Estado “es el mayor ladrón”.
-¿Cuáles son las afinidades entre ambos?
-Alberdi fue, sobre todo, un hombre de ideas. No gobernó, nunca estuvo en el lugar de que sus acciones realmente cambiaran la realidad. Dicho esto, veo muchas afinidades, algo que no todos mis entrevistados comparten. Veo afinidades cuando Alberdi no quiere ninguna restricción ni diferencia para los capitales extranjeros y quiere dar “a los importadores de industrias, de máquinas y procederes mecánicos” las exenciones que antes tenían otros como “los nobles ociosos y los soldados estériles”. También cuando quiere abrir los ríos, para que Buenos Aires no se quede con la plata de la Aduana. O cuando dice de veinte maneras que la propiedad es inviolable y que cualquier intento de regularla es propio del “socialismo hipócrita”. Se parecen cuando Alberdi dice que los impuestos “exorbitantes” atacan la propiedad o cuando reniega de cualquier “discriminación positiva”, si bien él no la llama así, hacia menores, mujeres, enfermos. Cuando quiere bajar las tarifas que pagan los productos importados y cuando defiende “facultades omnímodas” para combatir la pobreza.
-¿Y en qué se diferencian?
-Alberdi está en la etapa de construcción del Estado, nunca diría que es un topo que quiere destruirlo; de hecho, plantea el sostén estatal de la educación. Alberdi construye un sistema legal que permita realizar las reformas que quiere; necesita una constitución para dar estabilidad legal a esas reformas. Milei, en cambio, asumió llamando “ratas” a los legisladores y dando un discurso de espaldas al Congreso. Por eso Andrés Gil Domínguez me dice que Alberdi solo hubiera dado facultades especiales en casos muy extremos. Y que le importaba que el Poder Judicial fuera independiente.
-¿Qué pensaría Alberdi de Milei?
-Acordaría con la ideología económica y se apartaría de la brusquedad del trato, de los insultos. Alberdi sufrió ese tipo de trato, dijo que se sentía perseguido por la rama de los liberales que lo habían derrotado políticamente: Sarmiento y Mitre. Lo pasó mal. Dice que si atacás los errores del que gobierna te acusan de traición a la patria. “Eso se vio todos los días bajo los caudillos argentinos, pero no ha cesado bajo sus biógrafos”, escribe, en alusión a Sarmiento, autor de Facundo. Por estas cosas supongo que no estaría en el gobierno. Aunque Eduardo Zimmermann, un experto en liberalismo, me dice que ve una coincidencia en la ambición transformadora.
-¿Los políticos liberales argentinos, una vez en el poder, se comportan como aquellos que critican?
-Si hablamos de concentración de poder, sí. O de traspaso de los límites institucionales. Se ve en el apoyo a los decretos como una forma efectiva de gobernar, por ejemplo. Y en el trato, por lo menos en la época de Alberdi y ahora, hacia los opositores. La libertad de expresión no parece un don muy valorado...
-¿Es el peronismo a Milei lo que fue el rosismo a Alberdi?
-En algún momento me lo pregunto. La idea de que hay un gran poder, un periodo de populismo, por decirlo con una categoría posterior a Rosas y a Alberdi, que condujo al fracaso y que se corta con estas herramientas: la Constitución liberal, basada en el libro de Alberdi, en ese momento, y, ahora, la “Ley de Bases y Puntos de Partida para la Libertad de los Argentinos”. Un borrón y cuenta nueva. Con Alberdi no es solo el rosismo sino también lo que queda de la colonia. Insiste mucho en que hubo que separarse de Europa y repudiar lo de afuera, porque eso requería la Independencia, pero que así se desatendió el bienestar económico. Pero bueno, dice, eso ya está, ahora hay que traer europeos, dejar entrar sus capitales, aprender de ellos a trabajar. Si el rosismo cerraba fronteras, era hora de abrirlas.
-¿Qué mirada tenés de Alberdi después de investigar sobre su obra?
-Soy de la generación que se emocionaba cuando, para señalar el final de la dictadura, Alfonsín leía el preámbulo de la Constitución. Cuando escuchábamos lo de “asegurar los beneficios de la libertad, para nosotros, para nuestra posteridad, y para todos los hombres del mundo que quieran habitar en el suelo argentino”, pensábamos en la libertad después de ese período de opresión y represión, no en “la libertad, carajo” del retiro del Estado. Quizás estábamos equivocados y “los beneficios de la libertad” eran los de comerciar con una mínima o nula intervención estatal y con menores o nulos aranceles. Con Alberdi me pasó lo que pasa cuando se estudia un tema: la visión escolar se complejizó y hoy lo veo como un hombre de su tiempo, que va viendo lo que pasa y adaptando sus propuestas a distintas realidades.
-¿Por ejemplo?
-Estaba seguro de que había que poblar y hacer un país centralizado a partir de un montón de provincias para crecer económicamente. En algún momento, el hombre que escribió las bases de la Constitución pega una vuelta y escribe un libro en el que afirma que no estamos preparados para la República y que hay que volver a tener una monarquía. Lo dice sin ninguna corrección política y hasta lamenta que se le haya puesto “República” al nombre del país. Escribe eso en artículos para un libro que, finalmente, no publica porque, cuando lo termina, ya ha cambiado de opinión. Es un liberal cada vez más liberal que, a la vez, va mirando lo que pasa en el mundo e intentando “reordenar” la Argentina para encontrar una fórmula que lleve a la prosperidad. Esa flexibilidad de pensamiento me gusta. Un hombre que no está haciendo Historia, está haciendo política.
-¿Por qué creés que Milei no dio su opinión para tu libro? ¿Le enviaste un ejemplar?
-Me dijo que no podía ponerse a la altura de “semejante gigante” y me sugirió que hablara con Alberto Medina Méndez, un consultor político, que vino a su vez con Daniel Pereyra, autor de un artículo que se titula “Alberdi, el primer Milei”. Ellos me dieron el punto de vista libertario. ¿Por qué no habló directamente? Hay mil opciones, desde que no se sintiera seguro con el tema hasta que estuviera ocupado o no quisiera decir lo mismo que dirá en el prólogo de una edición de Bases que está en preparación. No le envié un ejemplar, solo el anuncio de la salida del libro.




