
El azar y la escritura
Ganador del premio español Casa de América 2006, el poeta chileno, unode los más importantes del continente,habla en este diálogo de su obra, de los fantasmas que lo acosan al escribir yde los efectos que el conflicto en Irak tuvo en sus últimos versos
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En un abrir y cerrar de ojos, Oscar Hahn (Iquique, 1938) casi quedó ciego. Lo operaron y en otro abrir y cerrar de ojos le salieron veintiocho poemas de corrido, aun cuando no suele escribir más de cuatro al año. Les sumó algunos dispersos y se dio cuenta de que había concebido un libro y que tenía el plazo necesario para presentarlo al premio español Casa de América. Tres meses después, En un abrir y cerrar de ojos había ganado el premio y será publicado en octubre por el sello Visor. Son, en total, treinta y dos poemas que hablan de amor y de muerte. Y también de enfermedades, algunas tan graves como la guerra y el desamor. Y de Dios, un ser hasta ahora inasible para el poeta y el hombre. Es decir, un libro que habla de los grandes temas de Hahn, los mismos que podrán apreciarse en toda su magnitud en Obra poética (Andrés Bello), que reúne sus siete poemarios publicados a lo largo de cincuenta años.
Tiempo de balances para este nombre ineludible de la poesía chilena e hispanoamericana que escribe poco, publica menos y que no estuvo dispuesto a hacerle caso a Neruda cuando, a principios de los años 60, le dijo: "Malo, pues, hombre, deberías escribir más. Por lo menos un poema diario. Yo escribo un poema todos los días". Hahn, que tenía 25 años, le respondió: "Bueno, don Pablo, usted es Pablo Neruda y yo soy Oscar Hahn solamente".
Algo cansado después de las sorpresas que suelen depararle sus viajes a su país natal -Hahn vive en Iowa, Estados Unidos- habla sobre sus miedos y sobre el fantasma, ése que hizo su primera aparición a principios de la década del 80.
-¿Cómo pudo escribir veintiocho poemas seguidos, sin ser un autor prolífico?
-No sé. Era una liberación interior, como si mi inconsciente tratara de liberarse de ciertos materiales. Una especie de exorcismo en que los poemas eran expulsados, como para limpiarme.
-¿De la guerra y de la enfermedad?
-Esos poemas sobre la guerra tienen que ver con Irak, son inspirados por ese hecho, pero también había una especie de guerra interna entre la enfermedad y la salud, o entre la vida y la muerte.
-Hace veinticinco años, el libro Mal de amor también surgió de una sola vez, pero el detonante fue distinto.
-Sí, ahí el detonante fue la ruptura de una relación. Cuando la otra persona decidió que esa relación ya no podía seguir, me vino como una enfermedad, igual que ahora. Un mal de amor. Y a partir de ahí salió la chorrera de poemas, en cuatro meses. Era como una enfermedad del alma y ésta es una enfermedad del cuerpo.
-¿Es necesario el dolor para escribir?
-A veces sí. No creo que pueda establecerse una regla. Lo que sí he notado son poemas míos que profetizan situaciones. En Arte de morir (1977) aparece un poema que se llama "Noche oscura del ojo". No habla de "los ojos". Y vea la cantidad de ojos que hay: ojo con el ojo numeroso de la bomba; en otro poema dice el ojo en llamas, y el ojo en llamas era lo que yo tenía con la operación. Y no veía nada, "noche oscura del ojo". Cualquiera puede mirar los libros y ver que no es algo que esté inventando. Lo más notorio es lo del poema "La muerte es una buena maestra" ( Apariciones profanas, 2002). En gran parte lo tenía hecho antes de que me diera el infarto y habla de un infarto.
-¿Qué siente cuando se da cuenta de esas coincidencias?
-Me inquieta, tengo una sensación extraña como de que hay alguien que me está mandando señales desde una dimensión desconocida, que no sé si es la muerte o qué. Pero tengo la sensación de que es un lenguaje, de que se está estableciendo un sistema de signos para comunicarse conmigo. Lo creo de verdad, aunque crean que estoy loco.
-¿Y quién sería ese alguien?, ¿Dios?
-No, porque yo creo que Dios tiene la manera de comunicarse con las personas, ellas saben que Dios se está tratando de comunicar. Yo tengo la sensación de personas muertas o de eso que yo llamo "prefantasmas", es decir, personas que aún no han nacido, que andan flotando por ahí y tratan de comunicarse con uno.
-¿Cómo explica que la muerte haya aparecido tan tempranamente en su poesía?
-Me lo he preguntado desde que publiqué mi primer libro ( Esta rosa negra , 1961) y nunca he encontrado la respuesta. Mi padre murió cuando yo tenía cuatro años y es posible que ese hecho haya influido en mi poesía. Según mi madre, aunque era bastante chico, yo sabía muy bien lo que significaba morirse. Pero mi explicación puede ser simplista también.
- ¿Qué significado tiene el azar en su obra?
- Yo no escribo los poemas en forma voluntaria, no digo "Hoy voy a escribir un poema sobre las Torres Gemelas", sino que de repente me salen esos versos sueltos que yo llamo "apariciones". Aparecen, estallan y muchas veces no sé para dónde van ni qué tema tienen. Entonces los dejo por ahí, luego los releo y trato de que los mismos versos me digan quiénes son, de qué forman parte. Y de pronto empiezo a encontrarle el hilo al asunto. El resto es una mezcla de trabajo artístico y de apariciones que convocan a otras apariciones dentro del mismo poema mientras se está haciendo. Es como una reacción en cadena.
-Como especialista en literatura fantástica, ¿ve alguna relación con la creación poética?
-Cuando conversé con Borges acerca de "Las ruinas circulares", le hablé del tema del Golem, y él me dijo que, para él, ese cuento era una metáfora de la creación literaria, o sea, el mago es el escritor y el hijo que tiene en la mente son las obras literarias. Claro, estaba la cosa borgeana, ¿y qué tal si el mismo escritor es también un personaje literario?
-En su caso ha incorporado elementos de la literatura fantástica en los poemas. ¿Cuándo aparecieron sus fantasmas, antes o después de enseñar ese curso?
-Yo escribí los poemas de Mal de amor entre septiembre y diciembre de 1980. Ya estaba enseñando literatura fantástica en la Universidad de Iowa, porque yo llegué ahí en 1977 y el primer curso que propuse fue "El cuento fantástico hispanoamericano". Cito Mal de amor , porque ahí es donde aparece por primera vez el fantasma.
-¿En "Nacimiento del fantasma"?
-No. Es curioso, porque es el poema "En la vía pública", que dice: "estoy sentado en la puerta de mi casa/ esperando que pase el fantasma". Recuerdo haber hecho una pausa: "estoy sentado en la puerta de mi casa/ esperando..." ¿Esperando qué? "que pase..." ¿Quién? Y de pronto algo me dice "el fantasma". Y ahí empezaron a salir los fantasmas por todos lados.
-Incluso ha hablado del lector como fantasma.
-Ya tengo la marca registrada del fantasma y me funciona en muchas dimensiones. Está el fantasma que alguna vez fue el amante y que ha perdido su corporeidad porque en realidad era el amor lo que le daba cuerpo. Están esos fantasmas que son los lectores metidos dentro de las obras literarias. O los que yo llamo prefantasmas, que son anteriores a la gestación, junto con los fantasmas tradicionales que son los que aparecen después que uno se muere.
-¿Siempre necesita fantasmas para escribir?
-Siempre, aunque no aparezca la palabra fantasma en el poema. Son presencias, son apariciones, están ahí. Para mí son algo inherente al universo, son parte del mundo, como las plantas, las flores o las montañas. Los fantasmas son una presencia natural, entonces no me producen ni miedo ni nada desagradable. Los acepto nomás.
-El jurado de Casa de América destacó en su libro la ironía y su compromiso con el mundo contemporáneo. ¿Cómo lo ha afectado la guerra?
-Hay cosas que podríamos llamar sociales y otras personales. Yo no he estado en la guerra pero sí he visto a mis estudiantes ir a la guerra. Los he visto no ir a clases porque tuvieron que tomar un avión para irse a Irak. No es leer esto en el diario, son personas vivas. En una ciudad tan tranquila como Iowa City, donde aparentemente no pasa nada, de repente ves estos camiones llenos de militares que van a la guerra, y muchos de ellos no vuelven o vuelven dentro de un ataúd. Ves cuando están bajando los ataúdes de los aviones.
-Está por ejemplo, el poema "En la tumba del soldado desconocido". ¿Han muerto alumnos suyos?
-Claro... es muy fuerte. Tú los ves, unos chicos jovencitos, de veinte años... A mí ese poema me costó escribirlo.
-Hace un tiempo afirmó que tenía rabia con Dios por permitir que el mundo fuera como es. En su nuevo libro, en cambio, habla de su "vacío de Dios", que "es más grande que el tamaño de Dios", y en otro poema dice estar dispuesto a adorarlo sólo si cambia de sexo. ¿Ha asumido la rabia con ironía o ha cambiado su relación con Dios?
-Yo, como persona real, me considero un agnóstico. Todas esas vacilaciones y hasta contradicciones en mi relación con Dios son intentos de ir más allá de mi agnosticismo. Salgo en busca de una respuesta o de otra, pero hasta el momento sigo regresando con las manos vacías. El que toma determinadas posturas en los poemas es uno, y yo soy otro. No hay una equivalencia exacta entre los dos. Ese poema, "De la naturaleza de Dios", dejó la escoba cuando lo leí en Córdoba. A las mujeres les encantó, pero es fuerte. Sé que hay gente que hasta se podría ofender con él.
-¿Le importa que alguien se ofenda?, ¿qué libertad le da al poeta?
-A mí me censuran los demás. El gobierno militar me censuró Mal de amor (1981), pero yo no me autocensuro nunca; lo que siento que tengo que decir en el poema lo digo, se ofenda quien se ofenda. Después me preocupo. Hay un yo mío -el que hace los poemas- que es muy irreverente y libre, y otro -el que ya dejó de escribir los poemas, el ciudadano- que pertenece a una sociedad y dice "Pucha, este poema puede ofender a alguien". Yo opté por dejar que el poeta haga lo que quiera y como ciudadano hago lo mío. Ese poeta es irresponsable. Pero como persona soy muy responsable. El problema es cuando el ciudadano usa al poeta como coartada para su irresponsabilidad.
En la tumba del soldado desconocido
¡Oh, Dios, qué hermosa es la guerra!
GUILLAUME APOLLINAIRE
Con qué alegría marchan los hombres a la guerra
Con qué entusiasmo limpian y cargan sus fusiles
Con qué fervor cantan sus himnos de combate
Con qué ansiedad toman su puesto en la trinchera
Con qué inquietud oyen el ruido de las bombas
Con qué insistencia silban las balas en el aire
Con qué lentitud corre la sangre por su frente
Con qué estupor miran sus ojos el vacío
Con qué rigidez yacen sus cuerpos en el barro
Con qué premura son arrojados en la fosa
Con qué rapidez son olvidados para siempre
Poema inédito de En un abrir y cerrar de ojos
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