
El caos primigenio
Una huella de ese instante en el que el magma indefinido se convierte en cosmos perdura en la exposición Estados de la materia, en la Fundación Klemm
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Tanto el pensamiento religioso como la razón primitiva suelen fundar el origen de todas las cosas en el instante en que surge el cosmos a partir del caos primigenio. El caos no es un mero desorden, sino el magma indefinido que contiene todo en potencia. Es la matriz de lo que será, pero en ella todo carece de forma. El proceso por el que los seres se constituyen (según se narra en la Teodicea, de Hesíodo, en la Biblia o en las cosmogonías mesopotámicas) implica un cambio radical en los estados de la materia. Por lo general se pasa de lo gaseoso a lo líquido y de lo líquido a lo sólido ("de la noche, hizo luz"). Pero eso es, en el fondo, una simplificación casi absurda, porque en el caos nada es ni sólido ni líquido ni gaseoso. Todo está en transmutación.
La gran pregunta, una de las que funda el pensamiento occidental en su alborada griega, es: cómo es posible que haya algo -nosotros, los ríos, las pulgas, los planetas- en vez de que no haya nada. Cómo es posible que haya surgido todo lo que existe. Lo que existe (que antes era parte de lo indefinido) ahora tiene forma. Una huella de ese instante en el que el caos se convierte en cosmos perdura en la muestra Estados de la materia, que reúne obra de Elba Bairon (La Paz, desde 1967 vive y trabaja en Buenos Aires), Leo Battistelli (Rosario, 1972), Víctor Grippo (Junín, 1936- Buenos Aires, 2002), Miguel Harte (Buenos Aires, 1961) y Ariadna Pastorini (Montevideo, 1965, desde 1985 vive y trabaja en Buenos Aires).
Los artistas convocados por la curadora Mercedes Casanegra no sólo pertenecen a generaciones diferentes, sino que sus producciones surgen de preocupaciones que tienen poco y nada en común. Sin embargo, vistas en conjunto, estas obras parecen haber sido creadas especialmente para esta muestra, que funciona como un espacio de resonancias en el que cada obra vibra metafórica y formalmente en las otras.
Desde hace una década, Battistelli viene reflexionando sobre lo transitorio a través de la metáfora del agua: sus esculturas, instalaciones y fotografías congelan lo fluyente. Su obra Nado brinda una imagen poética muy sutil de las burbujas que produce el cuerpo de un nadador que atraviesa el Paraná en estilo mariposa. Hay una insistencia en el detalle, la luz, lo fugaz que transforma las obras de este artista en bellísimos memento mori: aun en medio de la gloria, no olvidamos que somos mortales.
Bairon produce objetos que están en busca de su forma definitiva; sin embargo, nunca alcanzan el estado completamente definido. Sus sensuales esculturas orgánicas dibujan sutiles instancias que recorren la materia hacia su consolidación. Ella es una artista más preocupada por el proceso que por el resultado. Mejor dicho: su resultado es poner en evidencia el proceso por medio del cual las cosas devienen lo que son.
De la muy amplia obra de Grippo -un artista que trabajó con materia orgánica y con mecanismos de producción de energía; era un físico-químico inspirado en la alquimia- aquí se presenta una serie de su última muestra individual, Anónimos, unos yesos patinados que remiten a la figura humana, pero desdibujada, sin rasgos reconocibles. Fruto de una mirada tierna, dolida de sus destinos anónimos, estas esculturas humanoides de Grippo presentan también su costado más desencantado.
Desde hace dos décadas, Pastorini inventa formas que no se condicen con nada de lo que se puede encontrar en la vida doméstica, pero lo parecen. Sus esculturas blandas, sus trajes para nadie, son como fantasmas que habitan nuestros recuerdos: talismanes que nos salvan de peligros que no conocemos y que nos remiten a un pasado que quizá no vivimos, pero que es más real que el que recordamos.
Inventor de un mundo que oscila entre una cochina imaginación infantil (repleta de orificios corporales, derrames viscosos e insectos) y una forma pulida y brillante, Harte presenta en esta muestra su obra Oscuridad, completamente negra. Enfrenta al espectador apenas ingresa en la sala. Es la imagen más verosímil del caos primigenio, del que surgió todo lo que existe. Pero se trata del caos visto en el momento en el que aún no era posible ni siquiera la existencia de la luz; esa llama que permite ver las formas diversas y diferenciar los objetos.
Estados de la materia es un viaje imaginario que nos transporta a otro mundo, que es como su matriz o su recuerdo. Pero sin el cual nuestro mundo no tendría sentido.




