
El "chivo expiatorio", una costumbre argentina al analizar las crisis del país
María Sáenz Quesada y José I. García Hamilton advirtieron sobre una tendencia victimista
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La tendencia a atribuir a culpas ajenas las debilidades institucionales del país fue advertida por María Sáenz Quesada y José Ignacio García Hamilton, en un debate coordinado por Nelson Castro, en el ciclo "Cara a cara con los intelectuales", organizado por LA NACION y la empresa Zurich.
El público aplaudió la presencia de Félix Luna en el Centro Cultural Borges, cerca de Horacio Reggini, Florentino Sanguinetti, Solange Fernández Ordóñez, y del director de Zurich, Santiago del Sel, entre otros.
Al referirse a la decadencia argentina, que en 1913 tenía un PBI per cápita más alto que Francia, García Hamilton dijo que se ha difundido la visión de que somos víctimas, que la mendicidad es un derecho y cabe la rebelión contra la supuesta injusticia del sistema. "Acá, el mejor amigo del hombre no es el perro, sino el chivo expiatorio", dijo.
Sáenz Quesada coincidió en que se instaló la idea de que somos víctimas más que gestores del propio destino. Una amiga le dijo: si a un chico francés le va mal en un examen, se pregunta: "¿En qué me equivoqué?", mientras que un chico argentino dice: "Me bocharon". A la vez, estimó que hay una idea reiterada en la Argentina, que cuando nos va bien, nos parece que va a ser siempre así, que no hay que prever. Ya Pellegrini observaba que se decía "Tata Dios es argentino", por esa arraigada creencia. Ella observó que ahora hay "una tendencia a un gran optimismo, que creo que puede ser fugaz".
Buceando en las raíces de la inestabilidad institucional, García Hamilton criticó que en 1908 se inició una campaña de educación patriótica para homogeneizar a los hijos de inmigrantes; por un lado había triunfalismo, de donde se cae con frecuencia en la depresión. Esa campaña introdujo en la educación del libre pensamiento, gratuita, una exaltación de la víctima, el militar que muere pobre, el gaucho pobre que se hace violento. Buscó en tendencias culturales y educativas el germen de la revolución de 1930. Si el golpe se hizo sólo con cadetes del Colegio Militar, era porque ya había una cultura en ese sentido. Cuestionó el golpe de 1943, que, dijo, se hizo contra el sistema representativo y las instituciones liberales y se basaba en una concepción que funde lo nacional con lo católico y lo militar.
Educación patriótica
Diferenciándose, Sáenz Quesada acentuó aspectos positivos de aquella educación patriótica que asimiló a los hijos de inmigrantes a una sociedad que desconocían; comparó el pánico que entra en Europa ante las oleadas de inmigrantes y dijo que en la Argentina la discriminación no es un rasgo dominante. Indicó que conservadores como José Aguirre Cámara reconocieron años después que habían sido implacables en la crítica a Yrigoyen, que era un "gobierno manso". Opinó ella que hubo grupos civiles que apoyaron los golpes por afán de llegar al botín del poder. Pero hoy en democracia, apuntó, esa actitud aparece en la idea "el que tiene la mayoría se queda con todo".
Cuando García Hamilton criticó a las corrientes antiliberales del revisionismo, Sáenz Quesada sostuvo que también la historiografía liberal mostró una tendencia a excluir a los caudillos, a ignorar al otro, "cuando estamos en el mismo barco".
García Hamilton dijo que la tendencia al caudillo está en la gente, que busca que alguien de afuera conquiste para ella la libertad y luego queda sumisa ante él.
Opinaron sobre presidentes y épocas. De Duhalde, dijo el escritor que no le parece que haya hecho la mejor elección de un candidato que le suceda. Dijo compartir de Kirchner su preocupación por los derechos humanos -aunque no se lo haga de la mejor forma, quizá con visiones parciales- pero estimó que formó la Corte con figuras afines, no como Mitre, y que si bien la situación económica está mejor, hay avances sobre la prensa y las instituciones. Criticó la reforma constitucional de 1994 y la reelección, que no llevó a nada bueno. "Ya lo hemos visto", deslizó.
Sáenz Quesada estimó que Duhalde fue un pésimo gobernador bonaerense -por el Banco Provincia, la inseguridad-, pero como presidente tuvo dos aciertos: nombrar a Lavagna e irse, no pretender lo imposible. Del momento actual dijo que se remueven viejas heridas y se crean otras. "Hay una crispación en la sociedad, falta de comprensión del otro."

