
El choque entre dos civilizaciones
El próximo viernes, la nueva Biblioteca La Nación presentará Lituma en los Andes, de Mario Vargas Llosa. En esa novela, reaparece como protagonista uno de los personajes más importantes en el universo imaginario del escritor peruano y se asiste al combate entre la modernidad occidental y las creencias míticas de los indígenas
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En noviembre de 1993, el escritor peruano Mario Vargas Llosa recibió el Premio Planeta de Novela (España) por Lituma en los Andes , otorgado por un jurado compuesto por Alberto Blecua, Ricardo Fernández de la Reguera, José Manuel Lara, Antonio Prieto, Carlos Pujol, Martín de Riquer y José María Valverde. El premio consistía en cuatrocientos mil dólares y la edición de la novela, de la que se publicaron doscientos diez mil ejemplares.
Los lectores se reencontraron así con uno de los personajes más entrañables de la literatura de Vargas Llosa: el guardia civil Lituma, personaje de la novela La Casa Verde (1965) y uno de los protagonistas tanto de la obra de teatro La Chunga (1986) como de la novela ¿Quién mató a Palomino Molero? (1986). Pero si en esta última novela, Lituma era el tímido y torpe aprendiz del Teniente Silva, con quien resuelve la pregunta que da título al libro, en Lituma en los Andes reaparece ascendido a cabo y como responsable de un puesto militar en Naccos, un pequeño poblado ubicado en la puna, en plena zona minera de las montañas del Perú. En este cargo, acompañado por su adjunto Tomás Carreño, supervisa también las obras de construcción de una carretera estatal, acosado por el temor siempre presente de un posible ataque de los "terrucos" de Sendero Luminoso.
Lituma en los Andes se abre con el planteo de un enigma que recorre toda la novela y sostiene la intriga: la turbia desaparición de tres trabajadores de la región. Lituma, un representante de la cultura occidental en un mundo campesino e indígena, asume entonces una investigación policial que, si en un comienzo encuentra en la política los motivos de las desapariciones, y se las atribuye a los senderistas, muy pronto tendrá que incorporar la hipótesis mítica. Porque en ese mundo de apus -espíritus de las montañas- y de pishtacos -seres que le roban la grasa a los hombres para venderla a los extranjeros-, la explicación sobrenatural se impone, aunque Lituma no pueda concebirla: "¿Cómo era posible que esos peones, muchos de ellos acriollados, que habían terminado la escuela primaria por lo menos, que habían conocido las ciudades, que oían radio, que iban al cine, que se vestían como cristianos, hicieran cosas de salvajes calatos y caníbales? En los indios de las punas, que nunca pisaron un colegio, que seguían viviendo como sus tatarabuelos, se entendería. Pero en estos tipos que jugaban cartas y estaban bautizados, cómo pues". Y esa hipótesis sobrenatural y mítica habla, aunque el civilizado que es Lituma no pueda ni imaginarla, de sacrificios humanos y rituales de canibalización, esto es, de prácticas indígenas que siguen aún en vigencia.
Como en otras de sus novelas, Vargas Llosa narra el choque profundo entre dos mundos culturales: el mundo de la civilización y la modernidad opuesto al mundo de las tradiciones indígenas y en lucha contra él. Este choque produce una tensión que en Lituma en los Andes se resuelve -retomando de alguna manera una de las hipótesis de Martínez Estrada sobre la cultura americana- con el fracaso de la empresa modernizadora. El avance civilizador que implicaba la construcción de una moderna carretera se detiene y fracasa cuando las fuerzas de la naturaleza arrasan con todo. Lituma, enfrentado él también a esa herencia indígena, abandona sus certezas civilizadoras y comprende, casi derrotado, que su saber y su ciencia no sirven en un mundo que no hace sino expulsarlo: "Saber leer y escribir, usar saco y corbata, haber ido al colegio y vivido en la ciudad, ya no sirve. Sólo los brujos entienden lo que pasa".



