El crimen de Barranca Yaco

COMO SE MATA A UN CAUDILLO Por Martín Carrasco Quintana-(El Calafate)-185 páginas-($ 20)
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25 de abril de 2004  

Investigar a fondo las dramáticas circunstancias que rodearon el asesinato de Facundo Quiroga es adentrarse en la Argentina profunda, es tocar uno de los enigmas que están en la base de nuestro turbulento proceso de integración nacional.

Martín Carrasco Quintana, periodista de extensa y brillante trayectoria en la redacción de LA NACION, nos propone una experiencia apasionante: nos introduce en los entretelones del complejo juicio penal que se labró con motivo del crimen de Barranca Yaco y nos va revelando, paso a paso, el laberíntico recorrido de una causa judicial cargada de elementos psicológicos, sociopolíticos y ambientales que están en la esencia más honda de nuestro desenvolvimiento histórico.

El libro está articulado íntegramente sobre la base de un seguimiento riguroso de los trece cuerpos de expedientes (unas 1700 fojas útiles) que, con sus avances y retrocesos, con sus luces y sus sombras, permitieron identificar y condenar a los autores intelectuales y materiales de la muerte de Facundo.

La obra adquiere, así, un importante valor testimonial no sólo sobre un episodio clave del pasado argentino sino también sobre los usos y costumbres de la Argentina de la primera mitad del siglo XIX y, específicamente, sobre la manera en que se administraba justicia en ese tiempo.

Carrasco Quintana era, sin duda, el hombre indicado para encarar este original proyecto. Por un lado, fue siempre un profundo y apasionado conocedor de los avatares de la historia patria. Por el otro, durante sus largos años de actividad periodística se especializó en el seguimiento y la investigación de los procesos judiciales.

El libro tiene el ritmo de una virtual novela de época, que va hilvanando hechos, personajes y situaciones sugerentes y atractivos en el contexto de una colorida trama político-policial. El lector asiste al choque de intereses y pasiones en el que se insertó el asesinato del caudillo riojano. La narración de Carrasco Quintana permite ir descubriendo el rol que jugaron en ese hecho criminal algunos personajes notorios de aquella Argentina violenta y anárquica: los cuatro hermanos Reynafé --unidos para la conjura en su bastión cordobés, pero horrorosamente desleales entre sí a la hora de testimoniar ante la justicia--, Estanislao López, Juan Felipe Ibarra, Domingo Cullen y, por supuesto, Juan Manuel de Rosas, que desde Buenos Aires los envuelve a todos con su mirada inquisitiva. En torno de ellos se mueve un nutrido coro de baqueanos, postillones, rastreadores de huellas, maestros de postas, paisanos, merodeadores, cuyo testimonio irá ayudando al progreso de la causa y a reconstruir el hecho central: el pistoletazo atroz del mercenario Santos Pérez contra el ojo del legendario caudillo riojano.

La prosa elegante y rica de Carrasco Quintana contribuye de manera decisiva a que el viaje del lector desde la tragedia de Barranco Yaco, ocurrida en febrero de 1835, hasta los trágicos fusilamientos de la plaza de Mayo, consumados en octubre de 1837, donde fueron ejecutados los principales responsable del crimen, sea una travesía que nos acerca a lo más hondo del desasosiego histórico de los argentinos. Ese desasosiego que, como dice el autor, nos haría reincidir tantas veces, durante más de un siglo y medio, en el lacerante hábito de matarnos unos a otros.

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