El cuento como fragmento de vida
Por María Esther Vázquez LA NACION
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Miguel Russo conforma el arquetipo de periodista y de escritor que ofrecen las películas, preferentemente inglesas; alto, delgado, juvenil -no mayor de cuarenta años-, rápido en los gestos y con un cigarrillo entre los dedos. Pero como es argentino, no acepta ni una copa ni siquiera un café y, además, hace notar su apuro por volver lo más rápido posible a la redacción de la revista donde trabaja. Es autor de cuatro libros: dos de poesía, una novela y este último, Un lugar como cualquier otro , que acaba de aparecer, de cuentos.
-En el cuento -dice- me siento muy cómodo, no es que lo privilegie como género frente a la novela, pero sí como lo que yo puedo hacer. En la creación de la novela, el universo de esa novela debe girar alrededor de uno las veinticuatro horas del día y en la Argentina eso es imposible, por lo menos para mí. Porque todo lo que te rodea, en el trabajo o en la vida, es un universo caótico en el cual estamos inmersos continuamente. Hay gente que puede compartir esos mundos, yo no. Para mí es más fácil, más atractivo y me sale mejor escribir un cuento de una sentada y punto, aunque después lo corrija, lo cambie o lo tire; así escribí los cuentos de este libro; hubo uno escrito en una hora durante un viaje en tren.
- Caramba ¡qué suerte! ¿Cuántos y cómo son los cuentos de este libro?
-Son diez y son raros.
- El mundo es raro .
-Es cierto. Mis cuentos intentan reflejar el mundo cotidiano, no el de los grandes superhéroes de la historia, voy a lo mínimo. Siempre tengo la sensación con estos cuentos de haber llegado tarde al relato de una historia, que está siendo contada por otras personas, pero que me hubiera gustado oír desde el principio. Y, además, saber que me voy a ir antes de que esa historia termine. Narro sólo un fragmento. No está dicho de dónde vienen los personajes ni adónde van ni qué pasa al final. No son cuentos tradicionales. El cuento empieza y termina en cualquier momento. Se parece un poco a lo que ocurre en la vida; uno llega y se va y no pudo resolver lo peor de la humanidad.
- Entonces le das al lector la posibilidad de que él complete la historia.
-Sí. Los personajes son mezclas de personas que conozco.
- ¿Con cuáles protagonistas te sentís más cómodo, con los femeninos o con los masculinos?
-Con los hombres. Pero hay un cuento, el más raro de todos, donde habla una mujer. En realidad, creo que sé cómo puede reaccionar un hombre, pero no estoy demasiado seguro de las reacciones de una mujer.
- ¿Por qué el título del libro, Un lugar como cualquier otro?
-Ese es el título del último cuento que, ya te conté, escribí en el lapso de una hora viajando en tren. Al principio tuve solo el título y la sensación de que en una casa cualquiera, entrevista al pasar, uno podría llegar a ser irremediable e inmensamente feliz. Ahí, en ese lugar que parece un sitio común, sin nada especial, tan común como el de al lado o el de más allá. Es el cuento que más me gusta. La verdad, te repito, no me veo escribiendo novelas, sí cuentos y sigo con ellos y con la poesía, que es -como contrasentido- narrativa.
- ¿Cómo se conjugan en vos el periodista con el escritor?
-No se conjugan, cada uno tiene su lugar y no se interfieren. Creo que el escritor le pasa por encima al periodista. Pero éste me dio de bueno la rapidez en el tipeo y la posibilidad de conocer de cerca a la gente que uno admira.
- Eso puede ser muy bueno pero, a veces, decepcionante .
-Sí. Sin embargo, aun en ese caso, no deja de tener su fascinación.




