El cuervo y la paloma
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Dos inundaciones míticas, dos sobrevivientes destinados a restaurar la vida en la Tierra – Utnapishtim y Noé–, dos aves protagónicas. En la Biblia, fue una paloma la que, al portar una rama de olivo en el pico, anunció que las aguas se habían retirado. En el Poema de Gilgamesh el encargado de hacerlo fue un cuervo. Las dos aves, parece, acompañan desde muy temprano la extraña aventura de la humanidad. Occidente identificó con la paz a una y con las oscuridades ominosas al otro; las ciudades vienen alternando entre convivir o hartarse de la presencia a veces omnipresente de una o ambas especies. En esta foto tomada en San Petersburgo, un cuervo y una paloma parecen dos transeúntes más en la Plaza del Palacio. A prudente distancia de los humanos, quizás sepan que los tiempos de Gilgamesh y Noé pasaron hace rato, tanto como aquel breve –y alado– momento de gloria
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