El décimo hombre
Después de bastante tiempo de comunicarnos solo por el omnipresente WhatsApp nos fuimos a tomar un café con un amigo que trabaja en una corporación muy grande, muy importante y muy competitiva. Charlamos de muchas cosas –el tiempo se fue volando–, pero me contó algo que me llamó mucho la atención, y que creo que es muy significativo en este país (este mundo) agrietado. Me dijo que en ciertas reuniones, si el consenso es más o menos homogéneo, uno de los participantes debe asumir el rol de disentir. Pero no alcanza con simplemente no estar de acuerdo, con el no porque no, el no porque la consigna sagrada dice que no. Por el contrario, al asumir este rol debe argumentar su disenso y tratar de ganar el apoyo de algunos de los que hasta ese momento estaban a favor de la idea opuesta. Esto se conoce como Regla del Décimo Hombre y busca desactivar el sesgo del pensamiento en grupo; explicar este sesgo llevaría varias páginas, pero todos hemos experimentado alguna situación en la que un conjunto de personas toma una mala decisión simplemente para conservar la cohesión del grupo.
¿Le suena? Por supuesto que sí. Así que ahí está. Una idea muy interesante: disentir y que eso no sea una amenaza; todo lo contrario.








