El diseño inteligente no es una teoría científica, dicen en Roma
Lo sostiene un artículo publicado por L´Osservatore Romano
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ROMA (The New York Times).- Esta semana, el periódico oficial del Vaticano publicó un artículo en el que calificó de correcta la reciente decisión de un juez de Pennsylvania que establece que el diseño inteligente no debe enseñarse como alternativa científica a la evolución. "Si el modelo propuesto por Darwin no se considera suficiente, debemos buscar otro", escribió Fiorenzo Facchini, profesor de biología evolutiva de la Universidad de Bolonia, en L´Osservatore Romano.
"Pero desde el punto de vista metodológico no es correcto desviarse de campo de la ciencia cuando se pretende hacer ciencia", escribió, con lo que calificó el diseño inteligente de teoría no científica. "Eso sólo crea confusión entre el plano científico y los planos que pueden ser filosóficos o religiosos."
El artículo no se presentó como postura oficial de la Iglesia. Pero en el mundo sutil y deliberadamente ambiguo del Vaticano, el comentario resultó notable, dada su incidencia sobre un tema delicado que es objeto de acalorados debates desde la asunción del Benedicto XVI.
Los defensores de la enseñanza de la evolución recibieron con júbilo el artículo. "Facchini señala que no hay necesidad de ver una contradicción entre las enseñanzas católicas y la evolución", dijo el doctor Francisco Ayala, profesor de biología de la Universidad de California y ex sacerdote dominico.
Pero Robert L. Crowther, vocero del Centro de Ciencia y Cultura del Discovery Institute, organización de Seattle dedicada a investigar el diseño inteligente, desestimó el artículo y otras declaraciones recientes de católicos importantes que defienden la teoría de la evolución. Prestarles atención era simplemente tratar de poner esas palabras en boca del Vaticano, según afirmó.
L´Osservatore Romano es el periódico oficial del Vaticano y básicamente representa sus posturas, aunque no todos sus artículos reflejan la política oficial de la Iglesia. Al mismo tiempo, no se espera que ofrezca un artículo que disienta profundamente de esa política.
El 20 de diciembre, un juez federal norteamericano determinó que las escuelas no podían presentar el diseño inteligente como alternativa de la teoría de la evolución. En el artículo de L´Osservatore, Facchini escribió que los científicos no podían descartar el "diseño superior" divino en la creación, pero agregó que el pensamiento católico no excluía la posibilidad de un diseño modelado por medio de un proceso evolutivo.
Sin cuestionamientos
En julio pasado, Christoph Schoenborn, un cardenal austríaco próximo a Benedicto XVI, puso en cuestión la enseñanza oficial de la Iglesia durante años: que el catolicismo y la evolución no son necesariamente contradictorios.
En un artículo de opinión en The New York Times, desmereció la importancia de una carta de 1996 en la que el papa Juan Pablo II decía que la evolución era "más que una hipótesis". Schoenborn escribió: "La evolución puede ser verdadera en el sentido de un linaje común, pero la evolución en el sentido neodarwiniano, como un proceso arbitrario y no planificado de variación azarosa y selección natural, no es verdadera".
No existe ningún cuestionamiento científico creíble de la idea de que la evolución explica la diversidad de la vida en la Tierra, pero los defensores del diseño inteligente plantean que la vida biológica es tan compleja que seguramente fue diseñada y planificada por un autor inteligente.
Al menos dos veces Benedicto XVI ha señalado su preocupación por este tema. En abril, cuando fue formalmente designado papa, dijo que los seres humanos "no son un producto casual e insignificante de la evolución". En noviembre, dijo que la creación del universo era un "proyecto inteligente", palabras que fueron celebradas por los partidarios de esa tendencia.
Muchos científicos católicos han criticado el diseño inteligente, entre ellos el reverendo George Coyne, un jesuita que dirige el Observatorio Vaticano. "El diseño inteligente no es ciencia, aunque pretenda serlo. Debe transmitirse dentro de la enseñanza de la religión o de la historia cultural, no en el campo de la ciencia", afirmó.
En octubre, Shoenborn quiso esclarecer sus propios comentarios, diciendo que no pretendía cuestionar la ciencia de la evolución sino lo que denominó "evolucionismo", el intento de usar la teoría para refutar el protagonismo de Dios en la Creación. "No veo dificultades para unir la creencia en el Creador con la teoría de la evolución, pero con el prerrequisito de que se mantengan los límites de la teoría científica", dijo en una alocución.
Kenneth R. Miller, profesor de biología y católico, comparte esa opinión. "Mientras la ciencia no pretenda ser capaz de responder a temas espirituales, está bien", dijo. Miller, quien prestó testimonio en el juicio desarrollado en Dover, Pennsylvania, que cuestionaba la enseñanza del diseño inteligente, dijo que Facchini, Coyne y Shoenborn estaban confirmando el "pensamiento católico tradicional".
"El proyecto de la creación de Dios puede desarrollarse por medio de causas secundarias del curso natural de los acontecimientos, sin tener que acudir a intervenciones milagrosas que apuntan hacia una u otra dirección", escribió.
El debate sobre las teorías de la creación y la evolución
Los defensores del diseño inteligente plantean que la vida biológica es tan compleja que no puede ser resultado del azar sino fruto de la planificación de un autor inteligente.
Al menos en dos oportunidades el Papa señaló su preocupación sobre este tema, suscitando así preguntas respecto de sus opiniones.
George Coyne, director del Observatorio Vaticano, ha dicho que el diseño inteligente "no es ciencia aunque pretenda serlo" y que "debe enseñarse dentro del campo de la religión o de la historia cultural, no en el campo de la ciencia".




