
El doloroso recuerdo de una sobreviviente
Encuentro: a los 37 años, la joven Emilce Moler, una de los tres que sobrevivieron a la represión en el trágico episodio de 1976, vive hoy en Mar del Plata y se define como una ex detenida desaparecida.
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Una sobreviviente desconocida de la noche de los lápices asomó ayer su rostro, a 20 años del trágico acontecimiento, mientras unos 8000 estudiantes marcharon ayer hasta la Casa de Gobierno, en una movilización que dejó a su paso secuelas de disturbios focalizados. Radicada hoy en Mar del Plata, Emilce Moler, de 37 años, recordó en diálogo con La Nacion su inagotable calvario, que la llevó durante más de dos años por distintos centros clandestinos de detención, hasta que fue liberada en 1979.
Ahora está casada y tiene tres hijos, pero no olvida el amargo trance que pasó en septiembre de 1976 junto con otros nueve compañeros de estudio, de los cuales sólo tres hoy están con vida.
La conmemoración del cruento episodio llevó a la Federación Universitaria Argentina, a la Ctera y otros organismos a una marcha por las calles porteñas, en la que grupos identificados con sectores de izquierda tiraron bombas de estruendo contra la Casa de Gobierno y provocaron disturbios.
La noche de los lápices tiene otros rostros
MAR DEL PLATA.- "Lamento contradecir al tango, pero para mí 20 años es mucho, tanto como el dolor que, en este caso, el tiempo no parece capaz de atenuar. Ojalá yo también pudiera decir que son nada".
Así, con resignación y con el brillo de los ojos empeñado en convertirse en lágrimas, Emilce Moler, una de las tres sobrevivientes de la tragedia que la historia anotó como la noche de los lápices, resumió en unas pocas palabras el significado que para ella tiene este vigésimo aniversario del siniestro episodio.
A los 37 años, casada y con tres hijos, esta pequeña mujer que continúa "apostando a las utopías" y no reniega de sus ideales de entonces se sigue definiendo como una "ex detenida desaparecida más que como una sobreviviente".
Emilce es una de las tres personas que sobrevivieron a la trágica represión a estudiantes en La Plata, junto con Pablo Díaz y otra estudiante que, tras ser liberada, emigró a Europa.
"Para algunos tal vez yo sea una reliquia de los años setenta, pero me parece que seguir luchando por un mundo más justo, libre y en el que la dignidad no sea un trofeo reservado para unos pocos es una actitud que no puede abandonarse, porque a alguien se le ocurra que estas cosas pasaron de moda", subrayó, al recibir a La Nacion.
Exilio interno
Aunque prefiere no recrear los detalles de aquella horrorosa madrugada del 16 de septiembre de 1976 y los años que la siguieron, no elude rememorar esa noche en La Plata, cuando un grupo de enmascarados armados ingresó a la vivienda que compartía con su familia buscando a "una chica que estudiaba Bellas Artes". "Como no sabían bien a quién tenían que chupar dudaban entre llevarse a mi hermana mayor o a mí. Inclusive uno de ellos dijo que yo no podía ser porque era muy joven", explicó Emilce.
"Finalmente, se decidieron y luego de encapucharme me metieron en un auto y me trasladaron hasta el lugar conocido como Pozo de Arana. Por allí pasaron también Claudia Falcone y Francisco López Montaner", recordó. Ellos, al igual que Horacio Ungaro, María Clara Cioccini, Daniel Racero y Claudio Acha jamás volverían a ser vistos con vida.
"Después pasamos por la Brigada de Investigaciones de Quilmes y otros sitios que no pude identificar. Lo que sí tenían en común es que en todos estábamos vendados y atados, sometidos a torturas físicas y psíquicas y esperando el momento en que alguno de los simulacros de fusilamiento dejara de ser eso, solamente un simulacro", relató.
Sostuvo que cuando llegó a Devoto la legalizaron y al año la pusieron en libertad vigilada, pero con una condición: debía dejar La Plata. "Ese requisito no sólo cambió mi vida para siempre sino que alcanzó también a mi familia, pues todos nos mudamos a Mar del Plata", aseguró.
"Aunque hoy esta ciudad es nuestro hogar, en ese momento sentimos que se nos condenaba a un exilio interno. Sin parientes ni amigos y con la obligación de ocultar la pesadilla que comenzó aquel 16 de septiembre", prosiguió en el relato.
La reconstrucción
Para Emilce Moler y su familia nada fue fácil desde entonces y aquella joven de 20 años sólo pudo completar sus estudios en 1979, cuando rindió libre el quinto año que la violencia del régimen militar interrumpió con el horror que ninguno de ellos imaginó jamás. "Recuerdo que di todas las materias libres en el Colegio Nacional Mariano Moreno y el examen de Filosofía me lo tomó un profesor muy cálido llamado Blas Aprile, el mismo hombre que hoy es el intendente de esta ciudad", acotó.
"En ese momento ni él ni los demás docentes de la escuela sospechaban por qué una chica desconocida tenía tanta urgencia por rendir todo el curso en un solo turno.
"Al igual que otros -señala-, reconstruí mi vida como pude después de esa amarga experiencia, aunque cuando digo reconstruir prefiero poner este concepto entre comillas, porque no se puede olvidar, especialmente ahora que miro aquello desde la perspectiva de mis 37 años".
Memoria
En este sentido, Emilce, hoy profesora de matemática en la Facultad de Ingeniería local, hace hincapié en forma permanente en la necesidad de mantener viva la memoria de ese pasado infausto. "Cuantos más años pasan, más aberrante me parece todo aquello, pues éramos chicos de 15, 16 o 17 años y no se nos permitió nada. Por eso deseo desencriptar lo que sucedió la noche del 16, cuando en La Plata fueron muchos los estudiantes detenidos, de los cuales son numerosos los que aún están desaparecidos", puntualiza. Y especialmente -añade-, más allá de que la historia de la noche de los lápices quedó marcada por la suerte de ocho chicos, deseo que el recuerdo se haga extensivo a los demás compañeros ausentes, que merecen el mismo homenaje".
Tironeos y bombas de estruendo
En una marcha dominada por tironeos entre distintas organizaciones para capitalizar el protagonismo de la movilización, más de 8000 estudiantes marcharon ayer desde el Congreso hasta la Plaza de Mayo para conmemorar los 20 años de la trágica noche de los lápices.
La concentración se realizó en homenaje a los siete estudiantes secundarios que en 1976 fueron secuestrados luego de reclamar la instrumentación, en La Plata, de un boleto estudiantil. Fue convocada por la Federación Universitaria Argentina (FUA) y la Ctera, pero desde un primer momento se advirtió la presencia de sectores vinculados con agrupaciones de izquierda, como el Partido Obrero, la Corriente Patria Libre, Quebracho y el Movimiento de la Juventud Organizada Revolucionaria, entre otros. Muchos de ellos se desplazaron con las caras cubiertas.
Dirigentes de estas agrupaciones lograron torcer el rumbo de la marcha, prevista inicialmente hacia el Ministerio de Educación, y la condujeron hacia la Casa de Gobierno, donde grupos exaltados hicieron estallar bombas de estruendo contra el frente del edificio, sin consecuencias. Los manifestantes más revoltosos partieron nuevamente hacia el Congreso, por Avenida de Mayo, y en el camino se observaron intentos de grupos individuales que provocaron destrozos en algunos comercios. La protesta derivó en el encendido de bolsas de basura y el lanzamiento de piedras y elementos contundentes contra la sede de laIntendencia municipal, además de la quema de una bandera de los Estados Unidos.


