El hombre y su época
HEGEL Por Jacques D` Hondt-(Tusquets)-Traducción: Carlos Pujol-408 páginas-($ 44)
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La complejidad de la filosofía de Hegel y la enorme influencia que tuvo en las más variadas corrientes filosóficas contemporáneas lo convirtieron en un autor difícil de divulgar a un lector no especializado. Para transmitir su pensamiento de una manera inteligible se lo ha presentado en relación con instancias diversas: entre muchas otras, la revolución francesa, la monarquía prusiana, el marxismo, la fenomenología y el estructuralismo. Es un recurso de trabajo legítimo y fructífero, pero conduce a simplificaciones inevitables. Y cuando éstas se desprenden del contexto en que se originaron, sólo subsisten resúmenes y frases hechas, que luego quedan inconmoviblemente asociadas al nombre de Hegel en la mente del público.
Hasta el día de hoy, una de las imágenes más difundidas del gran pensador suabo sigue siendo la de filósofo oficial de la restauración prusiana, a pesar de que esta tesis, que se cristalizó en 1857 (casi treinta años después de la muerte de Hegel) con la publicación del libro Hegel y su tiempo de Rudolf Haym, ha sido desde entonces refutada por varios investigadores. Entre ellos, Jacques D´ Hondt, profesor honorario de la Universidad de Poitiers, fundador del Centro de Investigación y Documentación sobre Hegel y Marx, y miembro del comité directivo de la Hegel-Vereinigung. Por lo menos seis de los ocho libros sobre Hegel que escribió D´ Hondt fueron traducidos al español: Hegel, filósofo de la historia viviente (Amorrortu, 1971), De Hegel a Marx (Amorrortu, 1974), Hegel secreto (Corregidor, 1976), Hegel y el hegelianismo (Publicaciones Cruz), La ideología de la ruptura y ahora su último trabajo, Hegel .
Hegel es una biografía sólida y sugestiva, en la que el profesor D´ Hondt se propone purgar la figura del filosófo de lugares comunes, situándolo en el ambiente político, cultural y religioso en el que se desarrollaron su vida y su pensamiento. Hegel, que definió el despotismo como la ausencia de constitución política, siempre vivió bajo regímenes despóticos. Algunos ejemplos: creció y estudió en el ducado de Württemberg, trabajó como preceptor en una Berna gobernada por la oligarquía de los Doscientos, escribió la Fenomenología del espíritu en Jena, ciudad del ducado de Sajonia-Weimar, y culminó su carrera como profesor universitario en Berlín, capital del reino de Prusia, que no tuvo una constitución hasta 1848, diecisiete años después de la muerte del filósofo. En esta constante D´Hondt encuentra el mayor obstáculo y, a la vez, su hipótesis de trabajo: la doctrina de Hegel se desarrolló en un clima totalitario y opresivo que no le permitía decir todo lo que pensaba. Pero, argumenta el biógrafo, tanto en su vida pública como en su obra publicada asoman gestos y declaraciones arriesgadas que invalidan una visión monolítica de su persona y pensamiento. Estas pistas, unidas a un análisis de las cartas de Hegel, del círculo de sus amistades y de las obras que se abstuvo de publicar, constituyen la madeja que D´ Hondt desovilla.
A lo largo de las páginas de Hegel se va estableciendo una continuidad, matizada por ambivalencias, entre el joven seminarista que se entusiasmó con la Revolución Francesa y probablemente festejó el regicidio de 1793, el cuarentón que se lamentaba amargamente en una carta clandestina por la derrota de Napoleón, y el Herr Professor cuyos ayudantes eran activistas perseguidos por la policía prusiana. Desde luego, D´Hondt no pretende convertir a Hegel en un revolucionario ni en un propagandista subversivo, pero deja fuera de toda duda que sus ideas políticas no simpatizaban con las del rey de Prusia. Hegel fue convocado a Berlín en 1817 (asumió la cátedra en 1819) bajo la égida del canciller reformista Karl August von Hardenberg, cabeza de la corriente que había revitalizado el poder prusiano e impulsado la coalición que venció a Napoleón. La meta de los reformistas era modernizar el país y eventualmente reunificar Alemania, y habían obtenido del rey la promesa de darle al pueblo una constitución política. Superado el escozor por la derrota napoléonica, Hegel adhiere a esta causa nacional prusiana, a la que se opone la nobleza. Cuando muere Hardenberg en 1822 se impone el criterio restauracionista de la corte, Prusia queda a la espera de una constitución durante un cuarto de siglo más, y Hegel pierde su protección gubernamental.
Aunque central en el desarrollo del libro, ésta es una de las muchas huellas, algunas más tenues que otras, que D´Hondt rastrea, apoyándose en una monumental documentación y en una profunda familiaridad con Hegel y su obra. A veces da la impresión de estar hablando de un colega muerto poco tiempo atrás, a quien conoce tanto que puede conjeturar sobre sus motivos ocultos con una verosimilitud muy cercana a la verdad. La biografía, además de una investigación histórica, es un género literario, y el estilo de D´ Hondt se combina con sus conocimientos para lograr el fin que persigue: volver insostenible cualquier imagen momificada de Hegel. Con una gracia y claridad de prosa que por cierto no aprendió leyendo al filósofo de enrevesada pluma, D´ Hondt hace un apto uso narrativo de los instrumentos conceptuales pergeñados por su maestro. Estudia, observa, yuxtapone contradicciones sin elegir uno de los términos y propone hipótesis que den cuenta de ambos. Configura así el retrato de una época y el del filósofo que la pensó, sin apelar a un punto de vista que excluya otros posibles. Para satisfacción tanto del lector iniciado como del neófito, D´ Hondt no busca el saber absoluto sobre su biografiado.
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