
El interesante camino a la tumba de San Pedro
Mariano De Vedía
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La Basílica de San Pedro esconde en su interior una máquina del tiempo, que conduce a los orígenes más entrañables de la historia cristiana. Las excavaciones iniciadas en los tiempos del papa Pío XII, entre 1939 y 1958, permitieron reconstruir el camino al corazón de la Iglesia: el lugar donde fueron depositados los restos del apóstol San Pedro, víctima de la persecución de Nerón, en el año 67 de nuestra era.
Hoy ese sitio puede visitarse, en grupos reducidos, y a medida que se desciende en un trayecto serpenteante, rodeado por sepulturas paganas y cristianas de los primeros dos siglos de la era cristiana, es inevitable sentir un impacto interior tan profundo como el silencio y los secretos que guardan los muros que sobrevivieron a los tiempos.
Por tradición, siempre se supo que en el siglo IV, en la colina vaticana, sobre el sitio donde se había colocado la tumba de Pedro, en medio de un cementerio en las afueras de Roma, el emperador Constantino había construido una basílica en agradecimiento a su conversión al cristianismo, luego de que una cruz se le apareciera en el cielo y lo ayudara a triunfar en la batalla de Majencio, en el año 312.
Todavía vivían en ese tiempo descendientes de los cristianos que habían acompañado a los apóstoles y conocían el lugar donde había sido sepultado Pedro y al que muchos iban a venerar.
Tan identificada tenía Constantino la sencilla y austera sepultura que la hizo proteger con una urna funeraria, conocida como Trofeo de Gayo, luego sellada con un muro rojo, para evitar que fuera afectada por eventuales represalias y filtraciones de agua. Ese signo indicaba que allí se encontraba alguien digno de ser venerado.
La basílica de Constantino construida sobre ese tesoro perduró durante doce siglos, hasta que fue demolida para levantar la actual Basílica de San Pedro, en el siglo XVI. Bajo el templo, todo quedó cubierto de tierra, hasta que las excavaciones de Pío XII permitieron reconstruir el sendero a las primeras tumbas y localizar la sepultura de Pedro.
Tras remover más de 50.000 metros cúbicos de tierra, los arqueólogos recuperaron 22 sepulturas y descifraron inscripciones muy significativas en los muros, como las que señalan "Petros eni" ("Pedro está aquí") y otros signos llamativos, como la letra P con tres rayas horizontales que forman el dibujo de una llave.
La sepultura se encuentra justo debajo del Altar de la Confesión, que señala el nivel de la basílica constantiniana en la actual Basílica de San Pedro, y por encima de ella está el imponente Baldaquín de Bernini, que custodia no sólo el altar donde hoy celebra el Papa, sino el origen más estremecedor de la era cristiana.
mvedia@lanacion.com.ar
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