El lado oscuro de Henry Ford

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23 de enero de 2002  

El historiador Neil Baldwin ha sacado a relucir en su libro Henry Ford and The Jews. The Mass production of Hate el aspecto más controvertido de la vida del gran industrial norteamericano: su antisemitismo. Los orígenes del odio que Ford sentía por los judíos se remontaban a la niñez. De chico, Henry adoraba a los McGuffey Readers, que predicaban las virtudes critianas al mismo tiempo que condenaban a los "asesinos" de Jesús.

Siendo ya adulto, Ford incurría a menudo en aberraciones. Por ejemplo, uno de los empleados en quien más confiaba era W. C. Cameron, partidario de los British Israelites (precursores del actual movimiento Christian Identity), según los cuales los verdaderos judíos eran los anglosajones. Ford empezó a publicar su propio diario, The Dearborn Independent , en 1919. Tenía una columna que, en realidad, escribía el citado Cameron. En esos artículos Ford-Cameron desplegaba lugares comunes y hacía gala de intolerancia y falsa piedad religiosa. Ford debió cerrar la publicación en 1927, acorralado por los juicios en su contra, y disculparse ante la comunidad judía. La disculpa fue formal más que sentida. Ford conservaba en su escritorio un retrato de Hitler.

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