El mapa de un mundo nuevo
Alessandro Baricco, el autor de Seda y de City , que acaba de aparecer en la Argentina, es uno de los escritores italianos más populares y prestigiosos de Europa. En sus obras, el deseo de narrar se combina exitosamente con la experimentación formal
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Alessandro Baricco -una de las nuevas voces de la literatura italiana- nació en Turín en 1958. En 1991 irrumpió en el panorama de la nueva generación de escritores con una novela, Tierras de cristal , a la que le siguieron Océano mar , Novecento , Seda y, por último, City .
La literatura de Baricco ha desafiado a la narrativa tradicional y al opuesto experimentalismo lingüístico de su país, introduciendo una nueva manera de concebir la novela. En sus libros, se pueden observar dos fenómenos fundamentales: la utilización de algunas técnicas del relato verdaderamente originales en Italia y una renovada relación con el lector. En Océano mar , los párrafos siguen en muchas ocasiones el sonido cadencioso de las olas y su resaca; en Seda , Baricco llegó a descomponer la prosa, despojada y descarnada hasta el extremo, en versos de eufónica escansión: "De improviso / sin siquiera moverse / aquella jovencita / abrió los ojos"; en City , el lector es quien arma y desarma la trama del libro.
"La historia de mis libros -explica Baricco- acaba de cumplir diez años. Tierras de cristal , mi primer libro, es el que para mí más se acerca a City , el último que escribí. Estos dos libros se asemejan mucho entre sí: contienen muchas historias, tienen una estructura compleja y no hay una única resolución estilística, sino muchas y diversas escrituras. Océano mar es un libro mucho más disciplinado, tiene una estructura formal simétrica y está pensado en función de un gran orden. Respecto a Tierras de cristal , Océano mar conserva el gusto por las historias. Cuando lo proyecté, pensaba centrarme fundamentalmente en la escena del naufragio. Después surgió lo demás. La última parte del libro da lugar a todas las voces de la novela. Océano mar es la novela más amada por un tipo de lector que yo llamo "fuerte", es decir, aquél que lee entre veinte y treinta novelas en un año. Después escribí dos libros que salieron del mundo de los lectores fuertes, Seda y Novecento , que terminaron en las manos de lectores que compran uno o dos libros al año. Estas, al revés de las otras, son dos historias breves que tienen una estructura lineal, con pocos personajes. En resumen, todos mis libros tienen dos cosas en común: por un lado, el gusto de inventar y contar historias, y por el otro, el interés por crear combinaciones narrativas nuevas, innovadoras."
Alessandro Baricco -de rasgos finos, ojos claros, cabello rizado y entrecano, voz y gestos delicados- mide con escrúpulo las palabras, cree soberanamente en lo que hace. Mimado por la crítica extranjera, denostado por buena parte de la crítica italiana, y convencido de sus búsquedas en el campo de la escritura, el escritor turinés publicó City , que acaba de aparecer en la Argentina. El libro, cuya acertada reseña bibliográfica fue publicada por La Nación el 18 de marzo último, es sin dudas su proyecto más ambicioso y su novela más discutida. " City -señala con convicción- ha sido juzgado como mi libro más complicado, aunque me niego a aceptar que haya sido experimental. Todo lo que yo hice en City fue aplicar técnicas narrativas que la gente conoce de memoria en el cine. Es cierto que exige al lector más paciencia. Para mí City es el mejor libro que escribí. Obviamente no es la mejor historia. Quizás la mejor historia que escribí sea Novecento ." Los libros de Baricco no están pensados para satisfacer la sed de historias de algunos lectores convencionales. El suyo es un lenguaje en el que se han filtrado las historietas, el videogame, el video-clip, los guiones cinematográficos, la televisión-basura y la cultura urbana. Por eso, en su último libro se propuso adentrarse de lleno en ese fenómeno particular que Baricco entiende como una novela-urbe.
"La estructura de City -confirma- me pareció desde el principio, y me parece todavía, muy semejante a la estructura de la ciudad. El itinerario emotivo que sigue el lector es semejante al itinerario emotivo que sigue una persona que llega a una ciudad que no conoce -o más bien una metrópoli como Nueva York, Londres o Roma- y comienza a dar vueltas. Por casualidad elige una calle, llega hasta una esquina, dobla, se pierde, no sabe dónde está el río, cuál es el centro (si acaso existe un centro), vuelve a pasar delante de un negocio que ya había visto y que comienza a amar, extendiendo así su recorrido hasta que al final dice: "Conocí Nueva York o Londres o Roma". Está claro que no es cierto: no conoce más que una parte de esa ciudad, pero no podemos negar que posea una idea de lo que es una ciudad. Para mí éste es justamente el camino que un lector anda y desanda en City . Si nosotros llegamos a Nueva York y no tenemos un mapa en las manos, seguramente nos sentiremos perdidos. Lo mismo les sucede a mis lectores de City . Cuando llegan a cierta página en la que ya no entienden nada, dicen: "Bueno, yo ya no quiero seguir, llévenme a casa". Yo, por mi parte, amo perderme en las ciudades, aun a riesgo de terminar en un barrio periférico y peligroso. City es todo lo que se quiera menos un mapa de la ciudad: es un recorrido, un itinerario de búsqueda posible que parte de la nada y consiste en descubrir un mundo nuevo." Baricco es un ejemplo de la ruptura con la tradición italiana que una parte de la nueva generación de escritores peninsulares llevó a cabo en los últimos años. Hay quien sostiene, incluso, que Italo Calvino fue el último escritor estrictamente italiano, es decir, el último que se alimentó sobre todo de literatura italiana.
"En mis libros -confiesa Baricco- no hay ninguna genealogía literaria ligada a la tradición italiana. Cuando yo era joven, de los italianos leía sobre todo a Carlo Emilio Gadda, pero ya me daba cuenta de que los libros de Gadda, extraordinarios, no pueden ser un modelo de escritura. Gadda era como la vía de un tren que muere en la estación. Gadda no dejó un camino abierto. Pertenece a esa raza de escritores que uno lee, gozando de cada página, y al final todo queda adentro. Calvino representa lo contrario, un sendero abierto, aunque para mí no significó un modelo literario. Debería decir también que cuando yo comencé a escribir, a principios de los años ochenta, la literatura italiana no se hallaba en una estación particularmente rica. Yo, como todos los de mi generación, soy el hijo de muchos modelos. Me alimenté sobre todo de cine italiano y no de literatura italiana. Leí muchas historietas. La literatura que me deslumbró fue, y es todavía, la de los Estados Unidos." La relación de la literatura italiana con la norteamericana empezó en Turín, de la mano de Cesare Pavese, y tuvo como protagonistas a escritores de la talla de Elio Vittorini y al mismo Italo Calvino. Después, Fernanda Pivano se encargó de difundir, fuera del asfixiante ámbito universitario, toda la producción de la beat generation hasta nuestros días, en que Italia resulta el país que más traduce y consume literatura norteamericana.
"Respecto de lo que se escribía en Europa -agrega Baricco-, la narrativa de los Estados Unidos era lo nuevo. Hay tres cosas que nos enseñaron los norteamericanos. Primero, la técnica del diálogo. Ellos habían entendido que no era posible seguir escribiendo diálogos como en el siglo pasado y, por eso, los compusieron fundiendo el modelo "a la Flaubert" con las nuevas técnicas del guión cinematográfico. Hemingway y Steinbeck fueron maestros del diálogo. Segundo, los norteamericanos introdujeron una forma de "levedad". Ellos intuyeron que se podía hacer una gran literatura con una sorprendente ligereza. Y aquí el modelo fue Salinger, sin lugar a dudas. De alguna manera, Calvino lo había sugerido, pero lo que Salinger escribía era algo mucho más vivo. Tercero y último, nos legaron la idea de poder llegar muy lejos, en dirección de la complejidad, sin alejarse del corazón ardiente de las cosas. En Europa, quien se aventuraba en dirección de la complejidad terminaba por hacer cosas cada vez más frías, alejadas de la vida. Faulkner nos enseñó todo lo contrario: cuanto más se complicaban sus historias más penetraban en el corazón de las cosas. No era experimentalismo vacuo como en tanta literatura europea, que se perdió en el laberinto de la técnica."
"La verdadera novedad de los últimos años ha sido David Foster Wallace y sólo en parte Elton Ellis, con American Psycho . Cuando uno lee La escoba del sistema o Infinite Jest , de David Foster Wallace, se da cuenta de que ya no funcionan más los viejos modelos. Infinite Jest es la idea de libro que más se parece a City . Más allá de que la novela de Wallace tenga más de mil trescientas páginas y la mía "apenas" trescientas, ambas representan un nuevo horizonte. El, en los Estados Unidos, y yo, en Europa. Nuestros libros constituyen las primeras tentativas de entrar en lo nuevo."
A principios de los años noventa, Baricco condujo Pickwick un exitoso programa de literatura para la Rai, con el que conquistó a un público joven que todavía le es fanáticamente fiel. Actualmente coordina un espectáculo cultural, Totem , en gira por Italia, en el que aúna su amor por el jazz, la palabra recitada y las historias. Todo ello en honor de lo nuevo.
"Para mí, lo nuevo en la literatura -afirma sin hesitar- es la mismísima idea de libro. El libro no puede ser más un espacio que el lector vive con tranquilidad desde la primera hasta la última página. En Infinite Jest , como en City , uno puede saltear páginas enteras, eligiendo aquellas zonas en las que uno halla las cosas que más le interesan. Por ejemplo, no existe ningún lector al que le pueda gustar City en su totalidad, porque hay universos contrapuestos que no se tocan: desde el box hasta el western . Ya no se puede escribir Madame Bovary o Adiós a las armas , que se presentaban como sistemas unitarios y compactos. Estos nuevos libros, en cambio, están construidos sobre la base de una convivencia de mundos diferentes, aunque simultáneos. El libro ya no es un organismo unitario, sino que ha explotado en el aire, y lo que nos queda son las astillas, las esquirlas de esa explosión. En otras palabras, si uno toma una novela clásica, nota que estaba construida con elementos diferentes: descripciones, diálogos, reflexiones, introspección psicológica de los personajes, la voz del narrador que juzgaba. Pues bien, estos elementos estaban fundidos de manera magistral. Hoy una novela construida sobre la base de estos principios suena anticuada. En City , en cambio, esta estructura ha entrado definitivamente en crisis. Hay capítulos enteros que son sólo diálogos. Después hay capítulos en los que uno sólo encuentra el rumor dentro del cerebro de una persona. Es como si esos elementos que antes estaban fundidos se hubieran despegado y, al estar así, cada uno por su lado, asumieran una fuerza que antes no tenían." Baricco ha hecho un pacto con sus lectores. En Italia, son éstos quienes sostienen su multifacética carrera, dándole la espalda a la salmodiante crítica de carácter académico. Aun así, el escritor italiano siente que con su última novela ha jugado su carta más fuerte: "Escribí City consciente de que en el camino dejaría atrás a muchos lectores. Confieso también que un lector de dieciséis años no encuentra mayores problemas cuando lo lee, un lector de sesenta se pierde más fácilmente."
"A mí me gusta saber -agrega- que mis lectores son sobre todo jóvenes, porque tengo la ilusión de que soy contemporáneo del mundo en el que vivo." Turín es una de las ciudades "fundadoras" de la cultura italiana del siglo XX. Aquí nació Einaudi, la editorial más prestigiosa de Italia, que dominó el campo cultural por más de medio siglo. Aquí opera la Fiat centenaria, modelo de industria comprometida con el desarrollo no sólo económico de una nación. Aquí estudiaron Antonio Gramsci y Piero Gobetti. En Turín, Cesare Pavese ideó y compuso la Americana , el volumen de la literatura de los Estados Unidos que dejaría en Italia signos indelebles. Esta es patria de escritores (Primo Levi, Carlo Levi, Natalia Ginzsburg) y de filósofos (Norberto Bobbio y Gianni Vattimo), entre otros. En el corazón de la ciudad, Baricco fundó la Escuela Holden, el primer espacio de escritura creativa en Italia, por el que pasa la mayoría de los escritores italianos a develar sus trucos y artificios. En una de las típicas plazas turinesas, Baricco abrió las puertas de una nueva librería, también llamada Holden, en honor del personaje de Salinger, una especie de lugar sacro en el que el cliente tiene a su disposición sólo veintiocho libros al mes, con la posibilidad de escuchar con sendos auriculares la opinión previamente grabada de un crítico, periodista o escritor italiano. Baricco es quien más que ningún otro representa la transformación del intelectual engagé , figura que en Italia muere con Pier Paolo Pasolini, en comunicador multimediático.
"Yo tengo una idea de escritor que es la de alguien que hace muchas cosas, entre otras, escribir libros, que para mí sigue siendo la tarea más difícil. No soy de aquellos que pueden encerrarse en una habitación por horas a escribir en la computadora. Yo necesito salir, ver amigos, trabajar con otras personas. Con Totem hemos viajado por toda Italia, llevando a lugares culturalmente muertos un espectáculo que abre las puertas a otro mundo. Cuando abrimos la escuela y la librería, dimos sentido a aquello en lo que creíamos. En la escuela existe la idea de que los que más hemos experimentado en el campo de la literatura debemos comunicar lo que sabemos a aquellos que quieren entrar en ese mundo. Las cosas que un escritor sabe debe enseñarlas y no quedárselas guardadas para sí. Yo, naturalmente, crecí mucho con todas estas iniciativas. Elegí Turín como centro de mis actividades, primero porque para mí son muy importantes las raíces y, segundo, porque Turín nos obliga a trabajar con un rigor y una seriedad que en otras ciudades de Italia son menos frecuentes. Yo defiendo con convicción el significado civil de todas estas cosas. Amo construir pedazos de mundo que puedan mejorar, aunque más no sea mínimamente, el paisaje que nos rodea."
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