El mercado del arte, ¿una burbuja especulativa?
Analistas y observadores del comercio de arte advierten sobre los ardides de un negocio millonario y aconsejan regularlo
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LONDRES.- El mercado del arte se ha convertido en una auténtica burbuja especulativa, inflada artificialmente por algunos galeristas y que puede estallar en cualquier momento.
Tal es la opinión de David Lee, director del boletín británico de artes visuales "The Jackdaw", según el cual el principal problema es que ese mercado, a diferencia de otros, está "totalmente sin regular".
"Los precios están manipulados para dar la impresión de que se trata de un mercado sumamente existoso", explicó Lee. Según Lee, algunos galeristas compran en las subastas las obras de sus propios artistas para hacer que suban los precios.
"Habría que denunciar muchos casos como abuso de información privilegiada", dijo el experto británico, que señaló como escandalosos los precios que han alcanzado artistas como el estadounidense Jeff Koons o el británico Damien Hirst.
Hirst dice que ha vendido -supuestamente por US$ 100 millones - su calavera recubierta de diamantes, pero, advierte Lee, "no se puede creer nada de lo que dice. "Vendió supuestamente sólo una parte de la obra a unos inversores, pero qué parte y a qué inversores", se preguntó Lee, según el cual la intención del artista es llevar la calavera de gira por distintos países para "inflar su valor".
El director de "The Jackdaw" se refirió igualmente al artista estrella entre los grafiteros, conocido como Banksy, un individuo que sigue cultivando un aire de misterio mientras suben sus precios en el mercado mundial, sobre todo desde que comenzaron a coleccionarle famosos del espectáculo como Brad Pitt o Christina Aguilera.
Esta misma semana, un mural que pintó en la pared de una casa de Londres que representaba a un pintor de aspecto bohemio que escribe la palabra "Banksy" se adjudicó en una subasta por 208.100 libras (unos 275.000 euros o 416.000 dólares).
Según David Lee, el marchante del grafitero es uno de los que compran su obra en las subastas para mantener los precios artificialmente altos. Lee se refirió asimismo a la noticia de que la galería Tate de Londres ha adquirido durante el último medio siglo obras de artistas que son miembros de su propio board o patronato, entre ellos Chris Ofili. Es un "conflicto de intereses, que no sería tolerado en ningún otro sector del comercio", pero que, según dijo, no le sorprende dado que las artes visuales son "una industria enorme que no ha sido regulada".
Según Lee, "la Tate está en el centro de una gigantesca industria en la que se mezcla dinero público y privado en un mundo que cultiva el secreto y del que salen las reputaciones artísticas y los elevados precios pagados en las subastas".
Lee ha averiguado que, con una sola excepción, todos los artistas miembros del patronato de la Tate fueron finalistas del premio Turner, y que éstos a su vez estaban representados por un puñado de marchantes privados cuyos artistas vendían también otra a esa institución.
Las críticas de Lee coinciden con la publicación de un libro sobre el mismo tema bajo el título de "The $12 Million Stuffed Shark" (El Tiburón Disecado de los Doce Millones de Dólares), del economista de Harvard Don Thompson (Aurum Press).
Thompson se propuso descubrir cómo es posible que alguien estuviera dispuesto a pagar doce millones de dólares por el tiburón disecado y convertido en obra de arte por la varita de Damien Hirst y llegó a la conclusión de que para los compradores de ese tipo de arte una suma como esa es simple calderilla.
El autor examina en el libro lo que motiva a esos nuevos coleccionistas norteamericanos o rusos con miles de millones en sus cuentas y cómo alimentan su ego pagando más que sus rivales y exhibiendo luego en sus mansiones la pieza recién adquirida de un Hirst o un Koons como si de un trofeo de caza se tratara.




