
El movimiento Madí celebra sus 60 años con dos muestras
Festejos en el Centro Cultural de España y en la Fundación Klemm
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Un día como hoy, hace 60 años, nacía en la galería Van Riel el movimiento Madí, la revolucionaria expresión surgida en Buenos Aires -y propagada en el mundo-, que adoptó el marco recortado como nuevo soporte para la pintura, y propuso el concepto de "invención" como base del dibujo, la escultura, la arquitectura, la música, la poesía, el teatro, la novela, el cuento y la danza.
Por eso, al cumplirse el 60° aniversario del movimiento creado por el húngaro Gyula Kosice, el Centro Cultural de España (Cceba) inauguró ayer la primera de las dos exposiciones que ponen en perspectiva el carácter rupturista de esta expresión que, en palabras del curador de la muestra y teórico del arte, Rafael Cippolini, "marcaron el fin del arte moderno para dar paso al nacimiento del arte contemporáneo".
Bautizada "Factoría Madí", esta primera muestra -que tendrá su correlato en la exhibición de obras históricas en la Fundación Klemm a partir del 24 de este mes- reúne por primera vez los documentos primigenios del movimiento, el único número de la revista Arturo y los ocho de Arte Madí Universal (1947-1954), junto a su manifiesto fundacional, además de fotos de Grete Stern, discos, películas, maquetas y reproducciones de las esculturas transformables y móviles, como "Röyi" (1944), hoy propiedad del Malba.
A fines de este mes se hará también una caminata Madí por la calle Florida. Kosice, sin embargo, no precisa la fecha ni las características del paseo. Horas antes de su inauguración es el propio Kosice, junto a Cippolini, el que reconstruye el derrotero de la única expresión vernácula de las artes plásticas que tuvo un destino de exportación, con epígonos en Francia, Estados Unidos, Japón, Canadá e Italia, entre otros países, y que tomó su nombre de la contracción creada a partir de la frase que enarbolaban los republicanos españoles: "Madrí, Madrí, no pasarán".
Plásticos en las calles
Todo comenzó con un protopiquete de artistas cuando en la calle Florida todavía circulaban autos y los plásticos tomados de las manos interrumpían el tránsito para poder mostrar sus denostadas obras de marco irregular -invención del oriental Rod Rothfuss-, apoyadas sobre el suelo y sostenidas por sus rodillas. "Era la única forma de difundir lo que muchos llamaban el arte de los dementes o de los locos ", cuenta Kosice. Y por eso se nos ocurrió hacer una de nuestras exposiciones en un hospicio, el Vieytes, con la anuencia de su director, Ramón Melgar", revela el artista de activos 82 años.
Registros en blanco y negro dan cuenta de los estrenos privados del grupo-integrado, entre otros, por Arden Quin, Blaszko, Lozza y Steiner- en el departamento de la calle Santa Fe del factótum de la psicología social, Enrique Pichon Rivière, y en la casa de Ramos Mejía de Grete Stern, que, desde la fotografía, fue uno de sus miembros más conspicuos.
Al manifiesto redactado por Kosice y presentado en Van Riel, donde quedaba perimido todo concepto de "representación, expresión o significación" del arte para reemplazarlo por el de creación y originalidad, le siguió el apoyo del italiano Fontana y de Romero Brest, que desde la Escuela Altamira cobijaron al madismo en sus distintas expresiones artísticas. Pero fue el exitoso envío Madí al Salón Réalités Nouvelles, en 1948, el que con las obras de gas neón de Kosice los consagró internacionalmente y proyectó "el descaro de estos salvajes sudamericanos" que venían a revolucionar el arte nada menos que en París, como los elogió la prensa gala.
"La primera obra Madí se vendió en 1952 y el que se animó a comprarla fue Bonino, que tras él, atrajo un aluvión de compradores, lo que me permitió relegar el negocio familiar de marroquinería, hasta entonces, única fuente de mis ingresos", cuenta el artista.
"Con la ciudad hidroespacial, exhibida en el Planetario en 1969, cuando Kosice concibe hábitats alternativos para el hombre al innovar con el arte, la ciencia y la tecnología, en mi manera de ver se produce la ruptura entre el modernismo y el arte contemporáneo", aduce Cippolini para subrayar la trascendencia de las innovaciones propuestas por el madismo, que fue de las primeras expresiones en fusionar los efectos lumínicos con agua y otros materiales en las piezas tridimensionales.
Kosice, al responder sobre la vigencia actual del arte Madí, redobla su apuesta: "El hombre ocupará el espacio y también los océanos, porque la población mundial no tendrá más cabida en la Tierra y no habrá otra solución posible que vivir en nuevos hábitats suspendidos a gran altura o en ciudades construidas sobre los océanos", sostiene. Y en cuanto a la supervivencia de su arte asegura que como toda expresión cimentada a partir de la invención está destina a perdurar. "A menos que el arte rechace el progreso", sentencia.



