El mundo desde otra perspectiva: crece el legado de Nicolás García Uriburu, a diez años de su muerte
La sede de la fundación que lleva su nombre abrirá al público con una muestra de sus obras; también se reeditará un libro, como parte de los homenajes al artista que defendió la naturaleza
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“Ya no puedo seguir pintando en una sola tela. Quiero otra perspectiva”, le dijo Nicolás García Uriburu a mediados de los años ‘60 a su esposa, Blanca Isabel Álvarez de Toledo. Vivían entonces en una pequeña casa en París, repleta de sus cuadros. La inspiración para lograr ese cambio surgió gracias a los ensayos que se estaban haciendo para llegar a la Luna.

“Nicolás vio que, cuando la cápsula regresaba a la Tierra, señalaban el lugar de amerizaje con un líquido que ponían en el agua. Averiguó que ese líquido se vendía en Milán. Y entonces dijo: ‘Bueno, voy a pintar la naturaleza. Me meto en la bienal. Nadie me invita, ¡qué me importa! Hago una obra y todos la van a conocer’”, recuerda ahora la madre de Azul, única hija del artista fallecido hace una década, en la nueva edición de un libro -con texto del crítico francés Pierre Restany- publicado hace un cuarto de siglo la Fundación Nicolás García Uriburu.

Junto con la reapertura al público de su sede sobre el Pasaje Bollini, que alojaba su taller, la presentación de Uriburu: utopía del sur se contará este año entre varias iniciativas destinadas a celebrar el legado de este argentino que marcó un hito del arte global al colorear el Gran Canal de Venecia, el 19 de junio de 1968. Falleció en esa misma fecha, en 2016, por lo cual ese día se convocará a compartir en redes sociales el tono de verde que usaba en sus obras.

“Utopía del sur” se titula también el proyecto ambiental dirigido hoy por Azul Pereda, una de las nietas del artista. Destinado a desarrollar reservas naturales en Sudamérica, con la misión de inspirar “modos más armónicos de habitar el planeta”, este ecosistema en crecimiento estará representado desde el 18 de abril en la muestra Naturaleza arquitecta. Integrará así la apertura de la programación que celebra los 70 años del Moderno, una de varias instituciones culturales argentinas que cumplen en 2026 aniversarios con números redondos.

“Me parece que es muy importante que entren otras generaciones. Es un lindo momento de apertura para un legado que está vivo y que va a estar cada vez más vigente, de un artista que está muy presente con su mensaje”, dice a LA NACION Azul García Uriburu en la renovada sede de la fundación, que a partir de la semana próxima abrirá al público con cita previa todos los viernes por la tarde.

Allí se podrá comprobar el trabajo realizado durante el último año por Cinthia Mezza, historiadora que se dedicó a catalogar un acervo que abarca las obras, el archivo y la biblioteca de García Uriburu, además de piezas de arte prehispánico donadas en vida por el artista a esta organización sin fines de lucro.

“Me encontré con 27 álbumes con toda su vida. Él mismo pegaba los afiches y doblaba las cartas, era muy obsesivo”, doce Mezza, experta en gestión de colecciones artísticas. Parte de su labor consistió también en curar la exhibición de parte de unas 300 obras de distintas épocas, divididas por elementos -tierra, agua y aire-; ordenar la trastienda y protegerla de la exposición prolongada a la luz.

En este moderno edificio de tres pisos remodelado por el propio García Uriburu, que antes fue vivero y boliche bailable, se pueden encontrar desde botellas con aguas de sus famosas coloraciones en distintos países y algunos de los delfines que presentó en el parisino Museo Galliera, hasta registros fotográficos de la plantación de robles junto a Joseph Beuys en Documenta en 1982, muebles con espinas y pinturas atravesadas por sierras circulares. “Ahí aparece el contraste entre naturaleza y civilización –observa Mezza-. Sobre un mismo tema, él puede pintar tanto algo terrible como clásicamente bello”.

“Fin a los límites fijados por el hombre. Todo nuestro continente unido por un ideal: la naturaleza”, dice una cita del artista en la planta baja. El sector dedicado a la tierra incluye las célebres pinturas que recrean mapas de América del Sur, en las cuales buscó “recuperar el orden anterior a la conquista”. Más arriba están representados los ríos que unen el continente y las coloraciones, destinadas a concebir “el agua como reserva del futuro y territorio común amenazado”. Y en el último piso, dedicado al aire, se completa con pinturas de ombúes y paisajes la idea de “un territorio común, transfronterizo”.

Todas esas ideas se transmiten a las siguientes generaciones a través de Reservas del Futuro, un programa en el que participan más de 230 estudiantes de escuelas artísticas porteñas. Durante todo el año, los artistas Marina Daiez y Pablo La Padula coordinan clínicas y encuentros que abordan el vínculo entre arte y naturaleza desde perspectivas contemporáneas. Incluye una experiencia en El Potrero, una reserva natural de conservación y restauración en Gualeguaychú, con alumnos de zonas rurales.

Este afán por crear conciencia es sostenido por las descendientes de García Uriburu, seis décadas después de que el artista decidiera “cambiar la perspectiva”. En ese entonces, según recuerda Andrés Duprat en el prólogo a la reedición del libro de Restany, “las voces que alertaban sobre los peligros de aquella visión que consideraba la naturaleza una fuente inagotable de recursos, y no un organismo vivo, eran inaudibles. Esa percepción optimista impedía ver lo irreparable de no pocas de nuestras acciones”.

Para agendar:
Visitas a la Fundación Nicolás García Uriburu (Pasaje Bollini 2260, PB), los viernes de 16 a 19. Con cita previa en Instagram o en el sitio nicolasuriburu.com.ar. Bono contribución: $8000.
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