El mundo personal de Attardi
Pintor, escultor y grabador, una importante retrospectiva de Ugo Attardi se exhibe en el Centro Borges; grato reencuentro con la obra de Mario Gurffein en Praxis.
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NO dudo de que de haberlo conocido, Lavater, el autor del tratado de fisonomías de fines del siglo XVIII, habría incluido su perfil, junto al de Erasmo de Rotterdam para ilustrar el capítulo de los grandes humanistas. Su tipo es representativo de sus ancestros sicilianos, pese a que nació por esas cuestiones del azar en Génova. Una misteriosa coincidencia con nuestros boquenses, que quizás marcaron en el plano astral un día en que habría de volcar su sensibilidad y talento a la pintura de algún tango.
Attardi es lo que se llama un artista completo: pintor, escultor y grabador; el todo sostenido por un dibujo que me atrevo a calificar de genial, no sólo como andamiaje de todas sus obras, sino como aporte autónomo que destaca su finísimo trazo de líneas muy sutiles que alcanzan los niveles de las primeras aguafuertes de Paul Klee.
Attardi pasó en su juventud por una etapa geométrica que nos introduce a esta retrospectiva que cubre algo más de medio siglo. De aquellas mocedades pasó a un arte de mayor compromiso con la figura humana, quedando marcado por la experiencia de la última guerra mundial. Ese mundo de las experiencias vividas me acerca aún más al arte de Attardi, ya que pertenece también al mundo de mis propias vivencias, cada vez que recordemos mis años europeos entre 1945 y ´48; esto es, en la dura etapa de la posguerra.
Hondamente comprometido con lo humano, vale decir, con la vida de los seres humanos y todas las contradicciones que ello implica, Attardi, como aquel otro pintor humanista que se llamó Goya, resuelve el conflicto de los opuestos instalándose en el plano superior de la unidad; una hazaña que son pocos los que logran realizar.
De sus esculturas tenemos a nuestro alcance visual su Cristóbal Colón emplazado en el cruce de las avenidas Santa Fé y 9 de julio. Se trata de formas sólidas no sólo por la solidez de los materiales, el bronce o la madera, sino porque están concebidas a partir del bloque, como lo quería Miguel Angel, con cuyos Esclavos lo une un lejano pero significativo parentesco.
Esto no debe extrañarnos dada la marca que Grecia dejó en Miguel Angel y también en el alma siciliana. En lo pictórico es su propio maestro, expresionista barroco de alto vuelo imaginativo y sensual: un artista cabal, "sul serio".
( En el Centro Cultural Borges, Viamonte y San Martín, hasta fin de julio. )
Mario Gurfein
Excepcional por su calidad y refinamiento es la exposición de Mario Gurfein, artista argentino radicado en París desde 1980. Si bien es cierto que toda cultura acusa el diálogo entre el ser humano y su medio, y por ende resulta en parte al menos lo lógico que París le haya dicho algo a Gurfein, ello no le resta a su condición de discípulo de Batlle Planas, nutrido como lo ha sido por la fuerte impronta que Buenos Aires otorga a sus hijos nativos y por tanto a Mario Gurfein, nacido en Buenos Aires en 1945.
Suele ocurrir que la palabra poético aplicada a las artes plásticas sea un modo de eludir el grado de atención que debe prestarse a los valores plásticos de una obra. Pero ello no es así en el caso de Gurfein. No es tan sólo su temática de figuras con algo de fantasmales poblando espacios plenos de misterio; ello ocurre también con sus flores, sus puertas y ventanas abiertas a un mundo cargado de enigmas y de insondables distancias.
Considero pues válida esta sensibilidad, que desde la dimensión de lo poético, entendido como captación de valores altamente espirituales, se expande a partir de las imágenes soñadas por este maestro del arte actual. Se trata de obras que traen a la memoria los versos de Shakespeare: "Estamos hechos de la misma sustancia de los sueños y nuestra breve vida está rodeada de un ensueño."
Visitar esta muestra es algo así como pasearse por el bosque de Puck y de Titania y Oberón, hurgando en lo más íntimo de nuestro ser. De todos los diálogos el más importante es el que Mario Gurfein sostiene consigo mismo, un diálogo fructífero y atrapante.
( En Galería Praxis, Arenales 1311, hasta el 8 de julio. )
Beatriz Soto García
Beatriz Soto García es lo que entendemos por una artista de fuste. Ha llegado al nivel de la maestría en la creación escultórica, no sólo porque tiene discípulos sino porque su docencia la ejerce a partir de la maestría con que maneja los valores estéticos que incorpora a todas y cada uno de sus trabajos.
En estas obras se expresa a través de tallas directas en mármol, en bronces que surgen a partir del modelado, en combinaciones de trabajos que no desdeñan ni la quasi-abstracción como acontece con su ´Artemisa´.
Destaco en Beatriz la perfección formal siempre puesta al servicio de algún mensaje, algo que nos hace pensar. Sus obras como ´El empresario´ (bronce y chapa de bronce batida) y ´La ejecutiva´, de iguales materiales, nos dicen de capacidad, tareas absorbentes y tenacidad con poco margen para sentimentalismos; el ´Legado´ es un rollo de mármol atado con un hilo de metal. Sus capo lavoros son ´Al amanecer´, un gran busto masculino de bronce con una suerte de pañuelo del mismo metal y el ´Eclipse´, de mármol y bronce, donde hombre y mujer se dan las espaldas. Una fiesta para el ojo y una alegría para el corazón es esta muestra de obligada visita.
( En Galería Van Riel, Talcahuano 1257, hasta el 15 de julio. )
Fabián Galdamez
Fabián Galdamez es escultor y pintor nacido en Mendoza en 1942. Entre sus maestros figuran los nombres ilustres de Lorenzo Domíngez, Santiago Cogorno y Leopoldo Presas. El año pasado obtuvo el primer premio en el Salón Manuel Belgrano, en escultura.
En esta oportunidad Fabián ha querido dar una cierta prioridad a la pintura, si bien exhibe también unas bellas tallas en madera (algarrobo y palo santo) que reiteran su maestría en obras como los ´Acróbatas del amor´. Pero por lo antedicho, quiero concentrarme en sus pinturas, la casi totalidad de ellas al óleo y esmalte. Sus imágenes están vagamente emparentadas con sus desnudos escultóricos, pero Fabián nos hace saber que, en tanto pintor, logra autonomía jerárquica donde las formas femeninas danzan en campos de color o los jinetes cabalgan en espacios azules, con algunas referencias de sabor geométrico. Aceptamos pues que Fabián Galdamez es pintor con todas las de la ley y que su sensibilidad y destreza lo hacen acreedor a nuestro respeto y admiración.
( En Galería Indigo, Arroyo 826, hasta el 7 de julio. )




