
El Museo Judío de Buenos Aires despierta y quiere mostrarse
Es casi desconocido; sus salas cuentan la historia de las colonias agrícolas en el país
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Es un verdadero tesoro que, durante décadas, permaneció casi oculto en pleno centro porteño. Allí, donde la calle Libertad se encuentra con la avenida Córdoba, está la sinagoga. Y justo a un costado, el Museo Judío de Buenos Aires.
¿Cuántos sabían de la existencia de este museo? Seguramente, muy pocos. Pero, por estos días, la institución cumple 35 años desde que abrió sus puertas.
"Era un museo tapado -explicó a LA NACION Uriel Sevi, su director-, pero yo me propuse abrirlo, mostrarlo. No para hablar del judaísmo desde lo religioso, sino para transmitir las características identificatorias de los judíos, basadas en la ética del judaísmo."
En concreto, se trata de dos salas. Una, repleta de objetos, documentación y material de diversa índole, que se refieren a la vida y al aporte de los judíos a la Argentina. En la otra, la propuesta es hablar de los mismos, pero a través del arte. Por eso posee únicamente cuadros y esculturas, ya sea de autores judíos o cuya temática se relaciona con la cultura hebrea.
El valor de los objetos
Entre candelabros dorados y plateados, copas de celebración y platos rituales, pasando por una singular matraca de carnaval de marfil, un antiquísimo equipo de circuncisión y un anillo de bodas -que es, en realidad, un templo en miniatura- el protagonismo en la muestra se lo lleva, por lejos, la experiencia de colonización agrícola judía en la Argentina de principios de siglo.
"No son objetos valiosos en términos materiales, sino por su aporte testimonial", dice Sevi. Y luego, a través de esos objetos, habla de aquellos inmigrantes pioneros, primeros habitantes de colonias que en muchos casos hoy son ciudades importantes de Entre Ríos, Santa Fe y Buenos Aires. Cuenta sobre el florecimiento de esa experiencia y sobre aquellos primeros días. De cuando se introdujo el cultivo del girasol en Carlos Casares y del duro trabajo de aquellos colonos tamberos, en Santa Fe, que presagiaba el origen de la actual cuenca láctea.
No queda afuera, desde luego, el posterior ocaso de las colonias, seguramente por una cuestión cultural: los judíos nunca fueron gente de campo.
Hay mucho más, pero se destaca, entre todo, una muy interesante muestra de cómo se confecciona un ejemplar de la Torá -la Ley judía- y numerosas arcas, más que centenarias en años.
La cita, entonces, es los martes y los jueves, de 15 a 18. Hay que tener en cuenta que la entrada es algo costosa: 20 pesos -"es nuestro único sostén", se disculpa el director-, aunque para las escuelas y las asociaciones de jubilados las visitas son gratuitas. La dirección es Libertad 769.
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