
El Obelisco, escenario de un arte nudista
Fueron 450 voluntarios a la convocatoria de Spencer Tunick
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Cuando Miguel Pironalli, de 72 años, se levantó ayer con los primeros rayos de sol para llevar leche y comida a los gatitos que tiene en su departamento de Avenida de Mayo y 9 de Julio, no imaginó ni por asomo lo que encontraría al arrimarse al balcón: 450 cuerpos desnudos acurrucados contra la entrada.
"Fue muy lindo. Las pieles parecían maquilladas, tomaban un tono especial unidas en esa luz temprana. Yo creo que es arte", confesó a LA NACION, sin inmutarse, aun cuando algunos de los modelos le gritaban que bajara y fuera a posar también.
Lo que Pironalli vio fue la versión argentina del proyecto que el fotógrafo norteamericano Spencer Tunick realiza por todo el mundo: retrata desnudos masivos en lugares públicos de grandes ciudades.
En Buenos Aires su trabajo fue autorizado y auspiciado por la Secretaría de Cultura porteña, que cortó las calles aledañas para evitar que se acercaran los curiosos.
A las 6.30 de la mañana, Gustavo Candina, de 21 años, se debatía entre participar o no. "Me da frío, un poco de cosita y creo que si me ve mi vieja me mata", reflexionó. Minutos después, sus jeans, remera y calzoncillo eran cosa del pasado.
A otros, la indecisión les duró más. En la primera toma -todos recostados a lo largo de la 9 de Julio, desde Avenida de Mayo hasta el Obelisco- una chica en un ataque de pudor no se sacó el corpiño y los organizadores tuvieron que recordarle que la foto era "a todo o nada".
El premio: la foto
La ropa era dejada en las plazoletas de la avenida, custodiada por policías. Antes de desnudarse, cada uno completaba un formulario donde dejaba sus datos para recibir una copia de la toma final. La segunda foto fue de todos los participantes apiñados contra la esquina del edificio de Pironalli, que tiene un mural con motivos porteños en la planta baja.
"Yo tenía miedo de que termináramos aplastados unos arriba de los otros, pero, con tanta gente desnuda cerca, me sentí más seguro frente a los vestidos que miraban. Lo raro parecía tener ropa: ellos eran los E.T.", dijo Enrique Avogadro, de 25 años y funcionario de la sección de Comercio Exterior del gobierno porteño, que calificó la experiencia de "liberadora".
Fue notorio cuántos más hombres que mujeres había posando. Alejandro Charotti, un cartero de 30 años, fue porque le contó un amigo: "Nunca me sentí tan libre. Cada uno vino con lo que tenía, y fuimos todos iguales. Una experiencia muy democrática". En cambio, Adriana Morcillo, de 51 años, no estaba tan segura: "Faltó gente mayor y faltaron gordos. Como me encuentro en ambas categorías, me sentí un poco sola", lamentó.
Para la gran mayoría, era la primera vez que estaban desnudos en público. Una de las pocas excepciones fue René Rojas, de 30 años, fotógrafo y director de un club nudista en Chile, que cruzó los Andes sólo para participar de la toma. "Esto es muy interesante, pero nada que ver con lo que hacemos nosotros, que es asociar el cuerpo al contacto con la naturaleza. El desnudo en la ciudad da una sensación más caótica, despierta otros sentimientos."
La jornada terminó en un desayuno comunal en el Café Tortoni, donde Tunick, exultante, aseguró que "jamás había sido tan besado y abrazado después de un trabajo".



