
El otro sueño americano
La mayor muestra de arte abstracto salida de Buenos Aires se exhibe en la Galería de Arte Moderno y Contemporáneo de Bergamo, Italia, con la organización de la Fundación Proa y el auspicio de Tenaris
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Una señal de cambio vital se produjo en la Argentina a mediados de los años cuarenta, cuando un grupo de artistas inspirados decidió asumir una postura estética propia, ignorando la condición de país periférico y el centrismo imperante en las relaciones culturales.
Carmelo Arden Quin, Tomás Maldonado, Gyula Kosice, Lidy Prati, Enio Iommi, Juan Melé, Blaszko, Rothfuss, Hlito y Lozza, entre otros, forzaron los límites de la abstracción, iniciada en nuestro país por Pettoruti, Del Prete y Fontana, para dar paso al Arte Concreto Invención-Arte Madí, movimiento originalísimo que todavía hoy despierta un interés inusual entre curadores y coleccionistas internacionales.
El proyecto de llevar a Italia la muestra más grande de arte concreto que haya salido de Buenos Aires pudo haber tambaleado con la crisis, pero no fue así. Desde el comienzo, Adriana Rosenberg, directora de la Fundación Proa, planteó esta exposición como el inicio de un programa de intercambio con la Gamec (Galería de Arte Contemporáneo y Contemporáneo), de Bergamo, que continuaba el proyecto curatorial de Proa, enderezado desde su fundación a la importación de muestras de calidad, como fueron las consagradas a Tamayo, a la Colección Gelman, a Sol Lewitt, a Diego Rivera, a Mario Merz y al propio Fontana, en una recordada retrospectiva curada por Enrico Crispolti.
La muestra Arte Abstracto de Argentina se articula en dos instancias: la exposición misma y un catálogo con fotos de las obras, textos críticos de valor documental y biografías de los artistas .
No se entiende la revolución concreta que nació en los años cuarenta, sin considerar el momento histórico y político de una Argentina que se asomaba a un cambio estructural. El choque de personalidades con idearios y posturas encontradas, pero que coincidían en un anhelo: protagonismo, fue la chispa que hizo fraguar una corriente heredera de la abstracción y cuestionadora de los límites de la pintura misma -el marco, por ejemplo- según los cánones establecidos desde el Renacimiento
Adriana Rosenberg convocó a Marcelo Pacheco, a Jacinto Pietrantonio y a Enrico Crispolti, que aportaron su visión de la abstracción en el Río de la Plata, a partir del eje Lucio Fontana-Tomás Maldonado, que posibilitó una inédita articulación entre la Argentina e Italia a través de la metáfora de los viajes, físicos y estéticos. Nacidos en la Argentina y luego radicados en Italia, ambos artistas fueron un puente tendido, un vehículo para las ideas innovadoras.
Enrico Crispolti señala a Fontana como punto de encuentro e intercambio. La aventura personal del rosarino itinerante permite conectar las vanguardias europeas y el arte abstracto argentino, que alumbrará el Espacialismo, legitimado con el Manifiesto Blanco (Buenos Aires, en 1946).
En los años treinta plantó bandera en el Río de la Plata la tradición abstracta. Primero con el regreso de Juan del Prete, que viene de París imbuido de una estética no figurativa; luego la visita de Fontana, entre 1940 y 1947, y la llegada a Buenos Aires de Grete Stern, fotógrafa formada en la Bauhaus, que será clave en la afirmación de la revolución de los concretos. Grete recibió en su propia casa una de las primeras muestras, como lo había hecho antes Enrique Pichon-Rivière (Asociación Psicoanalítica Argentina) en su departamento de Santa Fe al 1300. Las galerías comerciales eran todavía refractarias, salvo Van Riel, a las nuevas tendencias.
El Madí, la Asociación Arte Concreto-Invención y el Perceptismo, con sus fracturas internas y sus enfrentamientos públicos, logró una gran visibilidad entre 1944 y 1954. Exposiciones, publicaciones, manifiestos, conferencias y debates se sucedieron a partir del verano del 44 con la publicación del único número de la revista Arturo, considerada el punto de partida del movimiento impulsado por Carmelo Arden Quin, Edgar Bayley, Rhod Rothfuss, Gyula Kosice, Tomás Maldonado y Lidy Prati.
El marco recortado, las esculturas articuladas, los materiales industriales, la agitación colectiva, los conceptos de invención y de creación y la tensión entre el ideario estético y la militancia política resultarían el denominador común de discrepancias insalvables entre los tres grupos y sus distintos actores.
Más de cien obras fueron seleccionadas de las mejores colecciones abstractas, entre otras, la de Patricia Phelps de Cisneros (Venezuela), del Malba, Colección Costantini y las Colecciones Grüneisen, Mauro y Luz Herlitzka y Cecilia Torres.
La revista Arturo llevará en sus páginas el deseo de una nueva cultura argentina, surgida al abrigo de la modernidad y ajena a los mandatos de la “cultura oficial”.
Arden Quin, bajo la influencia del materialismo dialéctico marxista, habla del concepto de invención como etapa superadora de la figuración. En un artículo de la revista escribe: “La expresión, que en arte ha sido el fundamento del primitivismo natural, vino a ser reemplazada por la invención, en el primitivismo moderno, científico. Sus artistas más que intuitivos puros, han sido inventores”.
Rothfuss en esas páginas históricas se refiere al marco como “encierro” , en contraposición al concepto clásico del “marco ventana”, que permite asomarse a una realidad simulada.
El “marco recortado” garantizaba el abandono de la ficcionalidad de la imagen, concentrándose en los elementos plásticos puros, concretos: el color, los materiales, el plano.
La Asociación Arte Concreto-Invención acotó su acción a las manifestaciones plástico-visuales. En cambio el movimiento encabezado por Arden Quin, Rothfuss y Kosice, que se conocería a partir de 1946 como Madí, pretendía extender su influencia todas las artes.
Esta euforia creativa coincidía con un momento liminar en lo político y en lo económico. Pasado el mal trago de la crisis del treinta, los hijos de los inmigrantes que habían nacido en el país ambicionaban un cambio, querían entrar de lleno en la modernidad y aprovechar el letargo europeo que imponía la posguerra.
De esa encrucijada sale triunfante el peronismo que mira con desconfianza el desarrollo de la abstracción geométrica en la Argentina. En 1949, Raúl Ivanisevich, ministro de Cultura de Perón, fija la línea del gobierno: “Arte mórbido, el arte abstracto, no tiene lugar entre nosotros. En este país, no hay espacio para que estas manifestaciones florezcan. Los peronistas no tienen tiempo para los fauvistas, menos aún para los cubistas, abstractos y surrealistas. El peronista es una persona de sexo definido, que admira la belleza en todos sus sentidos”
(Discurso publicado en La Nacion el 22-9-49; citado por Gabriel Pérez Barreiro en “Arte Concreto Invención. Arte Madi”, Edición Von Bartha Basel.)

