
El Papa atribuyó a Don Orione el milagro de una curación
El sacerdote italiano que vivió en la Argentina será declarado santo, quizás en 2004
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Don Orione, el sacerdote italiano cuyo corazón se conserva en el Pequeño Cottolengo, de Claypole, será declarado santo por el papa Juan Pablo II.
Ayer, el Santo Padre declaró que Dios, por intercesión del beato Luis Orione, obró el milagro de la curación rápida, completa y duradera de Pierino Pienacca, "afectado de carcinoma pulmonar necrótico".
La atribución del milagro abre paso a la declaración de santidad, que podría ocurrir el año próximo.
Don Orione (1872-1940) fundó la Pequeña Obra de la Divina Providencia, una congregación que formó una vasta red de caridad en todo el mundo.
Pero su vida tiene una íntima relación con la Argentina. Aquí llegó por primera vez en noviembre de 1921. Desde aquí escribió a sus seguidores en Italia: "Hasta hoy no tengo dinero, pero Dios no nos abandonará si somos suyos y si vivimos humildes y pobres".
Pasó aquí un tiempo, fue a Brasil y el 6 de febrero de 1922 volvió con cinco misioneros de su obra, que se establecieron en una parroquia en Victoria, provincia de Buenos Aires.
Don Orione partió para Italia poco después, pero volvió a la Argentina, donde vivió entre 1934 y 1937.
En 1934 vino a Buenos Aires junto al cardenal Eugenio Pacelli (luego el papa Pío XII) al Congreso Eucarístico Internacional. En 1935 Don Orione puso la piedra fundamental del Pequeño Cottolengo, en Claypole.
Enorme alegría
Ayer, el apoderado de la Obra de Don Orione en la Argentina, padre Oscar Pezzarini, dijo a LA NACION: "Recibimos la noticia con enorme alegría. La esperábamos desde hace mucho. Uno sabía que era un santo, pero faltaba que se reconociera una especial intervención de Dios, un milagro". El milagro reconocido por el Papa es la curación inexplicable desde el punto de vista científico de Pierino Pienacca, que había conocido al sacerdote en su juventud. En 1990 fue internado en Milán; le diagnosticaron un tumor en los pulmones, pero por sus 78 años los médicos decidieron no someterlo a quimioterapia.
El enfermo, su familia y muchos discapacitados pidieron su curación a Don Orione. Pienacca se curó y volvió a trabajar en el campo, a cortar leña y a tocar el acordeón hasta pocos meses antes de su muerte, que ocurrió el 2 de abril de 2001, cuando tenía casi 89 años, y por causas ajenas al tumor.
La Obra de Don Orione tiene alcance mundial. Pío XII lo llamó "padre de los pobres y bienhechor de la humanidad doliente y abandonada". Juan Pablo II lo beatificó en 1980 y lo consideró "una expresión genial de la caridad cristiana". Esta obra caritativa se extiende por 30 países y cuenta con un millar de sacerdotes en el mundo.
Pero el sacerdote italiano dejó una profunda huella en la Argentina.
Ayer, a una persona que lo conoció, Mora Lubary de Fernández Speroni, de 94 años, se le quebró la voz cuando hablaba con LA NACION. Apenas pudo decir: "Estoy emocionada. Yo lo conocí. Tengo un librito que me dedicó".
Don Orione será un santo de la Iglesia universal. Pero desde el año 2000 su corazón incorrupto es venerado en un relicario en la capilla de Claypole. En 1937, él mismo escribió, premonitoriamente: "Dejo mi corazón en la Argentina, adonde espero volver pronto".
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