
El Papa recibió a 500 ex prostitutas
Juan Pablo II condenó la explotación sexual de mujeres y niños en todo el mundo
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ROMA.- "Santo Padre, fui secuestrada cuando era una niña. Hay muchas niñas en la calle. Por favor, ayúdelas". Estas fueron las palabras que Irine, una joven rumana de 18 años, le dijo ayer al Papa, con los ojos llenos de lágrimas, al término de una audiencia general fuera de lo común, en la que Juan Pablo II saludó con afecto a 500 ex prostitutas de todos los continentes.
En un día soleado y primaveral, Karol Wojtyla, que este sábado cumplirá 82 años, animó a las ex mujeres de la calle, que llevaban al cuello un pañuelo amarillo, "a proseguir con confianza el camino de la libertad, eje fundamental de la dignidad humana".
Acompañadas por Don Oreste Benzi, amigo personal del Papa y al frente de la Asociación Juan XXIII, centro que combate la prostitución y ayuda a la prostitutas a reinsertarse en la sociedad, las mujeres siguieron atentamente la audiencia general, en la Plaza San Pedro. "Saludo a las jóvenes que están acompañadas por don Benzi, a la vez que les expreso mi cercanía y mis plegarias", dijo el Pontífice.
Según contó más tarde a la prensa don Benzi, un sacerdote de 60 años, Irine, la chica rubia de 18 años que se arrodilló ante el Papa, le relató su calvario: como muchísimas otras jóvenes de Europa del Este, a los 14 años fue raptada por una banda de albaneses y obligada a prostituirse en Italia. Pero no sólo eso: fue torturada y encerrada por más de media hora adentro de una cámara frigorífica para que aceptara someterse a la voluntad de sus raptores.
El inédito encuentro del Papa con 500 ex prostitutas no fue casual. Por la tarde, comenzó en la Universidad Gregoriana un encuentro sobre "La esclavitud en el siglo XXI, derechos humanos y tráfico de seres humanos", auspiciado por el Vaticano. En este foro, en el que participan expertos de 35 países y también intervino don Oreste Benzi, distintos conferencistas difundieron cifras más que elocuentes: medio millón de mujeres son obligadas a prostituirse en Europa, de las cuales unas 70.000 en Italia.
En un mensaje leído por monseñor Jean Louis Tauran, ministro de Relaciones Exteriores de la Santa Sede, el Papa no dudó en pedir sanciones en contra de los responsables del tráfico de seres humanos y para los proxenetas. "Hay que promover instrumentos jurídicos eficaces para contrarrestar ese comercio y castigar a los que sacan provecho de ello", pidió. "La explotación sexual de mujeres y niños es un aspecto repugnante de ese comercio y debe ser reconocido como una violencia intrínseca de la dignidad y de los derechos de los seres humanos", denunció.
Al destacar que se trata de una "cuestión internacional que no se puede aplazar", el Papa también subrayó que "las víctimas de estos crímenes son a menudo los más pobres e indefensos".






